Escritores que admiro comentan Curso de belleza, amor y sexo

En octubre de 2016 se presentó en el CICUS de la Universidad de Sevilla, enmarcado en el programa del Centro Andaluz de las Letras, mi novela Curso de belleza, amor y sexo (Berenice, 2016), ganadora del Premio Andalucía Joven de Narrativa 2015.
Para esta presentación conté con la participación presencial de Almudena López Molina, Guillermo Vellojín y Miguel Nieto, quienes aparecen en la foto con que arranca el vídeo. También conté con la participación a distancia de amigos y maestros escritores que leyeron la novela y me comparten sus comentarios, esto vídeo reúne esos comentarios.

El orgullo de formar parte de la colección Nova de Berenice

A la venta en España a partir de la última semana de febrero, 2016.

A la venta en España a partir de la última semana de febrero, 2016.

Aférrate a que un día convertirás en literatura la mierda del desamor: una oda, aunque prosaica y paródica, a las letras y el oficio de escribir, a través de la cual no sólo te autocomplazcas y compruebes que el ejercicio de la creación es terapéutico, sino que además consigas poner a prueba tu pericia narrativa. Di con pudor: «escribir como quien se da licencia para sacarse las tripas y hacer con ellas ¿una novela?». Búrlate de los libros de autoayuda y prométete que no escribirás uno. Acomódate en el cálido lecho de la autoficción. Un día lee a Warhol y coincide con él: deberían existir cursos de belleza, amor y sexo.

Esta novela podría funcionar como un manual de escritura del desamor. Mezcla ingredientes de la autoficción para analizar, de forma visceral y pseudobiográfica, el oficio de escribir y la figura del escritor frustrado. Cristina Rascón ha dicho de su autor: «Israel Pintor arriesga su escritura a la autoficción. Esa exploración, en formas gramaticales, indagaciones psicológicas y honestidad, es la que nos revela, poco a poco, en cada texto, qué hay de novela, y qué de cuento, en este confluir de géneros, variaciones lingüísticas y técnicas literarias. Pintor lo tiene todo para erigir una voz propia.»


Ya que me di el gustazo de abrir esta entrada con la sinopsis de mi nueva novela, me gustaría contar anécdotas breves sobre mi relación con los libros de editorial Berenice, para con ello intentar explicar cuánto orgullo siento de pasar a formar parte de las filas de sus autores, concretamente dentro de la colección NOVA.

Cuando llegué a España, mientras aún escribía mi primer libro (Pasiones simples) me topé por primera vez con los libros de Berenice. Lo primero que leí fueron algunos títulos de su colección AFICIONES: recuerdo sobre todo Cómo se escribe un cuento. 500 tips para nuevos cuentistas del siglo XXI, del admirado Guillermo Samperio (libro que me animó luego a buscar al autor para editar Experto en fechas y otros textos dentro de la colección NAMOX que coordiné mientras estuve trabajando para rdeditores); así como Taller de escritura. 1303 ejercicios de creación literaria, de Felipe Montes (que me ayudó por aquel tiempo a prepararme las que fueron mis primeras clases como profe de creación literaria). Ese primer encuentro con los libros de Berenice, sello que ahora acoge mi más reciente obra, me llevó a desarrollar un interés mayor por sus producciones.

Aterricé de cabeza en sus ensayos de la colección NOVA. Sonaban por aquel entonces algunos ecos de la generación Nocilla, de modo que Afterpop. La literatura de la implosión mediática, de Eloy Fernández Porta, se convirtió en un texto relevante que me permitió comprender mejor las razones por las que, desde mi más fresca adolescencia, sentí atracción hacia la narrativa contemporánea, por no decir neuróticamente actual. En un ataque de nostalgia futurista (o sea, durante el primer viaje que hice a México, anticipando que seguiría acumulando libros en España que, muy probablemente no iba a poderme llevar luego a México) decidí llevarlo conmigo y darle residencia permanente en la estantería de mi antigua habitación. Hoy ese libro conserva un montón de post its y notas al margen que dan cuenta del análisis que apliqué al intento de Porta por arrojar luz sobre la narrativa de nuestros tiempos, una narrativa que, casi dos décadas después del comienzo del siglo XXI, podría parecer, irónicamente, un poco enmohecida.

Todo el rollo afterpop de Fernández Porta me influenció mucho, la verdad. O no, más bien me permitió entender mejor lo que yo venía haciendo literariamente hablando. Lo que sí hizo con certeza fue convertirse en uno de mis referentes teóricos más importantes de cara a lo que, años después, terminaría haciendo en Curso de belleza, amor y sexo.

Hace no mucho, cuando empecé a prepararme un curso de creación que impartiré en la Fundación Valentín de Madariaga y Oya el próximo mes de abril, me acerqué a otro ensayo imprescindible de la colección NOVA, con la intención de complementar información en torno al panorama de la narrativa contemporánea. Me refiero a Luz nueva. Singularidades de la narrativa española actual, de Vicente Luis Mora. Este otro título publicado por Berenice me ha llevado al reconocimiento de la clasificación académica que empieza a hacerse sobre la narrativa producida, bien entrado el siglo XXI, una narrativa que se desmarca en cierto grado de lo afterpop, de lo moderno e incluso postmoderno. Una narrativa mutante o pangeica que sin duda, me desata interés como creador, en tanto es representativa de nuestra era.

Cuando decidí dedicarme a la literatura, cuando reflexionaba sobre el tipo de narrativa que me gustaría escribir, opté por hacer un tipo de literatura más bien representativa del tiempo que vivo, que responde a la sociología, la psicología y las innovaciones tecnológicas de la era que me toca vivir. Quizá eso pueda ser tildado por algunos como presunción de vanguardia. Pero no es, en absoluto, lo que busco. Ni siquiera lo pretendo a discreción. Sólo digo que eso es lo que me despierta interés, lo que hace crecer mis pasiones creativas.

Envié mi novela al Premio de Narrativa Joven DESENCAJA del Instituto Andaluz de la Juventud, con el mismo automatismo con que la envié a decenas de editoriales y premios más. Juro por el punto fijo del techo que ni siquiera había caído en la cuenta de que las obras ganadoras del concurso, en ediciones pasadas, habían sido incluidas en la colección NOVA, una colección que reúne autores de la talla de Andrés Neuman, joder, ¡con lo que yo lo admiro! Bueno, pues resulta que la vida, en su infinita ironía, me ha llevado a ganar este premio que me honra recibir, y por ello a formar (¿quién se lo podía imaginar?) parte de los autores que, según la editorial Berenice, conforman la narrativa nueva de nuestros tiempos. ¡Qué puto orgullo, chingao!

Aunque ahora que lo pienso… ¡Verga! Qué pinches nervios, ¿no?

 

El uno para el otro

Una mañana, seguramente de domingo, recién habiéndome levantado a eso de las dos o tres de la tarde, mi marido me dijo, al preguntarle cómo había pasado la noche:
—Estuve muy inquieto —pronunció con cierta aflicción—. Casi no dormí, me desperté temprano porque me soñé a mí mismo diciéndome: eres tan vago, tan vago, que debes levantarte para así tener más tiempo de hacer nada.
Sonreí mientras me quitaba las chinguiñas de los ojos.

Hacía fotos de la sierra.