Para habitar un Mundo cruel

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Luis Negrón, autor de Mundo cruel (Malpaso, 2016)

Sigue pareciéndome maravilloso leer un libro o ver una película que trate el tema gay sin que el mundo se acabe. Ya sé que decir esto en pleno siglo XXI es muy vintage, pero uno, que nació y creció en un mundo que te hacía llorar por las noches, no deja de sorprenderse. La juventud de hoy día, de la que ya he comenzado a dejar de ser parte, no sufre ni se lamenta por la represión que en mis años de pubertad y adolescencia aún existía. Y puedo pecar de positivo, porque en realidad seguimos teniendo conocidos, familiares, centros educativos o espirituales represivos. Vamos, que a pesar del amparo de las leyes, la represión y la discriminación no ha dejado de ser un problema. Tú entiendes. Si entiendes, entiendes. Me refiero a que hoy, por fortuna para los más jóvenes, en cierta medida se ha dejado de llorar tanto por las noches y de creer que el mundo se acaba. Eso tiene una ventaja enorme: los nuevos, los que se abren paso al mundo siendo conscientes de su afectividad y erotismo diverso, han dejado de concebir el mundo como lo llegué a concebir yo mismo: una terrible amenaza en la que nada es posible porque tú mismo no eres posible; ahora, en muchos países del mundo se vive hasta con entusiasmo y protección (aunque se siga aprendiendo a respetar las leyes que nos protegen). Pero también intuyo que estos tiempos, lavados de crisis internas para los más jóvenes, permisivos en el consumo de sexo fácil y bajo el amparo de la ciencia que no cura el VIH, pero lo mantiene a raya, traen consigo cierta desventaja, no sólo para los nuevos, sino para los de mi quinta: estamos dejando de pensar el tema gay y todas sus circunstancias, o esa impresión me da, y con ello perdemos habilidades para entender y plantar cara a este mundo hipócrita y rudo, centrándonos en lo efímero o frívolo, en el cachondeo del espectáculo.

Hace tiempo que no hablo con un muchacho, menor de veinticinco años, que me cuente sobre las dificultades que sortea o ha sorteado para ser él mismo. Me alegro mucho de que se haya perdido un poco de sufrimiento, pero también me entristezco al darme cuenta de que esos mismos chicos empoderados y libres carecen de motivos para seguir plantando cara a la represión, allí donde la encuentren. Porque hoy en día la represión ha dejado de ser obvia. Se esconde detrás de un expediente o en los armarios del espacio privado, que repercute luego en la política, la educación o la cultura, pero sigue allí, al acecho, esperando la muerte de los viejos y el enajenamiento total de los jóvenes, que están demasiado amparados por las leyes y demasiado ocupados ligando por Grindr.

El mundo avanza, sí, pero es cruel igualmente. Y nosotros con él si nos dejamos enajenar. Por eso me sorprendí gratamente leyendo los cuentos de Luis Negrón, que son un reclamo liviano y nada frívolo ante nuestra actitud limitada y estúpida frente a la crueldad. Mundo cruel representa el mundo gay de hoy, desde una óptica crítica y hasta antropológica, un mundo en el que convivimos todos: los viejos, los jóvenes y esa edad bisagra que participa de dos modelos que caracterizaron una subcultura, que vislumbró cambios radicales y quedó normativizada en el estándar. No voy a decir que soy un viejo, porque soy vanidoso y porque no es verdad. Pero rebasados los treinta, a uno le ha dado tiempo de aprender cosas sobre el mundo, y encuentro diferencias sustanciales entre el mundo de los jóvenes de hoy y el mundo en el que fui joven, o, para decirlo sin que parezca que se me cae la dentadura postiza, el mundo en el que yo tuve menos de veinticinco. Tampoco es que hayan transcurrido muchos años, pero es precisamente eso lo que me pone nervioso. En apenas cinco o diez años hemos ido creciendo en enajenación y tengo la impresión de que se nos olvida, poco a poco, que este mundo es una puta mierda, y que para aprender a combatir su crueldad hace falta saber plantarle cara: con valor, con cabeza y mucho, muchísimo humor.

No conocía a Luis Negrón. Ni siquiera sabía que existía. Pero cuánto me alegro de que haya llegado a mis manos su primera obra escrita. Negrón publicó los cuentos que componen Mundo cruel en 2011, y como es un libro que merece la pena leer, fue traducido al inglés, lo que le llevó a ganar en 2014 el Premio Lambda a la mejor obra de ficción con temática LGBT y obtener buenas críticas. En 2016 la editorial Malpaso vuelve a editar esta obra, ahora para el público español, en unos acabados finos y de pastas duras que podrían producir orgasmos a los fetichistas.

El libro llegó a mis manos ayer por la tarde. Y apenas tuve oportunidad me senté a leer porque es de esos libros que nada más verlos apetece, y cuando les metes mano ya no hay fuerza que te separe de ellos. Fui leyendo cuentos mientras alternaba la preparación de la cena y no me tomó mucho tiempo darme cuenta de que este autor iba a ser capaz, apenas en cien páginas, de llevarme a ejercitar el pensamiento crítico y toparme de frente con la crueldad, la hipocresía y el desconcierto, desde el más divertido y delicioso mariconeo, que irónicamente parece frívolo.

Comentaré el primero de los cuentos: «El elegido», aunque ya digo desde ahora que voy a ser muy spoiler, al menos con este cuento, en favor del argumento que desarrollo en el artículo, perdóneseme. Este cuento narra la historia de un muchacho recién entrado a la adolescencia, que no da muestra alguna de conflicto interno con respecto a su homosexualidad: lo reprimen, lo amenazan, lo castigan, lo golpean pero él lo tiene claro, es como es. Crece en el seno de una familia protestante, en la que su madre le incita al culto religioso, mientras que el padre y hermanos no y, ven en el acercamiento del chico hacia la iglesia, un error que malogrará su desarrollo. El padre le ve sensible, pero no puede estar más equivocado, pues ningún chico de esa edad puede ser sensible o vulnerable si tiene tan clara su identidad sexual y la vive, sin tapujos, valiéndose de la belleza con que ha sido bendecido desde el nacimiento. En esta historia, los personajes que rodean al muchacho intentan convertirlo, pero no a la fe que ya posee y a la que no renuncia, sino a la heterosexualidad, mientras al mismo tiempo se sienten atraídos hacia él, lo seducen y hasta caen rendidos ante su belleza y coquetería. Este chico se compra la ropa a gusto, sale con quien le da la gana y se acuesta con la máxima autoridad de ese contexto social que ha construido su propia identidad, dejando clarísimo la libertad y congruencia desde la que actúa. Vamos, que su vida es ejemplo del valor que todo mariquita debería tener para enfrentarse al mundo, incluso si tiene que luchar contra la hipocresía y la doble moral. Entre los personajes que le rodean, él es el único congruente. Y lo más transgresor de esta historia no es la capacidad del protagonista para andar con valentía su propia vida, sino además hacerlo de la mano de Dios, su Dios. Hay un diálogo entre este muchacho y el mismísimo Dios, que pone de manifiesto la enormísima fe que tiene el chico (sin rastro de burla o crítica frente a la incongruencia del discurso religioso ante a la homosexualidad), y lo increíblemente capaz que es de ejercer su propio juicio, sin renunciar jamás a una sola de las cualidades que le dan identidad, entre ellas su homosexualidad y su fe. He destripado muy feo este cuento, pero te aseguro que el placer de leerlo no se compara con la horrenda disección que hago aquí. La densidad y profundidad del mensaje que contiene, se viste de un lenguaje y una expresividad que te harán dudar sobre su propia seriedad. Ya que has disculpado el spoiler, me valgo de él como ejemplo del tipo de historias que vas a encontrar en el Mundo cruel de Luis Negrón, que son también el tipo de historias del mundo que tú habitas. La cuestión es: ¿también tú habitas el mundo con la misma fortaleza y valentía que este muchacho protestante? ¡Y Negrón consigue que el lector se formule preguntas como esta con cada uno de los cuentos que componen el libro!

Leyendo he conectado con Negrón, no sólo como lector complacido, sino como autor. En el prólogo, Ignacio Echeverría dice que los cuentos de Luis «se insertan sin disimulo ni prurito alguno de originalidad en lo que cabe entender ―no sin los escrúpulos que suscita toda etiqueta clasificatoria― por literatura gay». Y tiene razón, porque en la narrativa de Negrón no hallé rastro de pedantería cultureta o pretensión de marisabidilla letrada. Al contrario, detrás de estos textos, a veces desgarrados por la tristeza, producto de la hipocresía, y otras veces atravesados por una suerte de esperanza en que vendrán tiempos mejores (menos crueles), se revela un oficio nítido, trabajado, un oficio que sólo puede ser consecuencia de tomarse tan en serio la escritura, que cuando el lector llega a su obra dice: «¡Ah, qué fácil!», pero luego se queda dándole vueltas y encuentra, en los huecos del relato, la verdadera historia y con ella la pericia del autor. No hay rastro de pretensiones formales, pero hay obra y hay mensaje, que no es poco. Este no es un libro que sólo tenga la habilidad de entretener. Pero si esperas un libro para enajenarte, mejor vuelve a las apps de ligoteo o a la tele basura. Este libro te va a fascinar, siempre que seas un lector curioso y no esperes que te lo den todo peladito y a la boca. Para habitar un Mundo cruel, hace falta ser(capacidad de identidad) y tener bien secas las manos, de modo que puedas abrirte paso entre sus páginas, seas hetero o no, da igual. Si no eres (como eres, como seas), si no tienes identidad más allá de tu orientación sexual, el Mundo cruel de Luis Negrón, y ese que también ahora habitas mientras me lees, te arrancará la cabeza con tanta gracia, que será como si no hubieras sacado nunca la nariz de la pantalla: viendo gatitos en Facebook.

Es este el tipo de narrativa que a mí me gusta: ligera pero nada efímera, que no subestima mi inteligencia, que tiene cosas por decir y me lleva a pesar en la fenomenología de ser mariquita hoy, y serlo hace cinco o diez años, porque el mundo cambia rápido hoy en día, y con él podría cambiar también su crudeza. Pero eso depende sólo de nosotros, mientras seamos y leamos y habitemos el mundo. Y si a eso le sumas que toca el tema mariquita desde la más absoluta libertad crítica, sabiendo reproducir las delicias de la expresión a través del diálogo o el monólogo, presentando personajes que pocas veces alcanzan el grado de entrañable si se escribe cuento, entonces ya puede ser el mundo cruel y cambiar rápido, que mientras tenga uno armas como ésta, se puede dormir tranquilo y sin llanto, sin la angustia de que el mundo se acabará mañana, porque aunque es cruel y una mierda, me sigo sorprendiendo cuando leo un libro que trata el tema gay con tanta destreza y sabiduría. Mira, no sé, quizá va por ahí la cosa. Puede que la clave esté en la capacidad para sorprenderse, porque sólo quien recuerda que se vive entre mierda y crueldad es capaz de alegrarse cuando disfruta de la paz y el bienestar, sin bajar la guardia, aprendiendo a cambiar con los tiempos, que pueden ser muy modernos pero igualmente crueles e hipócritas. Y eso es Mundo cruel de Luis Negrón, un saco de boxeo para mariquitas y no tan mariquitas, viejóvenes, jóvenes o adolescentes terminales, que aún tienen la capacidad de sorprenderse y la necesidad de defenderse.

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Este texto fue publicado originalmente en Vísperas, Revista prehispánica de crítica literaria,  el 18 de octubre de 2016 con el título: “Mundo cruel, de Luis Negrón”.

El orgullo de formar parte de la colección Nova de Berenice

A la venta en España a partir de la última semana de febrero, 2016.

A la venta en España a partir de la última semana de febrero, 2016.

Aférrate a que un día convertirás en literatura la mierda del desamor: una oda, aunque prosaica y paródica, a las letras y el oficio de escribir, a través de la cual no sólo te autocomplazcas y compruebes que el ejercicio de la creación es terapéutico, sino que además consigas poner a prueba tu pericia narrativa. Di con pudor: «escribir como quien se da licencia para sacarse las tripas y hacer con ellas ¿una novela?». Búrlate de los libros de autoayuda y prométete que no escribirás uno. Acomódate en el cálido lecho de la autoficción. Un día lee a Warhol y coincide con él: deberían existir cursos de belleza, amor y sexo.

Esta novela podría funcionar como un manual de escritura del desamor. Mezcla ingredientes de la autoficción para analizar, de forma visceral y pseudobiográfica, el oficio de escribir y la figura del escritor frustrado. Cristina Rascón ha dicho de su autor: «Israel Pintor arriesga su escritura a la autoficción. Esa exploración, en formas gramaticales, indagaciones psicológicas y honestidad, es la que nos revela, poco a poco, en cada texto, qué hay de novela, y qué de cuento, en este confluir de géneros, variaciones lingüísticas y técnicas literarias. Pintor lo tiene todo para erigir una voz propia.»


Ya que me di el gustazo de abrir esta entrada con la sinopsis de mi nueva novela, me gustaría contar anécdotas breves sobre mi relación con los libros de editorial Berenice, para con ello intentar explicar cuánto orgullo siento de pasar a formar parte de las filas de sus autores, concretamente dentro de la colección NOVA.

Cuando llegué a España, mientras aún escribía mi primer libro (Pasiones simples) me topé por primera vez con los libros de Berenice. Lo primero que leí fueron algunos títulos de su colección AFICIONES: recuerdo sobre todo Cómo se escribe un cuento. 500 tips para nuevos cuentistas del siglo XXI, del admirado Guillermo Samperio (libro que me animó luego a buscar al autor para editar Experto en fechas y otros textos dentro de la colección NAMOX que coordiné mientras estuve trabajando para rdeditores); así como Taller de escritura. 1303 ejercicios de creación literaria, de Felipe Montes (que me ayudó por aquel tiempo a prepararme las que fueron mis primeras clases como profe de creación literaria). Ese primer encuentro con los libros de Berenice, sello que ahora acoge mi más reciente obra, me llevó a desarrollar un interés mayor por sus producciones.

Aterricé de cabeza en sus ensayos de la colección NOVA. Sonaban por aquel entonces algunos ecos de la generación Nocilla, de modo que Afterpop. La literatura de la implosión mediática, de Eloy Fernández Porta, se convirtió en un texto relevante que me permitió comprender mejor las razones por las que, desde mi más fresca adolescencia, sentí atracción hacia la narrativa contemporánea, por no decir neuróticamente actual. En un ataque de nostalgia futurista (o sea, durante el primer viaje que hice a México, anticipando que seguiría acumulando libros en España que, muy probablemente no iba a poderme llevar luego a México) decidí llevarlo conmigo y darle residencia permanente en la estantería de mi antigua habitación. Hoy ese libro conserva un montón de post its y notas al margen que dan cuenta del análisis que apliqué al intento de Porta por arrojar luz sobre la narrativa de nuestros tiempos, una narrativa que, casi dos décadas después del comienzo del siglo XXI, podría parecer, irónicamente, un poco enmohecida.

Todo el rollo afterpop de Fernández Porta me influenció mucho, la verdad. O no, más bien me permitió entender mejor lo que yo venía haciendo literariamente hablando. Lo que sí hizo con certeza fue convertirse en uno de mis referentes teóricos más importantes de cara a lo que, años después, terminaría haciendo en Curso de belleza, amor y sexo.

Hace no mucho, cuando empecé a prepararme un curso de creación que impartiré en la Fundación Valentín de Madariaga y Oya el próximo mes de abril, me acerqué a otro ensayo imprescindible de la colección NOVA, con la intención de complementar información en torno al panorama de la narrativa contemporánea. Me refiero a Luz nueva. Singularidades de la narrativa española actual, de Vicente Luis Mora. Este otro título publicado por Berenice me ha llevado al reconocimiento de la clasificación académica que empieza a hacerse sobre la narrativa producida, bien entrado el siglo XXI, una narrativa que se desmarca en cierto grado de lo afterpop, de lo moderno e incluso postmoderno. Una narrativa mutante o pangeica que sin duda, me desata interés como creador, en tanto es representativa de nuestra era.

Cuando decidí dedicarme a la literatura, cuando reflexionaba sobre el tipo de narrativa que me gustaría escribir, opté por hacer un tipo de literatura más bien representativa del tiempo que vivo, que responde a la sociología, la psicología y las innovaciones tecnológicas de la era que me toca vivir. Quizá eso pueda ser tildado por algunos como presunción de vanguardia. Pero no es, en absoluto, lo que busco. Ni siquiera lo pretendo a discreción. Sólo digo que eso es lo que me despierta interés, lo que hace crecer mis pasiones creativas.

Envié mi novela al Premio de Narrativa Joven DESENCAJA del Instituto Andaluz de la Juventud, con el mismo automatismo con que la envié a decenas de editoriales y premios más. Juro por el punto fijo del techo que ni siquiera había caído en la cuenta de que las obras ganadoras del concurso, en ediciones pasadas, habían sido incluidas en la colección NOVA, una colección que reúne autores de la talla de Andrés Neuman, joder, ¡con lo que yo lo admiro! Bueno, pues resulta que la vida, en su infinita ironía, me ha llevado a ganar este premio que me honra recibir, y por ello a formar (¿quién se lo podía imaginar?) parte de los autores que, según la editorial Berenice, conforman la narrativa nueva de nuestros tiempos. ¡Qué puto orgullo, chingao!

Aunque ahora que lo pienso… ¡Verga! Qué pinches nervios, ¿no?

 

Presento en Sevilla mi primera novela: Las puertas del paraíso

Careto de un tipo que no puede contener su alegría.

Careto de un tipo que no puede contener su alegría. Instagram: @israelpintor

Desde ayer por la noche estoy inundado de felicidad. Quienes me siguen por Facebook ya se habrán enterado de que mi última novela (Cómo tú todo) ha sido seleccionada como finalista del concurso anual de narrativa joven DESENCAJA del Instituto Andaluz de Juventud, bajo el nuevo título Novel(a). El fallo se emitirá el próximo 3 de diciembre. A ver si me quedan uñas para entonces…

Mientras tanto los invito el próximo jueves 26 de noviembre, en punto de las 19:30 hrs. en el Café del CICUS (Madre de Dios 1, Sevilla) a la presentación de mi primera novela publicada, Las puertas del paraíso.

Tendré el honor de hacerme acompañar en la mesa de presentadores por Mercedes Comellas, profesora de la Universidad de Sevilla en el Máster de Escritura Creativa, quien fue mi tutora durante el año en que me dediqué a escribir Las puertas del paraíso. Ella conoce bien la obra y ha estado detrás de mi proceso creativo y formativo. Me hace mucha ilusión su participación y creo que les encantará, ella es muy dulce y tengo la impresión de que es ese tipo de personas que sólo dicen cosas interesantes e inteligentes cuando abren la boca. La admiro un montón.

También estará conmigo el dramaturgo y director escénico Antonio D. García Orellana, con quien he forjado una hermosa amistad a lo largo de los últimos años, con quien comparto confidencias, lecturas y hasta vecindario. Antonio, como muy pocas personas en este planeta, entiende bien mi literatura y se ha enfrascado conmigo en más de una larga y apasionante tertulia sobre escritura y literatura, estoy seguro de que su intervención será tan gozosa como cualquiera de esas tertulias chulas que normalmente nos obligamos a terminar.

Para quienes no hayan comprado aún la versión impresa, podrán hacerlo el día de la presentación, por supuesto.

Pues eso, para celebrar la publicación de mi primera novela y, por qué no, para celebrar también que mi novela más reciente es finalista de un concurso, nos beberemos un tinto a su salud. ¿Son más de Rioja o de Ribera?

Cartel presentación Las puertas del paraíso