Padezco la estúpida angustia del fin del mundo

Hola, papá, mamá:

Les escribo para que no se olviden de mí. Para no perder la costumbre.
Porque los extraño siempre, todos los días, a cada instante. Cuando miro al cielo o huelo en el aire el azahar de primavera.
Les escribo porque no hay más remedio. De otro modo, los siento más lejos. Menos míos.
Porque he pensado en grabarles un vídeo o audio, para que sean mi voz e imagen las que comuniquen emociones,
pero siempre me detiene la sospecha de que invertiré días intentando explicarles cómo reproducirlos en su computadora.
Les escribo, también, porque a veces es la mejor forma de chismearles noticias: me explayo sin límites ni temor de resultar demasiado parlanchín. Cuando les escribo no tengo que cederle a nadie la palabra y son sólo las mías las que los aburren o entretienen.
Les escribo porque los amo y padezco la estúpida angustia del fin del mundo.
Odio pensar, aunque todos me acusen de imbécil, en que se nos acaba el tiempo y no podré abrazarlos y besarlos una vez más.
Porque hace dos días, Raúl y yo vimos un pinche documental de History Chalennel sobre Nostradamus y conseguí sumirme en la más horrorosa e inútil ansiedad.
Les escribo porque estoy contento, a pesar de todo, y busco compartirlo.
Les escribo porque sí.

Israel.

Todos tenemos un monstruo dentro

Primer recital de narrativa del Taller de Ecritura Creativa de Sevilla

Llegamos al final de la primera aventura. Con tumbos y sobresaltos, risas, gozo, revelaciones, incomodidades, encontronazos abruptos con los monstruos vanidosos que viven dentro de nosotros (los escritores en ciernes), con entusiasmo, satisfacciones, renuncias, postergaciones, compañerismo y aprendizajes varios, concluye el primero de los cursos cuatrimestrales de nuestro no espacio de cervezas, tabaco, vino dulce y cafelitos con leche.
Robo un poco del espacio de este blog para digerir, y al mismo tiempo compartir, mis emociones y más sincero agradecimiento a mis muy queridos alumnos-compañeros de taller, pero también con la intención de hacer contacto con otros a quienes, como nosotros, se sienten atraídos por la llamada de las letras.

"Un mostrio escribe". Ilustración de Raúl Chacón Carrasco.

Mis grandes maestros me dijeron siempre: “La escritura creativa no se enseña ni se aprende. Se redescubre, en todo caso.” Y tienen razón. Hoy, ya puesto manos a la obra, rectifico. Y es que la escritura creativa es una habilidad intrínseca a los hombres alfabetizados. Quien sabe leer, puede escribir. Cómo lo haga, depende únicamente de él mismo.

Hace algunos años, frente a semejante negativa, me sentí solo, angustiado. Y busqué orientar mi camino. Dependía de mí, como dependió de los participantes de la primera generación de este taller, encontrar la vía que me permitiera hallar el grial de todo escritor incipiente: la técnica, la propia voz.
Ese conocimiento, entonces visto enorme, apabullante, complejo, pero nunca imposible, hoy lo acojo entre mis brazos con gran placer y, por qué no decirlo, inquieta curiosidad, luego de adentrarme en los libros, siempre deslumbrantes y, por supuesto, de andar a paso firme haciendo caso de otras voces, siempre y cuando esas voces me sedujeran. Hoy escribo ya sin tanto desconcierto y a sabiendas de mis propios límites y capacidades. Escribo y soy feliz.
Ahora, esa primera generación de inquietos escritores que, desorientada, escuchó mi voz, detiene su andar por estas tierras muchas veces antipáticas, donde fueron llevados, incluso a rastras hasta lo más profundo de sí mismos, para diseccionarse y así entenderse; donde a tropezones y en contra del pudor, se quitaron la ropa para verse en el espejo y permitir, muertos de miedo, que otros los vieran. Ganando en auto-reconcomiento, confianza y objetividad con respecto a su propia obra y el sentido mismo de su labor como escritores.  Hoy, ese puñado de guerreros, se van para, quizá, escribir y ser felices. Y no sé si habré conseguido, en efecto, bien orientar sus inquietudes. De ser así, me doy por bien servido y agradezco sus oídos, sus ojos, sus mentes. Tanto como valoré otras sabias voces. De estar equivocado, les pido disculpas e intento redimirme nombrándolos mi tercera gran fuente de conocimiento. Primero los libros, luego mis maestros. Pues aprendí, sin resquemor alguno lo digo, mucho más de lo que pude haberles hecho ver. Gracias. Muchas gracias.
Siéntanse pues, libres de continuar el debate conmigo. Esa conversación siempre amena e interesante con que iniciábamos o acabábamos las sesiones del taller, para permitirme escuchar ahora, con más ímpetu y conocimiento de causa, la inmensa cantidad de asuntos que sé, les interesa comunicar al mundo. Considérenme, los invito, a ser siempre uno de sus tantos lectores.
Digerida esta panda de sentimentalismos, me despido, no sin antes recordarles nos queda un ejercicio más por realizar, aquél que nos permitirá cerrar y dar sentido al proceso creativo individual: el recital de narrativa, donde tendremos la oportunidad, invaluable, de enfrentarnos directamente al público lector(escucha) y así, comunicar, pronunciarnos literariamente.
La cita es el próximo sábado 26 de febrero, en punto de las 7 de la noche, en el bar Platea (Alameda de Hércules, 87). La entrada es gratuita y el evento es totalmente abierto. Siéntanse con la libertad y el entusiasmo de invitar a sus amistades y familiares, pues esa noche compartiremos con ellos la dicha de la escritura.
Nota al pie: Y si tú que lees y no formaste parte de la primera generación del Taller de Escritura Creativa de Sevilla, también te sientes atraído por la llamada de las letras, no dudes en acercarte. Sea quizá, el punto de partida en tu búsqueda del grial. Todos tenemos un monstruo dentro, lleno de vanidad, deseoso de salir y convertirse en escritor.

Carta a Lila Downs

Hola, Lila:

Me pongo en contacto contigo, por vez primera, con la ilusión de atrapar tu atención unos minutos y compartirte así un poquito de mi historia. Voy a confesarte que, motivado por el más exuberante impulso amoroso, me dejo intentar alcanzarte en el manto estelar donde brillas, esplendorosa y fridezca a más no poder.

Te escribo desde mi habitación en la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores (en Córdoba, España), lleno de esperanza, desde el mismo ex convento donde hace dos años viviese Jesús Delgado, talentoso guitarrista con quien has trabajado en el pasado y quien comparte Zapopan contigo como tierra que le vio nacer.

Siempre te he considerado entre las cantantes mexicanas más geniales de la historia, pero hay alguien que te admira más…

Soy mexicano, defeño, para ser más exacto, y, como tú, me aventé a cruzar el charco atlántico en busca del reconocimiento y las oportunidades que en nuestro ciego y atolondrado país, están absorbidas por las mafias selectas del mundillo cultural. Así llegué a la Fundación Antonio Gala (donde trabajo en un proyecto literario).  Poquito después de pisar suelo español, conocí al ser humano que más amo en el mundo y por quién, realmente, me animo a contactarte. Quién realmente hace de ti una diosa universal.

Se llama Raúl Chacón y, ese sí es tu fan. Tiene toda tu música y se la pasa, siete por veinticuatro, escuchándote y cantando, añorando, un día, pisar suelo mexicano y así, sentirse más él, más suyo (estoy seguro de que, si hubiera podido elegir, habría querido nacer en México). Nuestra relación, aunque joven, se fortalece día a día, tanto, que en nuestros planes ya figura la posibilidad de, terminando yo mi curso en España, irnos a vivir juntos a México.

Para no hacerte el cuento largo, me le quiero declarar: le voy a pedir que se case conmigo y, se me ocurrió que, si te conmueve un poquito mi timidez, podrías ayudarme a convertir mi declaración de amor en un momento inolvidable para Raúl. ¿Crees que en tu concierto del próximo 12 de marzo en el Gran Teatro de Córdoba, podrías dedicarle, de mi parte, “Yo envidio el viento”?

Esa canción tuya me estremece y, sin duda, refleja muchísimo el sentimiento de tenerlo tan lejos y tan carca a la vez. Vive en Sevilla y no podemos vernos más que los fines de semana. Así que lo extraño siempre y, como dice la rola, sin decir, quisiera ser todo lo que lo rodea para, al menos así, estar con él…

Esa misma noche, ahí, frente al teatro entero, mientras escuchamos esa hermosísima canción tuya, pienso hincármele, con anillo y toda la cosa, para pedirle que sea mi compañero toda la vida… ¿Cuento contigo?

Un abrazo fuerte, mucha gracias por atender esta carta y toda la suerte del mundo en el concierto, aunque no la necesites.

Israel Pintor.

27 de enero, 2010

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Y sí, conté con Lila.

Escucha aquí “Yo envidio el viento” de Lila Downs.