Palabras de amor, José Antonio Marina

JAM:

¿Por qué se escriben cartas de amor? Por amor, sin duda. Por que el amor es expresivo, porque los amantes están lejanos, porque quieren acercarse, porque se expresan mejor por escrito que de viva voz, por timidez. Y, también, porque muchos escritores prefieren vivir unos amores distantes, que acaban siendo una mezcla de pasión y prosa.”

Los amores reales están determinados y coloreados por la personalidad de los amantes, la peculiaridad de la situación, los aderezos de la cultura. Son biográficos y temporales. Cada persona tiene que recorrer los caminos del amor a su manera. Ni siquiera esto es exacto: tendrá que reinventar los caminos del amor a su manera.”

¿Qué es el amor? ¿Un deseo, un sentimiento, un modo de vivir? Ante todo, es la aparición inesperada, sorprendente, de una persona que destaca sobre el resto del mundo.
[…]
“Una súbita fascinación. En la fascinación no hay nada más que un objeto gigante en un mundo desierto. Una deliciosa expresión castellana designa muy bien esta confiscación de la mirada: <<al verla se quedó prendado>>, es decir, entregó el corazón en prenda y así estará hasta que consiga recuperarlo. Entre una muchedumbre, puede aparecer un rostro, un cuerpo, una mirada, que anula todo lo demás: <<sobre el seso>>.”

Podríamos decir que este interés, esta fijación de la atención, es aún pre-amorosa. […] El amor es despertado por algún tipo de belleza, que se va haciendo más compleja cuanto más personal es el amor.”

Una persona siente que se ha alterado la estructura de su mundo por la aparición de otra. Hay  una alteración de las perspectivas, una drástica selección de los intereses. […] El objeto ha aparecido. ¿Y ahora qué?”

El amor implica siempre alguna actividad, algún afán por el objeto amado. La contemplación no basta. […] Ese objeto fascinante que hemos visto destacarse sobre todo el universo despierta algún tipo de deseo. <<¿Qué es la belleza? —se pregunta Stendhal hablando del amor—. Es una nueva posibilidad de producirnos un deleite. Los deleites difieren en cada individuo y aun suelen ser muy opuestos: esto explica muy bien le hecho de que lo que es bello para un individuo sea feo para otro.>>”

El amor es un deseo, pero ¿de qué? De cercanía, de comunicación, de posesión, de placer. Podría decirse que la calidad del deseo determina la calidad del amor… […] De hecho, la pregunta que debería hacerse todo enamorad@ para aclarar su corazón, no es <<¿qué siento por esa persona?>>, sino <<¿qué deseo de esa persona o qué deseo hacer con esa persona?>>.”

Ese sentimiento infantil, que deriva tal vez de un deseo de ser acogido, incita a los enamorados a hablarse en lenguaje de niños, un lenguaje propio, que desde fuera puede sonar ridículo.”

Resulta que el territorio amoroso tiene dos capitales: el sexo y la ternura, y que ambas se disputan de alguna manera la prioridad, o, cuando la aventura es bienaventurada, la comparten.”

En la actualidad, parece que la invención amorosa apunta hacia una relación entre dos personas mantienen su individualidad, incluso su autonomía, pero redefiniéndose en una relación nueva.
“Éste es el momento de mencionar un deseo esencia de los enamorados: la reciprocidad. El enamorado no es un violador ni un conquistador que centre su interés en conseguir la presa. Se sentiría defraudado si la persona amada le ofreciera sus favores por dinero, por compasión o por deber.”

El amor es una promesa de felicidad. De ahí su enorme atractivo. En el fondo, lo que todos deseamos es ser felices. Pero lo que caracteriza un tipo de amor, y a mí me parece el de mayor calidad, es aquel en que el enamorado considera que la felicidad de la persona amada es un componente esencial de la propia felicidad. Aquí se da de nuevo el descentramiento, porque el enamorado gira alrededor de dos centros, el suyo propio y el de la persona amada. <<Amar es querer el bien para alguien>>, dijo Aristóteles.”

De Maria von Wedemeyer a Dietrich Bonhoeffer [extracto]:

Tienes que ayudarme a saber lo que te hace verdaderamente feliz, porque si tú lo eres, yo también podré serlo.”

De Robert Schumann a Clara Wieck:

Si no tienes el convencimiento de que serás conmigo la mujer más feliz, si no lo tienes, entonces rompe el lazo que nos une; mejor ahora. (…) conserva en el corazón lo que te escribo: La duda es ya casi una infidelidad; la fe, media posesión.”

De Pauline Benda a Alain-Fournier:

Ven, ven, tengo sed de ti, ven a curarme, ven a colmarme de alegría con tu presencia, tu amor, tu cuerpo, tu corazón, y con el espectáculo embriagador de tu placer.”

Leopardi, en Zibaldone y Memorie del primo amore:

La fuerza del deseo que él concibe en ese punto lo aterra por lo que se representa de pronto, si bien confusamente, al pensar en las penas que por ese deseo deberá sufrir; porque el deseo es pena, y el vivísimo y sumo deseo, vivísima y suma pena, y el deseo perpetuo y nunca satisfecho, pena perpetua.
“Si bien cierta neblina de melancolía afectuosa, como la que he sufrido en los últimos días, no es desagradable, y aun deleita sin turbarnos en exceso, no se puede decir lo mismo de esa inquietud y ese deseo y de ese descontento y de ese anhelo y de esa angustia que van con el punto más alto de la pasión, y que nos hacen sentir en todo caso atribulados y míseros.”

…si el amor sólo provoca sentimientos dolorosos, acaba por desaparecer o por convertirse en un apego nostálgico y desesperado.”

Friedrich von Schiller a Charlotte von Lengefeld:

Las dudas que me expones, querida mía, de si serás para mí realmente lo que quisieras ser. Contiene un callado reproche contra mí, a pesar de que sé que no querías hacerme ninguno. No tendrías esa duda si mi amor por ti hubiera tenido una manera de expresarse más calurosa, si hubiera encontrado más palabras que dijeran lo que tú eres para mi corazón. Pero esas dudas se acabarán en ti cuando me conozcas del todo, cuando hayas tomado la suficiente confianza con mi manera de ser para saber con qué lenguaje se expresan mis sentimientos. También mi amor es callado como todo en mi carácter; aprenderás a conocerlo no en un rápido arrebato aislado, sino en el acorde total de mi vida.”

Pedro Salinas escriba a Margarita:

Yo no voy a morir de vacío, lo que me aterraba en mi juventud. He sido conocido por ti, he salido de mí, de mi terrible interior para ser vivido por otro Yo que vive queriendo mucho.”

El deseo se acaba con la satisfacción del deseo. ¿Nos encontraremos, al hablar del amor, con un deseo anómalo, que no se sacia nunca, que renace indefinidamente?
[…]
“Muchas biografías amorosas se parecen a esas historias de escaladores que aspiran a coronar las grandes cumbres y nada más alcanzar una ya están pensando en la próxima.
[…]
“La convivencia plantea problemas que interfieren con el amor.
[…]
“La dificultad de entenderse, de buscar complicidades nuevas, se convierte en un obstáculo insuperable a veces[1].”

JAM:

La introducción de los sentimientos en el sexo parece necesaria para la estabilidad de la pareja, que es necesaria para la supervivencia de los hijos y de los mismos cónyuges. […] Según los antropólogos, establecer un vínculo emocional, por encima de la mera relación sexual, es una invención evolutiva que ha protegido a la humanidad.
[…]
“¿Por qué el amor ha perdido el fulgor poético del inicio? ¿Por qué es tan difícil mantenerlo en situaciones de normalidad? […] La intensidad alegre, ésa es la culminación del amor.”

Conrad Aiken a Clarissa Joan Lorenz:

Empecé a observar todo tipo de detalles de una manera que no lo había hecho durante ocho años. Sólo había una delgada manta en mi cama y pensé: <<Qué divertido sería encontrar otra manta en la cómoda y después contárselo a Joan[2]>>.”

JAM:

La vida amorosa es una peculiar conversación, entablada en variados lenguajes y silencios, y, como ocurre con las buenas conversaciones, puede durar siempre, porque las respuestas animan a nuevas respuestas, en un vaivén sin término.”

Todo amor es una historia. Y toda historia de amor es una gran emoción que quiere encarnarse. Un dinamismo universal que lleva al entrelazamiento de dos biografías. La poesía realiza una estilización falsa al sugerir que en el amor se unen dos cuerpos o dos almas. Son dos personalidades, dos pasados, dos sistemas distintos de deseos y expectativas, los que pretenden unirse, aprovechando el poderoso impulso del enamoramiento. El deseo sexual puede estar en el origen del amor apasionado, pero no debemos confundirnos. Ninguna cultura lo ha hecho. Los griegos tuvieron muchos nombres para designar los diferentes modos del amor, desde Eros, el deseo, hasta Philia, la amistad. Los polinesios tienen una palabra especial —inangaro kino— para denominar al deseo cuando va acompañado de amor romántico. En Kenia distinguen entre el deseo sexual —ashiki— y el amor —pendo—. La diferencia es clara: el deseo es genérico —un sexo desea a otro sexo—, mientras que el amor individualiza su objeto al máximo, porque lo ve como oncomparable e insustituible. Por eso la biografía amorosa es la tensión entre un anhelo general y una circunstancia única. De ahí su complejidad.”

De la misma manera que el afán de pintar o el afán de hacer música ha dado lugar a una amplia variedad de creaciones, la necesidad de saciar el deseo amoroso ha alumbrado formas muy diferentes de conseguirlo. […] El amor apasionado parece tener como gran objetivo la unión permanente con otra persona. […] Ramón Gómez de la Serna respondió con una melancolía avisada: <<Amor es el deseo de hacer eterno lo pasajero>>.”

Morir de amor es bastante fácil, lo que al parecer resulta más difícil es vivir de amor.”

La espera espolea siempre el amor, con tal de que o dure demasiado tiempo.”

Y pasión significa sufrimiento. Hay una tendencia a preferir lo que nos hiere y a exaltar lo que parecía colmar nuestro ideal de vida amrmoniosa.”

De Eloísa para Abelardo:

Dios me es testigo de que, si Augusto, emperador del mundo entero, quisiera honrarme con el matrimonio y me diera la posesión de por vida de toda la tierra, sería para mí más honroso y preferiría ser llamada tu ramera, que su emperatriz.”

De Stendhal a Mathilde Dembowski:

Si tener éxito no dependiera más que de formular un deseo, quisiera conseguiros para mí, y no para ningún otro ser que hubiese fingido ser. Creo que me daría vergüenza y sería el fin de mi felicidad, incluso amado por vos, si albergara cualquier sospecha de que amáis a ese otro yo.”

De Sigmund Freud a Martha Bernays:

…las cosas sólo son importantes si tú las compartes.”

En el silencio que guardo acerca de nuestro amor, te ruego que veas una vez más el síntoma de mi saludable y serena certidumbre de posesión.”

JAM:

Las cartas de Frud me han hecho mencionar la palabra <<proyecto>>. Mis lectores filósofos saben, sin duda, que este concepto ha tenido extraordinaria importancia durante el siglo XX. La libertad consiste en dirigir la propia vida de acuerdo con un proyecto elegido. Nuetzsche había definido al hombre como <<el animal capaz de prometer>>. En las historias de amor apasionado hemos visto con demasiada frecuencia vidas a merced del azar amoroso, más inclinadas a los juramentos emocionados que a los compromisos reales. Además, ¿no son contradictorios el amor y el compromiso? Aparece un nuevo enfrentamiento entre los dos extremos en conflicto —el amor pasión y el amor constante—, que ahora se manifiesta como la tensión entre el <<amor espontáneo>> y el <<compromiso amoroso>>.”
[…]
“Lo que se valora en el amor pasión es la intensidad. Es más importante una intensidad dolorosa que una anestesia confortable.”
[…]
“<<Nosotros sólo hacemos planes para el tiempo en que estemos juntos>>. ¿Cómo influye esta actitud en el amor?”

De Franz Kafka a Milena Jesenska:

Ayer te aconsejé que no me escribieras todos los días, hoy sigo pensando o mismo; sería muy conveniente para ambos, y vuelo a aconsejártelo una vez más, con mayor insistencia todavía; pero por favor, Milena, no me hagas caso y escríbeme todos los días, aunque sea una carta muy breve.”

Uno no se atreve a decirlo, aunque es casi cierto (totalmente cierta la gratitud, hasta cierto punto cierta la felicidad, y nunca cierta la tranquilidad), porque siempre viviré asustado, sobre todo de mí mismo.”

De Milena Jesenska a Maz Brod, sobre Franz Kafka:

Ciertamente todos nosotros somos, en apariencia al menos, capaces de vivir, porque algunas veces nos hemos refugiado en la mentira, o hemos estado ciegos, o entusiasmados, u optimistas, o muy convencidos de algo, o pesimistas o lo que sea. Pero él jamás ha recurrido a un asilo protector, nunca. Es absolutamente incapaz de mentir o de emborracharse. No tiene el más pequeño refugio o la más péquela cobertura. Es como un hombre desnudo entre gente vestida. Pero ni siquiera dice y vive en la verdad. Es un modo de ser en y para sí mismo, exento de todos los añadidos que podrían ayudarle a perfilar su vida en la belleza o en la miseria, poco importaría. Y su ascetismo no es en absoluto heroico —precisamente por esto es más grande y elevado—. Todo <<heroísmo>> es mentira y cobardía. No es un hombre que construya su ascetismo como un medio para llegar a un fin, es un hombre que está obligado al ascetismo por su clarividencia, pureza e incapacidad de adquirir un compromiso.”

JAM:

…<<¿se puede hacer compatible la exaltación amorosa y la vida diaria?>> puede formularse de esta manera: ¿se puede hacer poesía de lo cotidiano? El romanticismo nos dijo que no. En Odas elementales, Neruda no dice que sí. Hay una forma poética de ver la realidad, que nos libera de la rutina real. Una cebolla es siempre una cebolla, pero si la miramos bien encontraremos en ella una novedad interminable:
“Cebolla, /luminosa redoma, /pétalo a pétalo /se formó tu hermosura, /escamas de cristal te acrecentaron /y en el secreto de la tierra oscura /se redondeó tu vientre de rocío.”

Monet veía el reflejo de la luz en ellos, y eso cambia incesantemente. Algo semejante le sucedió a uno de los pensadores más influyentes de la historia moderna, Sören Kierkegaard, que escribió un libro titulado La repetición, preguntándose si era posible hacer una y otra vez las mismas cosas con el mismo fervor o con el mismo entusiasmo.”

Tal vez una de las características del amor es que no se acostumbra, que ve en cada nueva aparición, acto, palabra, del ser amado un nuevo regalo. Tal vez el problema sea que el amor, que aparenta tanta actividad, se hace perezoso, pierde su capacidad inventiva y creadora en cuanto se pasa el primer hervor. La espontaneidad del amor se convierte en una trampa, porque conduce a una pasividad y una creencia en el destino[3].”

De Rilke a Franz Pappus, un joven poeta:

El amor es difícil. El amor es quizás la prueba más difícil que hemos de superar, es el más alto testimonio de nuestra condición: la obra suprema, y todas las demás no son sino preparativos. Es por ello por lo que los seres jóvenes, nuevos para todo, no saben amar: tienen que aprender. Con todas las fuerzas de su ser concentradas en su corazón que late ansioso y solo, aprenden a amar. Todo aprendizaje es tiempo de clausura. Así para el que ama el amor es, durante largo tiempo, solead, soledad cada vez más intensa y profunda. Amar no quiere decir entregarse ciegamente desde el principio. (¿Qué sería la unión de dos seres aún imprecisos, inacabados y dependientes?) El amor es una ocasión única para madurar, para formarse, para convertirse cada uno en un mundo por amor al otro. El amor es exigencia y ambición sin límites, que hace del que ama un elegido. En el amor cuando llega, los jóvenes no deberían ver sino la obligación de trabajar en sí mismos. Perderse en el otro, entregarse, ninguna de estas formas de unión es aún para ellos. Ante todo deben acumular. La entrega del propio ser es la coronación de la obra[4].”

JAM:

Ya no estamos en el carrusel de pasiones, tan divertido, tan emocionante del romanticismo. Ahora el amor no se opone a la estabilidad, se opone a la vocación. Los amantes profesionales que hemos conocido vivían para sus amores, como si no tuvieran otra cosa que hacer. Ahora, el hombre tiene una misión, que no es amar. El amor es un apoyo, algo secundario que no puede tener demasiada importancia. El hombre con una misión quiere ser querido, no quiere querer. Ése es el caso de Rilke. Y esto es muy moderno porque el concepto de <<autorrealización>> va a ser una variante nueva en el terreno amoroso. Cuando la gran tarea del ser humano es <<realizarse>>, el amor toma una nueva forma.”
“Rilke vuelve a Platón. Amar es engendrar en la belleza, crear es la tarea del amor. Pero entonces, paradójicamente, el amor se vuelve solitario, la búsqueda de la propia misión en el mundo. Y, cuando esa misión se manifiesta a través de otra persona, <<sería el amor que estamos preparando con nuestra dura lucha: dos soledades que se protegen, se completan, se limitan y se respetan>>[5].”

No se puede vivir en perpetuo éxtasis porque el éxtasis es, precisamente, una suspensión de la vida. […[ Son episodios de nuestra búsqueda de modos bienaventurados de relacionarnos, y los estudio con la esperanza de que nos permitan aprender a conseguirlos, con la esperanza de que podamos aprender algo que nos permita la perpetuación de la llama imposible.”

Aspiramos simultáneamente a la tranquilidad y a la excitación, a la seguridad y al riesgo, a la novedad y a la repetición, y, en el colmo de la megalomanía, aspiramos a hacer que todo esto sea compatible. No es empresa fácil. Decimos que el amor es irracional, pero necesitamos vivir de acuerdo con la razón. Decimos que el amor arriesga todo a un envite, y sin embargo necesitamos descansar en la seguridad de lo adquirido. Elogiamos la locura amorosa, pero necesitamos vivir cuerdamente.
“Aceptamos que la pasión rompa las normas, pero precisamos normas para convivir. Repetimos que el amor mueve el sol y las estrellas, pero no parece capaz de dirigir una convivencia feliz. Según todos los indicios, es más fácil morir de amor que vivir de él.
“Para comprender algo tan enigmático como el amor apasionado conviene buscar su origen y su destino, es decir, el dinamismo que lo habita. Es ahí donde podemos encontrar la causa de las contradicciones que acabo de señalar.”
[…]
“Convertimos el sexo, que es una función biológica, en sexualidad, que es un ámbito simbólico, afectivo, moral, poético, creador o destructivo. El instinto sexual se sentimentaliza. Se individualiza. Lo que su estado bruto es pulsión genérica —un macho y una hembra—  se convierte en deseo concreto de una persona concreta. Ésta es una de las raíces del amor, que recibe en herencia el poder ciego y formidable de una energía biológica.
“Pero esta ampliación del deseo sexual no lo explica todo. Es atracción, es ímpetu, es ansiedad, pero no debemos todavía llamarlo amor, porque puede ser compulsivo, egoísta y cruel. No creo que el amor nazca como una derivación enriquecida de la sexualidad, sino que aparece en el universo con la maternidad. El vínculo de la madre con su criatura tiene las características que nos sirven para definir el amor: es individual —es a su cría a la que se siente vinculada y no a otra—; es generoso, porque necesita de la felicidad del niño para ser feliz; también es egocéntrico, porque es su propia felicidad la que busca a través de la felicidad de otro, no se trata de un sacrificio martirial; y, por último, es activo, porque su amor le impulsa a la madre a cuidar del hijo. […] ¿Pero quién ha dicho que necesitar a alguien para sobrevivir es amarlo?
[…]
“Tenemos, pues dos raíces del amor humano, que puede darse por separado pero que estamos intentando unificar, en una de las más colosales aventuras vividas por nuestra especie: el sexo y la ternura. Un deseo encaminado al placer se hibrida con un deseo dirigido a la felicidad de otra persona y a su cuidado. Sin duda, pueden existir los dos por separado. Puede haber un amor que sea puro deseo, y un amor que sea pura ternura. Pero cuando estamos hablando de la figura perfecta del amor romántico, erótico, de pareja, conyugal o como quieran llamarlo, estamos hablando de la milagrosa unión de ambos aspectos.
[…]
“El problema surge porque convertimos en fin lo que sólo es un medio, o, para decirlo con más precisión, un inicio. El amor pasión es un estado inicial, que deseamos convertir en permanente. Que algo sea <<inicio>> significa que tiene que permanecer, pero cambiando. Una semilla germinada es el inicio del árbol. El amor es una energía que al cambiar, permanece. Lo que ocurre con frecuencia es que el estado inicial es tan intenso, tan embriagador, que desearíamos quedarnos en él. […] El amor pasión es la energía amorosa en estado puro, antes de empezar a trabajar. Es cierto que en plena exaltación se encuentra dispuesto a todo, se ofrenda, se entrega, se aniquila. […] Los amantes son capaces de abandonar cualquier cosa, se vuelven absorbentes, porque como son capaces de prescindir de todo, salvo de su amor, exigen a la persona amada una oblación semejante. Esto supone poner entre paréntesis el resto de la realidad.
[…]
¿Y no podría esa pasión convertirse en la energía para una vida amorosa, en la que la intensidad sustituyera a la excitación, la serenidad a la inquietud, la confianza a la incertidumbre? Sería prolongar el amor con las obras del amor, o, como m gusta decir, con una <<poética de la acción>>.
[…]
“El amor pasión puede sufrir el complejo de Peter Pan: no quiere crecer. Es un estado inicial que carece de proyecto. Aspira a eternizarse sin hacer nada. A pesar de su aparente hiperactividad —es inquieto, nervioso, ciclotímico, agitado, insomne—, su actitud vital es pasiva o enajenada, que es otro tipo de pasividad. Por eso los enamorados se sienten esclavos y hablan tanto de que el objeto de su amor es su dueño. Un sujeto se siente estremecido sin saber por qué. No es libre de enamorarse o no enamorarse. Y, además, no quisiera hacer nada, sino estar unido al objeto de su amor. La quietud es su aspiración.
“Convertir el amor pasión en vida amorosa es convertir un estado en un proyecto. Es hacerlo <<diligente>>, palabra que deriva del latín diligo, que significa <<amar>>. Hemos de volver al viejo Platón: <<Amar es crear en la belleza[6]>>.
“Estamos, sin duda, muy lejos de la barrera del animal en celo. Pero es en este punto donde aparece con más agudeza la gravedad del problema. Lo difícil es la invención y la realización de un proyecto. Es fácil la unificación emocional, es decir, que dos personas en un momento determinado sientan unánimes el mismo sentimiento: alegría, dolor, placer, entusiasmo, amor. Lo que es difícil es unificar dos vidas, dos caracteres, dos proyectos distintos e independientes hasta ese momento, dos comportamientos. ¿Cómo hacerlo? Sin duda, aprovechando la energía del enamoramiento. Pero el enamoramiento es loco o ciego o irresponsable, luego no está capacitado para elaborar o realizar un proyecto. A lo largo de la historia se ha intentado resolver la cuestión proponiendo proyectos elaborados, casi institucionalizados: el matrimonio, por ejemplo. Pero en la actualidad no existen esos modelos. Cada cual tiene que hacérselos a medida, en una especie de bricolaje sentimental. Todo tipo de parejas, abiertas o cerradas, homo o hetero, compartidas o exclusivas, están a su disposición. No existen normas morales claras que hagan previsibles los comportamientos. La precariedad contamina todas las relaciones, provocando una desesperanza o un fácil desistimiento. La búsqueda de la realización personal sitúa en segundo plano todas las relaciones. Cunde la idea de que nada que se haga por amor debe costar trabajo, lo que es falso; o de que nada que se haga por compromiso es compatible con el amor, lo cual lleva a no comprometerse nunca. Pese a lo cual, los humanos seguimos pensando que las relaciones amorosas son el camino más seguro a la felicidad, aunque desconfiemos de alcanzarlas. El siglo XX ha acuñado el eslogan sartriano <<el infierno son los otros<<, que leva a vivir en soledad y a la defensiva.
“Tal vez estemos oyendo demasiadas historias de fracasos. […] Por eso me parece importante reivindicar las vidas amorosas felices. Son complejas obras de arte dignas de admiración. La pasión amorosa se prolonga en una sabiduría amorosa, encargada de convertir en vida lo que hasta ese instante era sólo sentimiento. Se trata, huelga decirlo, de un saber necesario y difícil, […] pero que merecería ser emprendido. Deberíamos tomarnos en serio el aprendizaje del amor. Nos serviría para aprovechar muchas oportunidades, y eludir muchas desdichas.”

Notas al pie de Israel Pintor. Título completo del libro: Palabras de amor. Un tratado de los sentimientos a través de las más intensas cartas de amor de todos los tiempos


[1] A veces. O sea que no es un obstáculo perpetuo.

[2] Exacto. Vivir en la belleza de los pequeños detalles que hacen la vida valiosa (parafraseando a Platón).

[3] Sí, quizá. El problema es, que para llegar a este punto, primero hay, desbordado e intenso, que reconocerse amante o amado. Así luego, tal vez, habré de emprender la carrera de resistencia y ver, como Monet, las luces de los nenúfares.

[4] ¿Y cuánto hace falta experimentar, cuándo hemos dejado de ser jóvenes (y por lo tanto nuevos para todo) para <<realmente>> amar? Conozco varios cuarentones incapaces (no sólo de amar, sino también de pensar), en cambio yo, que no supero el primer cuarto de mi vida, vivo el amor en cada letra, en cada respiro.

[5] Amor egoísta. Ámame, sólo cuando todavía no brille. Y cuando me tomen fotografías, ¡eclípsate! ¡Jodida modernidad! Narcisismo de veinticuatro quilates. Sería válido, en todo caso, si esa decisión jamás afectara al ser amado. Si no tuviésemos ya al amor detrás, delante, arriba, abajo, única y exclusivamente porque le dimos entrada; y claro, le dimos entrada por ególatras.
Válido si dos soledades se encuentran luego de haberse concentrado, primero, en la realización personal. Culero si el entendido se usa como justificación para levantar el dedo índice ante el ser amado y advertir: cuando vengan a pedirme un autógrafo, desparece.
Quien ha tenido una historia amorosa como la de Rilke, no puede, sin muchísima vergüenza, de buenas a primeras citar a Platón.
Cuando el discurso contradice la acción, se vive en el error, en la absoluta soledad. En el tipo de soledad que se sacia consigo misma y no “prepara” su encuentro con ninguna otra para amarla, mucho menos respetarla. En todo caso, siguiendo la lógica rilkiana, si una soledad de ese tipo tropieza con el entusiasmo amoroso de algún despistado, no hará más que limitarla, condicionarla, exigirle libertad y aplausos. Ahí está Sartre y Simone de Beauvoir; Hannah Arendt y Heidegger. ¿Qué tiene lo femenino que siempre es más? Más trasparente, más honesto, más más
Y si me pongo analítico, este afecto, consecuencia del encuentro entre una soledad del tipo culera (o sea del tipo rilkiana) y otra del tipo amante apasionado (que, para joder más la cosa, admira terriblemente al culero del que se enamoró: por ejemplo los casos antes citados de Beauvoir y Arendt), no puede ser otra cosa que machismo disfrazado.

[6] A esto se le llama una cita decente de Platón. No a las confianzas de Rilke.

La rebeldía de pensar, Óscar de la Borbolla

…hay sujetos lerdos, auténticos campeones en imbecilidad, que amasan fortunas inconmensurables, que se encumbran hasta la cima en el escalafón del poder, o que gozan de enorme popularidad y que nunca han pensado.”

…¿qué sentido tiene aprender a pensar? Ésta es, precisamente, la pregunta que hacen los que no piensan, lo que forman parte de la masa de seres humanos que se mueven por inercia y que, más que moverse, corren agitados tras el éxito, convencidos de que el éxito, y lo que conduzca a él, es lo único que vale la pena.”

Cuando toda la gente marcha en una misma dirección, cuando las palabras y los actos de la mayoría parecen apuntar hacia una misma meta, se produce una inercia social, una ideología que muy pocos revisan y de la que muy pocos se apartan, pues para ponerse a salvo de la corriente, hace falta pensar y, en el caso que nos ocupa, la creencia de que sólo el éxito vale, hace falta pensar –nada menos—en uno de los más graves asuntos: en el sentido de la vida.”

Quien se subsume en la corriente, quien imita, no sólo no piensa, sino que no quiere pensar: le basta con ver a los lados para descubrir a otros como él y para convencerse de que eso que lo rodea es lo normal y lo correcto.
“Para quienes no piensan sólo existe un camino y un único sentido: por donde vaya la mayoría.”

Pensar no es tranquilizador: provoca dudas, incertidumbre y a veces, inclusive, zozobra. Pensar hace que uno mire a los lados y que no halle fácilmente un compañero; pensar produce una sensación de soledad, pues el que piensa no puede confundirse considerando como compañía la mera presencia de los demás. Pensar nos aparta de la masa pues nos vuelve individuos y el individuo necesita de otros individuos para sentirse acompañado: no de otros que “piensen” como él, sino de otros que también piensen.”

El éxito por definición implica que no todos pueden alcanzarlo. Ahora bien, ¿qué pasa con la mayoría de quienes adopta el éxito como sentido exclusivo de la vida? Pasa que al no conquistarlo sufren como animales lo que no relativizaron como hombres; para que por haber puesto todas sus esperanzas en una misma canasta experimentan el fracaso y su vida como una bancarrota. La frustración es el demonio con el que se encuentran quienes no piensan.”

¿Cuál es el sentido de la vida? Es una pregunta que no admite una única respuesta, pues cualquier sentido puede darle sentido a la vida y, por ello, nadie, más que uno mismo, puede responderla en cada caso. No es el conocimiento, ni la santidad, ni el placer, ni el dinero, ni el arte, ni el éxito, es eso y más. Cada quien debe ponerle, luego de pensar, uno o varios o sucesivos sentidos a la vida.”

El fin del pensar puede ser, ciertamente, entender,  esto tal vez se logre; pero el propósito de pensar es humanizarse y esto no se completa nunca.”

…el pensar tiene, además del fin, de entender, un propósito que no se logra nunca de manera cabal: humanizarnos, y aquí podríamos introducir otro símil: pensar es como respirar, pues aunque ciertamente mantenernos pensando nos humaniza, nos da más holgura existencial, pues nos permite entender y relativizar, también con el pensar ocurre algo que es mas simple y más definitivo: si pensar es como respirar, entonces el que no piensa no sólo no se humaniza, sino que simple y llanamente no es un ser humano. Sé que esta afirmación suena grave, pero ¿qué pasa si una nota que se da como definitoria no se cumple? ¿Qué pasa si un triángulo no tiene tres ángulos; qué, si en el mar no hay agua; qué, si un kilogramo no pesa mil gramos? Pues ocurre, simple y sencillamente, que no serán ni triángulo, ni mar, ni kilo y, de igual manera, si un hombre no piensa, pues, no será hombre.
“¿Podremos admitir, sin más, la anterior conclusión o estamos obligados a repensarla, dada su gravedad?”

La crítica es esa modalidad de pensar por la que los valores llegan al mundo y, gracias a ello, éste se hace discernible: se presenta como un orden donde los seres se jerarquizan de lo mejor a lo peor, de lo bueno a lo malo, de lo bello a lo horrendo, de lo odiado a lo amado. Es por la crítica que las cosas se distinguen.
“Sin crítica  no habría valores y sin éstos no habría distinción, y sin distinción no habría manera de elegir: ¿entre qué erigiríamos si todo nos pareciera lo mismo? La crítica es también condición de posibilidad de la libertad, pues sin elección no hay libertad que valga. Es la pluralidad, no la mera miscelánea de objetos sino las cosas ordenadas según valores, lo que hace posible la libertad: cuando una cosa nos parece mejor que otra estamos ya ante la posibilidad de ser libres.”

…no hay regla general para inferir la diferencia, para encontrarla es preciso, en cada caso, pensar.”

Pensar y ser un inconforme son sólo don maneras de nombrar lo mismo.”

…criticar es, literalmente, poner en crisis; es descubrir las fisuras, las fallas de lo que intenta hacerse pasar por monolítico; es poner en duda la definitividad de lo que está delante, es atreverse a imaginarlo de otra forma; es subvertirlo con el no de la inconformidad, del pensar. Ningún producto humano ha conseguido mantenerse a salvo de la crítica: mantenerse ahistórico; todo se ha transformado por la actividad crítica del hombre.”

Podría creerse que los conformes no critican, que no se oponen, que no piensan; pero no es así: la intolerancia de los conformes es la manera como expresan su no, su preferencia: también ellos critican, aunque en su apreciación, lo que está a la mano, lo establecido, es preferible a lo que está más allá rodeado de incertidumbre. Los conformes se oponen al cambio; los inconformes a la permanencia, porque ser hombre es oponerse, usar el no en un sentido y otro.”

…no es la realidad la que nos da la razón, sino el amor que le tenemos a nuestra utopía, a nuestra irrealidad.”

La verdad –o su apariencia—es enemiga del pensar; la duda, en cambio, es el medio del pensar, su hábitat.”

La duda es ciertamente un no saber: un no saber qué hacer, un no saber a qué atenerse, un no saber de qué se trata; pero también es u estar hondamente preocupado por ese no saber.”

…la duda es ese abismo por el que se escapa la certeza que no mantenía ocupados y es también ese vacío que, más que ocuparnos, nos pre-ocupa. Nos llenamos de dudas o de abismo o, si se prefiere, extraviamos el sentido que llenaba nuestra vida.”

El juego es la prueba de que “el sentido dado” no nos colma, y es el modo como resolvemos el profundo sin-sentido de la existencia, pues, cuando no estamos esclavizados por las relaciones obligatorias, por la necesidad de sobrevivir, establecemos relaciones arbitrarias, nos damos un nuevo sentido: jugamos.”

El juego es la libertad de ocuparnos para no preocuparnos. Y, sin embargo, hay un juego que precisamente consiste en ocuparnos con la preocupación, en mantenernos preocupados, es el juego de pensar.”

¿Qué resonancia puede tener la pregunta “¿por qué soy?” para quienes están inmersos en un mundo retacado de sentido, sea obligatorio o lúdico? ¿Qué le dice esta pregunta a aquel que vive absorto en su mundo laboral donde todo es archi significativo: la sonrisa, el saludo o la indiferencia del jefe; la fecha de entrega de un trabajo; la pequeña intriga? ¿Qué importancia puede tener la pregunta sobre el sentido de la existencia en mitad del mundo doméstico con sus entretenimientos y desasosiegos cotidianos, con sus redes de afectos, con sus problemas grandes y pequeños? ¿Qué valor, en el mundo amoroso con sus entusiasmos y esa fuerza rejuvenecedora que hace que todo se reacomode en una nueva jerarquía? ¿Qué sonido, qué sabor puede tener nuestra pregunta en el mundo de la policía, en ese mundo con su intensidad, sus alianzas para alcanzar la cima, sus traiciones y sus crímenes?”

Las cosas siguen ahí tal y como son; lo que falta es nuestra valoración: el sentido que le atribuimos a las cosas.”

En la pura objetividad no hay valor ni sentido.”

Desembarrancarse por esta sima es pensar. Poner en duda el fundamento es pensar. Disolver las certezas que quisiéramos que nos sostuvieran es pensar.
“Pensar no constituye una experiencia agradable: fulmina los saberes y las creencias que dan seguridad, nos preocupa al llenarnos de dudas, alimenta la desesperanza y, por ello, nadie o casi nadie, quiere pensar.  Para la mayoría es preferible creer: si el pensar no garantiza que habremos de encontrar una verdad firme, si pensar angustia, disuelve el fundamento y provoca la sensación de caída en el abismo, entonces es mejor –si lo que se busca es la tranquilidad–, creer, convencerse, asirse a una certeza, estar en paz, resignado, sobre el piso seguro de un dogma: ¿para qué cortar la rama sobre la que tan cómodamente ensayamos nuestras piruetas? Sin embargo, así como no es voluntaria la caída en la duda, tampoco lo es en el pensar.”

¿Por qué existo? es la pregunta originaria del hombre, en el sentido de que es la pregunta que nos origina; no es la más antigua cronológicamente hablando, ni la más universal de las dudas; pero basta con que un miembro de una especie la formule realmente para hacer que esa especie, en pleno, dé un salto ontológico. Así, puede ser que las aves hayan vivido antes de que ninguna comenzara a volar; pero la primera que se lanzó al aire y se mantuvo en él abrió esa posibilidad para todas, las hizo existir como aves. ¿Por qué es tan especial la pregunta por el sentido de la existencia? Porque es la señal inequívoca de que un ser se ha extrañado de su ser al grado de que se pregunta por él. Es la señal de que en el ser ha aparecido un extraño: una parte del ser que se ha enrarecido pues pregunta por el sentido de su existencia; una parte del ser que no está ahí, sin más, sino que se separa y vuelve sobre sí, que re-flexiona, que piensa, aunque no llegue a nada: bastante hace ya con desgarrarse. El vuelo del ave no importa por la altura de la copa del árbol a la que puede remontarse, sino porque consigue levantarse de la tierra. El pensar no vale por sus frutos, sino porque desgarra el ser, porque engendra un extraño: un ser que no está ocupado, sino pre-ocupado por el sentido de su ser.
“Esta pre-ocupación, este extrañarse, este descubrirse extranjero del ser puede representarse con la palabra “horror” o con la palabra “angustia#; es, en todo caso, una vivencia terrible de la que queremos curarnos “para dormir tranquilos”, como decía Nietzsche, y por ello, una creencia religiosa, una verdad científica; pero también un enamoramiento de arrabal o el insensato anhelo de volvernos ricos, o incluso el trabajo ruin y mal pagado, que sólo sirve para reproducir –cada día más menguadas—nuestras fuerzas, pueden darnos una certeza o un sentido, cualquier cosa es buena para no sentir el vértigo de la extranjería de nuestro ser, para dejar de pensar: cualquier cosa es susceptible de volverse en el sentido de nuestra vida.
“Cualquier cosa con tal de no encararnos con lo que somos.”

¿De qué tenemos que distraernos o, mejor aún, de qué huimos cuando escapamos de nosotros mismos en cualquier dirección?”

¿Qué somos? Sueño, lo dijeron Shakespeare, Calderón de la Barca y Schopenhauer. Nada, lo han dicho Hegel, Heidegger y Sartre. Lo han dicho muchos antes y después, pero podría no haberlo dicho nadie. Si menciono aquí estos nombres es para que la afirmación no aparezca tan sola, tan aberrante, porque más allá de literaturas o de filosofías, eso es lo que descubrimos cuando nos encaramos a fondo con nosotros mismos: somos sueño, somos nada.”

Mientras sigamos vivos, el pasado es algo que está con nosotros: está presente en la memoria, se mantiene; aunque nuestra memoria lo deforme, lo adapte, lo mantenga vivo: vivo y por tanto cambiante. Pero nuestro pasado está no sólo en la memoria, también se mantiene en nuestro haber y se hace presente en cada uno de nuestros actos: es aquello que imprime nuestra identidad en lo que hacernos.”

Qué puede significar “antes” si no hay punto de referencia? ¿Qué significa “mañana” o “ayer” si o hay punto de referencia? ¿Qué significa “existir” o “estar presente” si no hay ante quien ser presente? La extinción de la humanidad traerá consigo el naufragio absoluto de todo aquello que la humanidad se representó. ¿Qué significará 2haber sido alguna vez” cuando no  haya ya significado ni haber ni ser? ¿Qué será haber sido alguna vez en la eternidad del universo?
“El paréntesis en que consistió nuestro tránsito por la existencia, nuestra vida y la historia de la humanidad, así como lo conocido será pura fantasmagoría, un sueño que se disolvió, ni más ni menos que nada. Esto es lo que nos horroriza de nuestra existencia; esto, el fondo que nos da qué pensar y lo que, simultáneamente, hace que la mayoría huya del pensar.
“Aunque en sentido estricto nadie huye, porque la caída en el pensar no es voluntaria como tampoco lo es el mantenerse en el no pensar. Ambas ocurren y no hay motivos para creer que una conducta sea más auténtica que la otra, por más que la humanidad se divida, por esta razón, en dos bandos irreconciliables: aquellos que caen en el pensar y los que se mantienen en el no pensar. Unos y otros se desprecian: unos a otros se gruñen, cada bloque por sus propias razones, cuando lo que debieran sentir los unos por los otros es un poco de compasión o de piedad. Pues unos y otros viven en el infierno, aunque sea en distinto departamentos del infierno. Porque la vida no es más placentera por no pensar, al contrario, los que forman este grupo suelen sufrir hasta el agotamiento o el suicidio por cualquier minucia.”
“La verdad es que ambos bandos sufren, pues, como para unos nada tiene sentido y para otros todo tiene muchísimo sentido, unos y otros viven agobiados, aunque en un caso el agobio lo produzca el absurdo y en el otro, la exagerada importancia que se atribuye a cualquier baratija. Así, la ausencia de sentido que se descubre pensando: la preocupación, y el ser prisionero del sentido –de esa máxima impotencia que, por no pensar, se atribuye a cualquier cosa–, la ocupación, nos conducen al mismo desenlace: al agobio.
“Por fortuna, el ser humano no es coherente: se distrae, se pierde, anda por el mundo sin preocuparse ni ocuparse y, por ello, con relativa frecuencia puede vivir libre del agobio que producen el sentido y el sinsentido. Unos juegan a que las cosas importan un poco (a que sí tienen sentido) y otros, a que no importan demasiado (a que no tienen sentido del todo). En esa zona, ajena al pensar y al no pensar, ahí donde no tenemos presentes el sentido ni el sinsentido, es donde la vida es visible, pues vivimos distraídos, sin darnos cuenta. En esos momentos sucede la felicidad y por ello nunca nos damos cuenta de que estamos en ella: la felicidad sólo ocurre cuando nos distraemos del pensar y del no pensar.”

La pregunta es el comienzo de la solución del problema.”

Heidegger (…) explica que toda pregunta con sentido debe tener un de qué preguntar y propone partir del preconcepto de ser: arrancar de ese significado vago, pero suficientemente elocuente, que tiene el término ser en cualquier enunciado.”

El valor de ser está en función del tipo de ente del que se afirma o se niega.”

Oigo en mi imaginación las sirenas de las ambulancias psiquiátricas y recuerdo al Husserl de las Meditaciones cartesianas que cambia el plural mayestático de la primera persona, el “nosotros”,  por el solitario “yo”; me lo imagino forcejeando dentro del solipsismo sin poder salir y sin atreverse a plantear la demencial y, sin embargo, consecuente pregunta que acabamos de hacer: ¿no seré Dios? ¿Un Dios estúpido que, ciertamente, sólo sabe que es?”

¿Seré Dios?, ¿cuáles son los impedimentos? Pensemos esto en serio: yo sólo que soy y que el resto es incierto. Entre esas incertidumbres y “opiniones recibidas”, como las llamaba Descartes, figuran muchos rasgos de Dios que me parece que no encuentro en mí, o sea, las notas que implica la perfección, esa larga retahíla de virtudes a las que se antepone el prefijo “omni”: omnipresente, omnisapiente, omnipotente… ¿Será verdad que en ningún sentido poseo esas notas? Hay un modo en que sí. Un modo estrictamente congruente con el hecho de que sólo yo soy: que sólo yo sea y yo sea cuento es. Porque, si sólo yo soy y soy cuanto existe, entonces soy omnipresente aunque sólo esté presente en mí: soy omnipresente porque, al no haber otro, yo basto y sobro para llenar cuanto hay.
“Y otro tanto ocurre con las demás notas: Si todo cuanto es que soy, y no hay nada más que se pueda saber, porque soy lo único que existe y mi existencia es todo cuanto puedo saber, entonces mi raquítico saber es la omnisapiencia. Si todo el poder se reduce a poder saber que soy, entonces soy omnipotente. ¿Qué otro poder, qué otro saber, qué otra presencia puede haber para quien sólo sabe que él es el único que es?”

¿Qué sigue de lo dicho? Una hermosa paradoja: soy Dios de acuerdo con la lógica tradicional; pero, quién sabe si sea Dios o, de plano, no soy Dios de acuerdo con las otras lógicas. Vuelvo por tanto al punto de partida: que soy, pero nada más: de lo demás no se sabe. Sólo que soy y ni siquiera si soy Dios.”

El pensar nos ha vuelto animales melancólicos y de allí que la gente prefiera no pensar, y de allí que a los inconformes no nos quede más remedio que pensar.”

Un personaje enorme de los seres humanos, hoy como siempre, no compromete el funcionamiento social; una cantidad inmensa de individuos no alteran nada: cumplen con su función y reproducen el estado de cosas: producen, consumen y se reproducen, en una palabra, viven. En medio de ellos –de entre ellos—surgen algunos individuos que se destacan; son los que tropiezan y se enzarzan contra el así se hace, el así se piensa y el así se juzga; son quienes quieren hacer otra cosa, quienes se atreven a pensar por su cuenta y a juzgar. Son los que aportan, los que cuestionan, los que inventan, los que reprueban, los que no están de acuerdo; son quienes con sus actos rompen el estatismo del funcionamiento social y desencadenan la historia. En suma, son aquellos gracias a los cuales la sociedad humana se distingue de los hormigueros.”

El deseo de inventar tropieza con otra suerte de estorbos, pues como no puede saberse bien a bien qué es lo que se desea, puesto que el objeto del deseo no existe todavía, el querer no tiene ni siquiera una brújula que lo oriente: es insatisfacción sin causa, inconformidad sin motivo que los demás no ven ni entienden. Es un querer que para los otros resulta aberrante y más que integrar, aunque sea en una lucha fratricida, exilia, aísla. ¿Quién va a querer lo que por no existir a nadie hace falta?, ¿quién va a apreciar lo que llega al mundo, en el caso de que se logre, sino aquel que sintió su ausencia como una grave falla del ser? Dspués, el desprecio puede cambiar y ocurrir lo que pasó a Cervantes: que lo que alguna vez no fue se convierta en elemento esencial de la cultura, en un factor sin el cual no seríamos lo que somos.
“Es el deseo puro, no el que sufraga faltas sino el que repara fallas, el que nos ha hecho históricos; es el deseo puro el que hace contar al individuo que no pesa; es este deseo el que muestra el verdadero poder humano: no el que avasalla, no el que vence con la fuerza de todo lo pesado, sino el poder de la creación, aquel que en cualquier campo de la actividad humana consigue traer lo nuevo aumentando así el haber del mundo.”

Quien aspire a ser feliz debe descerebrarse y aceptar la impotencia como fatalidad, recomienda la gente que, como los topos, sólo desea encontrar un hoyo para “pasársela bien”, para “estar contenta”. Pero para ser inquilino de ese hoyo hay que renunciar al pensar y a la autodeterminación. La condición de esa felicidad anémica es no darle a los problemas demasiadas vueltas y dejarse llevar por la corriente, que sea ésta la que nos haga dar de vueltas: ser dúctil como el agua, maleable como el agua y, como ella, no tener ningún color. Así se alcanza esa felicidad de la que gozan los fantasmas. ¿Enfantasmarse será la clave?, ¿plegarse será la clave? ¿Hacerse el muerto para poder vivir?”

¿No será que la muerte podrá servir para relativizar todo aquello que nos impide ser felices y que, gracias a ella, en vez de arrojarnos al barranco de la desgracia podemos aligerarnos, al grado de hacer posible la felicidad? Todo está mal, pero gracias a la muerte nada puede ser peor. Dura un rato, dice Nezahualcoyotl; pues bien, justo porque no dura más, se puede ser feliz; todo es vanidad, dice el Eclésiastés, entonces: qué risa da todo: ¡cuánto alivio! Lo grave sería lo contrario: dar a cualquier cosa una importancia mayúscula, sufrir por todo, que es lo que precisamente hacemos cuando no pensamos: cuando nos atormentan, como a Hamlet, los males menores.”

Es la esperanza la que engendra la pesadumbre, y mientras mayor sea mayor será el abatimiento.  Y ¿qué la esperanza? Uno espera cuando cree merecer; uno espera cuando se cree elegido, cundo sobreestima y se sobreestima: la esperanza surge de la soberbia.”

…a los inconformes no nos parece que este instante [la vida][1] sea poca cosa, no nos parece que esta magra oportunidad sea escasa; es todo, y, aunque sea un todo miserable comparado con la eternidad, para nosotros representa una ganancia infinita porque no esperábamos nada.”


[1] El corchete es mío.

Filosofía del tocador, Marqués de Sade

…Debemos darnos cuenta de que fuimos lanzados a esta vida de penurias sin nuestro consentimiento, y que desde el nacimiento de nuestra conciencia nos hemos visto asaltados por los sofismas de quienes aprovechan nuestra condición; si queremos disfrutar el momento más brece de placer —si deseamos plantar de vez en cuando una rosa en el rocoso camino de la vida— tendremos que sacrificarlo todo a los pedimentos de nuestros sentidos. Así es la lección de los filósofos del tocador…”

…Realmente, nada me gustaría más que combinar todas las especies bajo el sol, y disfrutarlas juntas.”

Lo malo con este mundo, es que existen demasiadas personas convencidas de que tienen el conocimiento de lo correcto; de que su forma de actuar es la única en que conviene hacer las cosas. Entonces se convierten en Quijotes que cargan sus lanzas contra los molinos de viento de lo anormal, castigando a todo el que piensa distinto a ellos… ¿y por qué? Por miedo, sin duda; por miedo de que su propio modo muy `normal´ de hacer las cosas probablemente no sea tan divertido como la perversión de los otros.”

¡Cómo me gusta agarrar tu verga mientras me vengo! ¡Carajo! Por el pene palpitante del destino. Por el coño apretado de la providencia ¡jódeme! ¡Chúpame! ¡Qué divina jodida! ¡Estoy acabada! ¡Arruinada! ¡Todo se acabó! ¡Nunca le he pasado tan bien en mi vida!”

Tiene que existir una desproporción universal entre los sesos y las vergas.”

Nota: todo en las voces de los personajes del Marqués de Sade.