Diario de duelo, Roland Barthes

…que esta muerte no me destruya por completo, quiere decir que decididamente quiero vivir perdidamente, hasta la locura, y que, por lo tanto, el miedo de mi propia muerte está ahí, no se ha desplazado ni una pulgada.”

No quiero hablar por temor a hacer literatura —o sin estar seguro de que eso no lo sería— aunque de hecho la literatura se origine en estas verdades.”

…Lo hago así, con energía, devoción (lo gozo con amargura): a partir de ahora y para siempre soy mi propia madre.”

Angustia, desherencia, apatía: sola, a bocanadas, la imagen de la escritura como <<cosa que da ganas>>, refugio, <<salvación>>, proyecto, breve <<amor>>, alegría. Supongo que la devota sincera tiene los mismos sentimientos hacia su <<Dios>>.”

…La Depresión vendrá cuando, desde el fondo de la aflicción, ni siquiera pueda agarrarme a la escritura.”

…Una nada levanta en mí el abandono.
Soporto mal a los otros, el querer-vivir de los otros, el universo de los otros. Atraído por una decisión de retiro lejos de los otros [no soporto más el universo…”

No tengo deseo sino necesidad de soledad.”

Creí que la muerte de mamá haría de mí alguien <<fuerte>>, puesto que accedo a la indiferencia de lo mundano. Pero ha sido todo lo contrario: soy todavía más frágil (normal: por una nada en estado de abandono).”

M. y yo sentimos que, paradójicamente (puesto que comúnmente se dice: trabajen, distráiganse, vean gente), cuando estamos agitados, ocupados, solicitados, exteriorizados, es cuando tenemos la mayor aflicción. La interioridad, la calma, la soledad la hacen menos dolorosa.”

¿Escribir para acordarse? No para recordarme, sino para combatir el desgarramiento del olvido en cuando que se anuncia absoluto. El —pronto— <<ya ninguna huella>>, en ninguna parte, en nadie.
Necesidad del <<Monumento>>.
Memento illam vixisse. (Acuérdate de aquella que ha vivido).”

No solamente no abandono ninguno de mis egoísmos, de mis pequeños apego, continúo sin cesar <<dándome la preferencia>>, más aún, no llego a entregarme amorosamente a un ser; todos me son un poco indiferentes, incluso los más queridos. Pruebo —y es duro— la <<sequedad del corazón>> —la acidia.”

Pensar, saber que mamá está muerta para siempre, completamente (<<completamente>>, que sólo se puede pensar haciéndose violencia y sin que se pueda sostener largo tiempo este pensamiento), es pensar, letra por letra (literalmente, y simultáneamente) que yo también moriré para siempre y completamente.”

La muerte de mamá: quizá esto es lo único en mi vida que no he tomado neuróticamente. Mi duelo no ha sido histérico, apenas visible para los otros (tal vez porque la idea de <<teatralizarlo>> me habría sido insoportable); y, sin duda, si hubiese sido más histérico, si hubiese ostentado mi depresión, despidiendo a todo el mundo, dejando de vivir socialmente, habría sido menos desgraciado. Y veo que la no-neurosis no es algo bueno, que no está bien.”

…Siempre (dolorosamente) me ha sorprendido poder —finalmente— vivir con mi aflicción, lo cual quiere decir que es literalmente soportable. Pero —sin duda— es porque puedo mal que bien (es decir, con el sentimiento de no lograrlo) hablarla, frasearla. Mi cultura, mi gusto por la escritura me da ese poder apotropaico, o de integración: yo integro,[1] por el lenguaje.
Mi aflicción es inexplresable pero, como quiera que sea, decible. El hecho mismo de que el lenguaje me proporcione la palabra <<intolerable>> realiza de inmediato una cierta tolerancia.”

La literatura es eso: que yo no pueda leer sin dolor, sin sofocarme de verdad…”

Duelo. A la muerte del ser amado, fase aguda de narcisismo: se sale de la enfermedad, de la servidumbre. Luego poco a poco, la libertad se hace plomo, la desolación se instala, el narcisismo cede en el lugar a un egoísmo triste, a una ausencia de generosidad.”

¿Por qué ya no soporto viajar? ¿Por qué quiero todo el tiempo, como un niño perdido, <<volver a mi casa>> —donde sin embargo mamá ya no está?
Seguir <<hablando>> con mamá (la palabra compartida siento la presencia) no se hace discurso interior (yo nunca <<hablé>> con ella), sino un modo de vida: intento seguir viviendo cotidianamente según sus valores: reencontrar un poco los alimentos que ella hacía haciéndolos yo mismo, mantener su orden doméstico, esa alianza de la ética y de la estética que era su manera incomparable de vivir, de hacer lo cotidiano. Pero esta <<personalidad>> de lo empírico doméstico no es posible de viaje —ni es posible más que en mi casa—. Viajar es separarme de ella —más todavía ahora cuando ya no está— cuando ya no es sino lo más íntimo de lo cotidiano.”

¿Por qué tendría deseos de la mínima posteridad, de la mínima huella, puesto que los seres que más he amado, que más amo, no la dejaron, ni yo ni algunos sobrevivientes pasados? ¿Qué me importa durar más allá de mí mismo, en el desconocido y mentiroso frío de la Historia, ya que el recuerdo de mamá no durará más que yo y que aquellos que la conocieron y que morirán a su vez? No quisiera yo un <<monumento>> para mí solo.”


[1] Hacer entrar e un conjunto —federar— socializar, comunizar, gregarizar.

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2 comentarios en “Diario de duelo, Roland Barthes

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