Cómo ser escritor

Instagram: @mtzleidy

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Un día lee que lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación suficiente puede escribir. Llégate a preguntar, inclusive, a qué te refieres exactamente cuando dices a los demás que escribes.

Aunque tú nunca has sentido la obligación de poner tus letras al servicio de la sociedad, te ha bastado con estudiar lo relativo al oficio y porque no tienes la certeza de encararlo con seriedad (principalmente porque te cuesta un huevo sentarte a escribir), a pesar de todo ello y de que sigues sin saber a ciencia cierta si tu corazón ha sanado, algo te dice que tu culo ocupa en este avión el lugar que debe llenar, sobre todo desde que el editor en México te hace llegar el correo electrónico donde promete que puedes tener allí una carrera literaria. ¿No es eso lo que deseas, por lo que trabajas y te mantienes vivo, la razón por la que aún estás en Sevilla, la razón por la que saliste de México? Qué irónica es la vida, piensa, ¿volver a México para tener allí lo que saliste buscando? Reconoce que tu dilema, aunque tormentoso, se resolverá unas horas después de que el avión aterrice y lo único que puedes hacer ahora es intentar relajarte y, si puede ser, dormir un rato. ¿Qué más se hace, si no, en un vuelo tan largo? Sobre todo si te comen los nervios por dentro. Convéncete de que estás allí, montado en ese avión que cruzará el Atlántico porque es absolutamente necesario conocer tu reacción.

[…]

Es curioso, atina, desde que escribes, signifique eso lo que tenga que significar, lo haces desde la desgracia, sumergido en un montón de boñiga apestosa. Lo que tú tienes no es un detector de mierda como del que habla Faulkner, todo tú eres una fosa séptica andante, sobre todo en lo que respecta al amor, que junto al sexo, descubre años después, es lo único que importa en la vida. Consuélate al menos con la idea de que uno no termina con la nariz rota por escribir mal o escribir mierda; al contrario, escribe porque se ha roto la nariz y está lleno de mierda y no tiene ningún lugar al que ir. Chéjov a la derecha del padre, amén. ¿Y consolarte así, sabiendo estas cosas te convierte en escritor?, pregúntate de pronto. Porque tú escribir, lo que se dice escribir… No eres lo que se dice disciplinado, probablemente es ahí donde se halla la causa de que escribir te sea tan difícil, pues el escritor necesita ejercer sobre sí mismo una vigilancia constante, que no se logra sin disciplina mental y emocional; y eso no es fácil.

Y tampoco es que seas tremendamente original. El tipo de narrativa que escribes ahora y con la que te empeñas en conformar una novela, la han hecho ya otros, grandes y magníficos escritores. Al menos ahora no vas por allí queriendo innovar como cuando haces la tesis de licenciatura con la que pretendes hallar los rasgos evolutivos del cuento para así proponer una transformación del género;  hoy te preocupa más hacer efectivo el supuesto dominio de los fundamentos de construcción y diseño narrativo. ¡Qué asco! ¡Qué pereza todo, maricón! Cánsate un poquito de tanta chaqueta mental.

Working progress de la novela Cómo tú todo.

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