David Ledesma opina sobre Las puertas del paraíso

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David Ledesma, desde la Fundación Antonio Gala (febrero, 2016).

Las puertas del paraíso es un viaje a través de los deseos frustrados. De los que no tuvimos el valor de saciar y de los que nos obligaron a contener. Al terminarla no pude evitar sonreír por todos aquellos que, después de tantos años, siguen sin ser capaces de escuchar honestamente a sus órganos internos.

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El orgullo de formar parte de la colección Nova de Berenice

A la venta en España a partir de la última semana de febrero, 2016.

A la venta en España a partir de la última semana de febrero, 2016.

Aférrate a que un día convertirás en literatura la mierda del desamor: una oda, aunque prosaica y paródica, a las letras y el oficio de escribir, a través de la cual no sólo te autocomplazcas y compruebes que el ejercicio de la creación es terapéutico, sino que además consigas poner a prueba tu pericia narrativa. Di con pudor: «escribir como quien se da licencia para sacarse las tripas y hacer con ellas ¿una novela?». Búrlate de los libros de autoayuda y prométete que no escribirás uno. Acomódate en el cálido lecho de la autoficción. Un día lee a Warhol y coincide con él: deberían existir cursos de belleza, amor y sexo.

Esta novela podría funcionar como un manual de escritura del desamor. Mezcla ingredientes de la autoficción para analizar, de forma visceral y pseudobiográfica, el oficio de escribir y la figura del escritor frustrado. Cristina Rascón ha dicho de su autor: «Israel Pintor arriesga su escritura a la autoficción. Esa exploración, en formas gramaticales, indagaciones psicológicas y honestidad, es la que nos revela, poco a poco, en cada texto, qué hay de novela, y qué de cuento, en este confluir de géneros, variaciones lingüísticas y técnicas literarias. Pintor lo tiene todo para erigir una voz propia.»


Ya que me di el gustazo de abrir esta entrada con la sinopsis de mi nueva novela, me gustaría contar anécdotas breves sobre mi relación con los libros de editorial Berenice, para con ello intentar explicar cuánto orgullo siento de pasar a formar parte de las filas de sus autores, concretamente dentro de la colección NOVA.

Cuando llegué a España, mientras aún escribía mi primer libro (Pasiones simples) me topé por primera vez con los libros de Berenice. Lo primero que leí fueron algunos títulos de su colección AFICIONES: recuerdo sobre todo Cómo se escribe un cuento. 500 tips para nuevos cuentistas del siglo XXI, del admirado Guillermo Samperio (libro que me animó luego a buscar al autor para editar Experto en fechas y otros textos dentro de la colección NAMOX que coordiné mientras estuve trabajando para rdeditores); así como Taller de escritura. 1303 ejercicios de creación literaria, de Felipe Montes (que me ayudó por aquel tiempo a prepararme las que fueron mis primeras clases como profe de creación literaria). Ese primer encuentro con los libros de Berenice, sello que ahora acoge mi más reciente obra, me llevó a desarrollar un interés mayor por sus producciones.

Aterricé de cabeza en sus ensayos de la colección NOVA. Sonaban por aquel entonces algunos ecos de la generación Nocilla, de modo que Afterpop. La literatura de la implosión mediática, de Eloy Fernández Porta, se convirtió en un texto relevante que me permitió comprender mejor las razones por las que, desde mi más fresca adolescencia, sentí atracción hacia la narrativa contemporánea, por no decir neuróticamente actual. En un ataque de nostalgia futurista (o sea, durante el primer viaje que hice a México, anticipando que seguiría acumulando libros en España que, muy probablemente no iba a poderme llevar luego a México) decidí llevarlo conmigo y darle residencia permanente en la estantería de mi antigua habitación. Hoy ese libro conserva un montón de post its y notas al margen que dan cuenta del análisis que apliqué al intento de Porta por arrojar luz sobre la narrativa de nuestros tiempos, una narrativa que, casi dos décadas después del comienzo del siglo XXI, podría parecer, irónicamente, un poco enmohecida.

Todo el rollo afterpop de Fernández Porta me influenció mucho, la verdad. O no, más bien me permitió entender mejor lo que yo venía haciendo literariamente hablando. Lo que sí hizo con certeza fue convertirse en uno de mis referentes teóricos más importantes de cara a lo que, años después, terminaría haciendo en Curso de belleza, amor y sexo.

Hace no mucho, cuando empecé a prepararme un curso de creación que impartiré en la Fundación Valentín de Madariaga y Oya el próximo mes de abril, me acerqué a otro ensayo imprescindible de la colección NOVA, con la intención de complementar información en torno al panorama de la narrativa contemporánea. Me refiero a Luz nueva. Singularidades de la narrativa española actual, de Vicente Luis Mora. Este otro título publicado por Berenice me ha llevado al reconocimiento de la clasificación académica que empieza a hacerse sobre la narrativa producida, bien entrado el siglo XXI, una narrativa que se desmarca en cierto grado de lo afterpop, de lo moderno e incluso postmoderno. Una narrativa mutante o pangeica que sin duda, me desata interés como creador, en tanto es representativa de nuestra era.

Cuando decidí dedicarme a la literatura, cuando reflexionaba sobre el tipo de narrativa que me gustaría escribir, opté por hacer un tipo de literatura más bien representativa del tiempo que vivo, que responde a la sociología, la psicología y las innovaciones tecnológicas de la era que me toca vivir. Quizá eso pueda ser tildado por algunos como presunción de vanguardia. Pero no es, en absoluto, lo que busco. Ni siquiera lo pretendo a discreción. Sólo digo que eso es lo que me despierta interés, lo que hace crecer mis pasiones creativas.

Envié mi novela al Premio de Narrativa Joven DESENCAJA del Instituto Andaluz de la Juventud, con el mismo automatismo con que la envié a decenas de editoriales y premios más. Juro por el punto fijo del techo que ni siquiera había caído en la cuenta de que las obras ganadoras del concurso, en ediciones pasadas, habían sido incluidas en la colección NOVA, una colección que reúne autores de la talla de Andrés Neuman, joder, ¡con lo que yo lo admiro! Bueno, pues resulta que la vida, en su infinita ironía, me ha llevado a ganar este premio que me honra recibir, y por ello a formar (¿quién se lo podía imaginar?) parte de los autores que, según la editorial Berenice, conforman la narrativa nueva de nuestros tiempos. ¡Qué puto orgullo, chingao!

Aunque ahora que lo pienso… ¡Verga! Qué pinches nervios, ¿no?

 

Tertulia y vino para celebrar mi primera novela

Gracias a todas las personas que me acompañaron ayer en la presentación de Las puertas del paraíso, mi primera novela. Aunque no lo pareciera, estaba francamente nervioso. Temblaba y todo… Me lo he pasado genial.

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Muchas gracias al Café del CICUS, en especial a Amanda y a Laura, que nos trataron a todos estupendamente.

He vuelto a ver a gente que admiro y quiero, amigos que a lo largo de los años, viviendo en esta ciudad hermosa y llena de contrastes, me han demostrado apoyo y cariño. Manuel Casado, JuanMa González, Juan Carlos Álvarez, Juan Carlos Vilches; verlos allí me alegró enormemente.

Fue genial rodearme de mis colegas del Máster en Escritura Creativa: Ana de Haro, Laura Redondo, Almudena López Molina, Bernabé Bulnes; el team Mercedes, narradores talentosos que desarrollaron, entre 2010 y 2012, como un servidor, sus trabajos de fin de máster bajo la asesoría de Comellas, una de las amables presentadoras, quien a nada de comenzar la presentación me demostró su fidelidad y apoyo confesándome que había rechazado presentar a un afamado escritor español (a los que todo el mundo conoce y de los que llenan a tope las salas de presentación) por estar conmigo y charlar sobre mi novela.

La presentación de Mercedes, a modo de entrevista, ha permitido que el evento fuera cálido y los asistentes se sintieran cercanos. Sus preguntas me ayudaron a explicar mejor el contexto en el que Las puertas del paraíso fue creada. Y me he sentido tremendamente halagado por sus comentarios.

También fue muy chulo escuchar a mi querido amigo Antonio Daniel García Orellana, quien hizo una lectura atenta de la novela. Espero poder compartir a través de este blog un fragmento de la bonita presentación que hizo. Me ha puesto tan alto que desde allí arriba me daba vértigo escuchar.

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Antonio Daniel García Orellana, y yo haciendo el tonto…

Me sentí reconfortado con la presencia de mis amigos queridos, Samantha Sánchez, Raúl y Juan Chacón, a quienes quiero con un cariño difícil de medir y quienes han vivido muy de cerca el periodo de mi vida en que Las puertas del paraíso se estaba cocinando. A ellos tres, un beso y agradecimiento especial.

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A la izquierda: Antonio Daniel García Orellana. A la derecha: Mercedes Comellas. Al centro yo: encogido por los nervios. Ja.

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Y para no perder la costumbre: una foto en plan “heme aquí con mis libros”. De subidón total.

Y para acabar de pasar lista, pero no dejándolos al final por menos importantes, sino al contrario, porque su presencia ha sido un motivo de orgullo y satisfacción, agradezco a mis ex alumnos Raymundo Lion, Eduardo Parody, Agustín López-Raya y Alejandro Martínez.

Espero que no se me haya pasado nadie. Y quédense pendientes, porque este año trabajaré, por fin, en el guión de esta historia que siempre ha querido ser película, pero que los azares de la vida me llevaron a convertir primero en novela.