Te haces uno con todo, crónica de una noche

Caminas por la ciudad, abres aún más los ojos pues se apaga la luz con calma, cierras un segundo los ojos y por fin oscuro está. Levantas la cabeza al cielo y miras la luna, blanca, brillante. Curiosamente todo está despejado, vez las estrellas. Regresa el recuerdo único con la lejanía de hace ya una semana. Extrañas cargar un corazón sin heridas.

Tú, un ser de aire, ligero, te lleva la fuerza del viento, te haces uno con todo, mezcla hermosa. Los pasos se funden en la acera, caminas sobre las calles de Zona Rosa, a contracorriente superas miradas de hielo, pequeños roces corporales y obstáculos de pobreza.

No hace frío, tampoco calor. El tiempo se detiene, te quedas estático, eres de piedra. El viento mueve tu cabello, volteas a cualquier dirección y no hay más luz natural, sólo la luz neón que sale de cada foco prendido, lastiman las pupilas en colores rojos, amarillos, blancos, azules y verdes. Llegas a Amberes, allí está Safari; después de un recorrido corto en distancia, pero largo en tiempo, postras los pies justo de frente a tu destino.

Dos titanes cuidan celosos la entrada, uno pequeño y aparentemente indefenso, al otro le brilla el rostro y observa con ojos de advertencia. Un diálogo sin palabras y después abren el paso, el titán pequeño se interpone en el camino, con cautela sensual revisa cada sitio en el que puedes tal vez, esconder un tesoro perdido.

Un pasillo en acenso, escaleras. -Nunca podrás conmigo-, dice en tono retador el alma del escalón último. Sin prisas ni esfuerzos agotadores le pisas el alma al retador y, allí está el paraíso de un sádico, el refugio de un destechado, el jardín de un niño indefenso y el hogar del casanova; te sientes invencible.

Planta baja y un piso. En el centro hay relieves metálicos, altar de rituales casi religiosos. Volando está un beso, cualquiera podría hacerlo suyo pero nadie lo toca, no se puede. En la cima está la trinchera del Maestro, desde ahí las ondas sonoras se difunden, te controlan.

Sabes que nunca estarás solo en ese lugar, posiblemente mal acompañado, pero jamás solo. Observas, todos mantienen sigilosos miradas localizadoras. Al ritmo del latino de un corazón se mueven millones de músculos, huele a cerveza fermentada y humo de cigarrillo.

Todos hablan, algunos en códigos indescifrables. Ahora eres de fuego; carbonizas todo lo que vez o tocas. Llenas de energía las alforjas que vació la rutina. Un grito, aplausos parejos. En un minuto se queda todo a oscuras y únicamente vez sombras paralelas. El compás parece interrumpirse, en realidad se uniforma. Una luz blanca ilumina hasta el último rincón, de pie esperan todos. Otra vez al ritmo, el sonido te embeleza, estás en un viaje ultrasónico sin fin, narcótico para los sentidos.

En la planta alta, recargado en un balcón frente al Maestro, miras hacia abajo. Aplauso, un brazo al cielo y otro en el pecho, un pie a la izquierda y el otro a la derecha, vuelta, aplauso, vuelta. Con el más fastidioso estilo en unos y el más alegre paso en otros continúa el ritual: extienden un brazo, inmediatamente el otro le acompaña, los pies llevan el ritmo, de lado y al frente, de lado y al frente. Danza del robot coloreado, le llamas.

La uniformidad desaparece por un rato, regresa apenas te distraes. Renuente permaneciste un tiempo, ahora haz sido infectado, eres absorbido por los vapores del ambiente. Desciendes, parado sobre el relieve metálico puedes sentir la vibración que provocan en manada los danzantes, como si estuvieras a la corriente te cargas de un brío alegre.

A nadie le importas y a todos le conciernes. Ignoras lo inignorable, pasa el tiempo y eres ya, consignado como en aparador, el hogar de un casanova. No para de mirarte, no paras de evitarle las miradas hasta que inevitablemente y rendido a la adversidad se la sostienes con ternura. ¡Salud! Te dice en mímica. Levanta el tarro, yergue el pecho y sonríe.

Te enciende ¿más que un cigarrillo? Sin remedio regresas a lo tuyo: trasformas el dolor, unes los sentidos a la nada que el instante brinda y curas las heridas. Entiendes que es hora de partir, la vida te invitó hacia otro lugar. Es lo mejor, te dejas ir. Gritas en silencio, lloras sin derramar una sola lágrima. Sonríes. Las cosas son así: vez, oyes, callas. Continúas curando las herías.

Las rodillas te duelen, el calor humano te inunda, sudas y te cansas. Despegas hacia un mundo de sueños locos, pagas treinta pesos por las cuatro cervezas que te bebiste, todo se acabo.

Dejas en la mano del casanova un papel al despedirte, le besas la mejilla y das vuelta. Caminas hasta la salida, dejas a los titanes detrás, otra vez eres de aire y tus pasos vuelven a fundirse en la acera. Eres parte de la corriente y en contracorriente te percibes con el rostro viendo al suelo. Sin que tu otro yo se percate le rozas el hombro. Sabes que en ese instante es que te haces uno con todo.

Jul07

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40 años de René Avilés Fabila

Crónica de un homenaje anunciado

21 de junio, 07. René Avilés Fabila (RAF), afamado escritor, celebra cuarenta años de creación literaria. El pasado 20 de mayo, en el Palacio de Bellas Artes se le rindió homenaje, hoy y después de treinta años de docencia en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la institución que le vio desarrollarse académicamente hablando, ofreció un merecido reconocimiento a su trayectoria. Diez de la mañana con trece minutos. Después de un breve café, previo entre cuates, RAF, por quien se reunieron grandes personalidades del mundo literario y periodístico, saludó entre agradecido y sorprendido a José Lema Labadie, Rector de la UAM.

Entre el bullicio de los asistentes, el par se dedicó unos minutos para saludarse, congratularse y conocerse. Comenzaba a hervir la euforia, también la antesala por los rayos del sol que inundaban el lugar. Duelo de caballeros para verificar si verdaderamente lo son, justo en la entrada al auditorio Arq. Pedro Ramírez Vázquez, de la Rectoría General, RAF y Lema se permiten el paso, entró primero el primero.

Entre el conglomerado resaltaban algunos nombres: el poeta Dionicio Morales, el escritor y actor Carlos Bracho, el dramaturgo Teodoro Villegas, el periodista Carlos Ramírez, la escritora Eve Gil, entre otros. No podían faltar, aunque solo sea para cubrir el requisito, algunas de las ex autoridades uameras. Aproximadamente cien personas, entre alumnos, docentes, amigos, literatos, periodistas y familiares del homenajeado, llenaron el auditorio.

En la mesa de inauguración, de izquierda a derecha y listos para empezar el homenaje estaban Cuauhtémoc Pérez, Rector de la UAM Xochimilco, RAF, Lema Labadie y Ma. Eugenia Ruiz Velasco, Jefa del Departamento de Educación y Comunicación de la UAM.X Brevísimas palabras de Lema dieron inicio oficial al evento, por cierto con voz ceremonial y tono de académico irremediable.

Anunciaron luego la presentación de un vídeo de trayectoria al mero estilo de E!  Entertainment TV. Silencio, por primera vez se respiró tranquilidad, consecuencia de la acérrima atención de los asistentes. Sergio Sarmiento y Maria Luisa la China Mendoza, figuraron con entrevistas de antaño; bromas, opiniones y declaraciones acerca de Los juegos salieron de las fauces del entonces joven RAF. Ahora que -como dijo C. Bracho- peina canas el homenajeado, atento a las imágenes de la nostalgia, mantuvo una leve sonrisa en el rostro.

Apenas terminada la reproducción, tomó el micrófono y agradeció, regocijado en placer, la atención de sus lectores. “Escribo por vanidad. Gracias por este francamente merecido homenaje. Nunca olvidaré este día.”, concluyó modestamente el pláceme. Diez treinta y uno, Cuauhtémoc Pérez tomó su turno en tono fresco. “Brillante trayectoria la de René, escritor, docente, académico, periodista, merecido se lo tiene”. Breve, destacó incluso el “sexapil” del creador con sus alumnas, para terminar la vanagloria con un abrazo fraterno y dar paso a la primera mesa de discusión “Los juegos y la literatura”. Cinco minutos se pidió al auditorio para reacomodar a los ponentes. Tiempo justo para la retirada estratégica de los hipócritas y aburridos; o muy ocupados, caso del Lema Labadie, quien se llevó a la mitad de la sala consigo. Quedaron en las sillas, a expensas de la mirada incisiva del homenajeado, los verdaderos fans. Hasta atrás, casi en la puerta de salida, pudo verse al coordinador de la carrera de Comunicación Social de la UAM.X, Luis Razgado, entre pesado y nervioso. Lo demás aterrizó a su tiempo, cada ponente se dio oportunidad de entregar, la mayoría en melodioso tono de celebración, sus textos homenajeantes.

Toma la palabra Andrés de Luna, Jefe del Departamenteo de Cultura de la UAM.X, y la toma en serio. “René escribió Los juegos con odio y un fuerte sentido crítico sobre los usos del poder en el año 1967, declaración de guerra finalmente ganadora en el terreno editorial”. Tira Dionicio Morales, deleita al público con uno de sus famosos recados, en esta ocasión, obviamente dedicado a RAF. “Tu irrupción en la literatura mexicana fue un bombazo, aún padeces el odio que provocaste. Viste al artista como debe ser, crítico. De ahí tu crítica acérrima. Te debemos la apertura de la época en este tipo de lectura sana, certera, a veces sanguinaria. Tu novela te aisló del círculo pero te convertiste en mensajero de la verdad”. Y para no mal concluir su participación refutó, no sin ánimos de provocar la reflexión del agasajado, “Lo peor de la mafia es no pertenecer a ella”.

Llega el clímax en la mesa con Eve Gil. Desalineada, aguerrida, constante y ácida en su prosa, asistió el discurso desde el ojo analítico y comparativo que le caracteriza: “Cuarenta años de literatura con RAF. De su izquierdismo sesentero en Los juegos pasa a imprimir dejos de derecha en su última novela El Reino Vencido, evolución y desestanco de su ideología. Y es que, se puede ser crítico del sistema sin caer en el panfleto”.

El auditorio muestra satisfacción con las palabras descriptivas de la Gil, pues dibuja a Fabila con descocada gana, para dar finalmente su enfoque “RAF, uno de los escritores más desmadrosos que ha dado México”. El escritor y periodista Ignacio Trejo Fuentes, no asistió al evento por razones de fuerza mayor, fue leído por Rosario Casco, Subdirectora de la Fundación René Avilés Fabila A.C. Enfatizó y agradeció Trejo el despertar del morbo provocado por Los juegos, texto catalogado por su desenfadada forma, típico de su época, tiempo en que “La onda” dominaba el argot literario. Once treinta y siete. Para finalizar la mesa de discusión, Felipe Gallardo, Coordinador de Actividades Culturales en la UAM.X, participó: La novela de RAF fue una “bomba al campo de los juegos culturales que destapó a la mafia de finales de los 60. Los juegos es, sin duda, incorrección política para camuflar la crítica de carácter veraz, condena a la elite intelectual de esos años”. Termina la primera jornada, sedientos, salen los oyentes a beber café mientras la segunda mesa “Los juegos y la política”, ultima detalles de iniciación.

Cinco minutos para las doce. Principia la segunda ronda. A la mesa los periodistas Carlos Ramírez y David Gutiérrez Fuentes, la humanista Bettty Zanolli, el actor Carlos Bracho y el periodista Jorge Munguía. Ahora el verbo ronda al contexto polaco del nacimiento de Los juegos. Vivaracho, habla C. Ramírez: “El libro aparece cuando el marxismo aún marcaba tendencias, era la ideología de época. Se forman entonces grupos intelectuales en México, confrontan primero a López Mateos y luego a Díaz Ordaz. Tiempos escandalosos vieron nacer la novela de RAF. Texto reflejo y reflexión a razón de pertenencia al Partido Comunista”.

Zanolli deslumbro con su maestría al auditorio entero, veinticinco minutos continuos. Por respeto expongo minuciosidades interesantes de su ponencia: “La obra de RAF es humanista por su perspectiva política, porque si hacemos política contemplamos al hombre”. Oradora especializada en el arte de la excelente pronunciación, dibujó detalladamente la figura infatigable de un “gran escritor, creador y periodista”. “Así, con gran valentía, RAF desnuda con su voz la conducta humana”. Zanolli atrapó la atención del público, no en cambio la del joven Gutiérrez Fuentes, quien sin pena tomó en lo alto la última obra del halagado para leer mientras Betty finalizaba su desenfrene. Educado, imponente y caballero, Carlos Bracho sigue las glorias.

Apenado, ¿quién no lo estaría?, de continuar después de la docta participación de Zanolli, toma el micrófono y se deja llevar. Con ese timbre de voz que le caracteriza, agradece la convocatoria de RAF. A paso lento pero firme, palabra a palabra y sin desmeritar la gracia del evento invita: “Ojalá al terminar podamos ir a la cantina, a celebrar como se debe”. Con ahínco describió el contexto corrompido de los 60. Entre remembranzas pintó la desesperanza del pueblo por el desairado y corrupto ambiente político. Recuerda a RAF interrumpiendo el hilo, “entre mejor hable de ti, pagarás más tequilas a mi favor en la cantina”.

Para finalizar su breve pero sensata participación, por cierto “analógica a una fantástica casa de citas”, parodió una escena representativa de la actitud política en el ambiente de la época. Llegó el turno de Gutiérrez, quien siguió el ritmo breve de Bracho y recuerdó: “¿Qué pudo haber llevado a un escritor de carácter marcadamente narcisista a adentrarse al mundo arrollador de la cultura mexicana? El pedido de un editor “ordeña vacas” que por espanto decidió no publicar, debido a la ácida crítica del autor al grupo intelectual dominante de esos tiempos”.

Entre risas y sorpresas, comenzó a escucharse la voz de Jorge Munguía, a manera de cuento desarrolló: “En la época de los 60, los intelectuales eran reunidos por el estado, asignándoles puestos de funcionarios públicos. Así, el estado podía mediar, chayoteramente, la opinión de estos “líderes”. Sin embargo, la mafia no dominaba en todos los medios. Nace el taller Mester, se publica una revista bajo el mismo nombre, donde destacan entre otros José Agustín y RAF.

Comienza a difundirse críticamente una opinión descalificante de la mafia cultural de la época. Ahora, no hay un clan como el criticado por René, hay varios. Pensemos en eso y demos vigencia a su novela Los juegos“, concluye. Una de la tarde con quince minutos. Termina el evento con palabras de RAF: “Gracias por todas las cosas bonitas que mis amigos dijeron de mí, ninguno se irá sin su sobre de retribución ¡Eh! Que este homenaje, sea el inicio de muchos otros, pues para eso escribe uno, para que se le reconozca con el tiempo. Pasamos ahora, al brindis de deshonor, a beber, no a celebrar”, remata con broche etílico, como todo un profesional. Entre copas de vino y bocadillos “nice”, RAF autografió sus obras, disfruto de los elogios de sus fanáticas empedernidas y se dejó tomar fotos junto a sus alumnos.

Cancro es cáncer

Sobre la calle de Madrid, en el número 13 para especificar, esperé, sentado frente a La Capilla (teatro de Coyoacán), el momento de ver por fin la obra; los miércoles a las ocho es la cita según la cartelera. Bajo un ambiente tranquilo, íntimo y reconfortante, ese que solo el teatro independiente ofrece, se abrieron las puertas de la sala.

Un mundo de sillas terciopelo rojo aguardaba, semioscuro espacio para el deleite. Sin prisa entré, algunas personas miraban tímidas el escenario. Hasta los anuncios previos y las llamadas eran actuados. Lo de más es vanidad: excelente juego de luces, diálogos soberbios, discursos bien estructurados; lugares, personajes y vidas comunes de una obra no tanto.

Canto, guitarra, utilería simple, humo de cigarrillo dibujando cada intención en el aire suspendido. Miradas encontradas, perras que se piensan gatas y una bugambilia que aún no crece. Todo es antes de Grecia y después de una Big Mac. Mientras, cuatro mujeres en celo corren tras sus miserias en busca de, solo sabe Dios qué. Hasta que lo encuentran.

Cancro es cáncer. Obra de historia, no de actores protagonistas. Pizca épica del dramaturgo, poeta y teórico alemán Bertolt Brecht, con tintes estéticos de Pedro Almodóvar. Diseño efímero, performance, moda, danza, ejecución instrumental, son algunas de sus más destacadas características. Obra promotora por los derechos a la convivencia elegida, a la diferencia, la salud y  el amor. Después, con los ojos deslumbrados, salgo y dejo mi silla terciopelo rojo, otro la utilizará para ver el mismo arte, hasta el 27 de junio habrá oportunidad, antes de sanar de cáncer La Capilla.

En la puerta, Alberto Patiño, estrecha mi mano, tensa del talento, de la garra de quienes actuaron convencidos. Un verdadero placer, le ofrezco en frase al despedirme. Queda abierta la invitación, dice el director, excitado por el fin de la puesta. Habrás de correr la voz si ha sido de tu agrado, añadió. Y heme aquí, corriéndola. Cancro es cáncer. Más que una obra de temática gay como dicen otros, la puesta en escena a cargo del director Alberto Patiño y la producción de Proyecto veintiuno, es una certera muestra del dolor, físico, emocional y mental de esta enfermedad.

11May07