El cuento según Mónica Lavín

Israel Pintor y Carla Hinojosa

¿Qué es el cuento?

Para mí el cuento es una experiencia de intensidad. Es un género adrenalínico porque no hay concesión, es una sacudida fuerte donde toca a lector descubrir su parte profunda.

El cuento es como un alka-seltzer; es algo comprimido que lentamente va soltando su efervescencia. Entonces el reto como escritor es poder hacer ese comprimido eficaz  que posea, además, una resonancia.

Como lector yo también le pido eso a los cuentos, que no me dejen indiferente, que se vuelvan entrañables, inolvidables y no es fácil. Uno lee muchos cuentos pero de repente encuentras uno y resulta que es una marca que se queda en la piel; la maravilla es la posibilidad de capas de lectura que posee.

¿Con qué otras voces de la cuentística te identificas o familiarizas?

Sin duda diré Rulfo, porque no puedo no decirlo; la música de sus textos, esta prosa tan exacta y musical, tan contenida me gusta mucho.

Me gustan el trabajo de mujeres como Elena Garro, Inés Arredondo, Guadalupe Dueñas  y Amparo Dávila, y las siento poco valoradas. Me gusta mucho José de la Colina; Gerardo de la Torre me parece que tiene mucho poder en la estructura de cuento porque maneja la técnica de manera impecable.

En los años 50 el cuento también se nutria de los autores norteamericanos, Poe, Fulkner, pero también de Chéjov y los demás rusos: siento que el nutrimento cuentístico de mi generación y la predecesora son los clásicos del siglo XIX y el cuento latinoamericano,  estamos hechos con ese vigor, con ese brío pero también con lo que sucedía en Estados Unidos.

En E.U. existe una gran tradición con el short store, porque viene de Poe y lo han labrado durante mucho tiempo. Podemos darnos cuenta cuando leemos a Hemingway y a muchas otras voces norteamericanas como las mujeres sureñas. Casualmente creo que hay un puente entre Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas y estas mujeres  como Carson McCulers, Leonora Weltin, Flannery O´Connor, porque hay una estética y percepción del mundo muy semejante.

Juan José Arreola me gusta por su estrategia, por su elegancia, siento que es un impecable constructor del cuento, pero la veta lírica me emociona más.

Siento que el cuento es muy vigoroso en México: en cada generación hay cuentistas notables y no todos se quedan cultivando el cuento, a veces lo abandonan. Sin embargo creo que sí hay cuentistas que valen la pena como Enrique Serna; Amores de segunda mano me parece extraordinario.

La mirada sarcástica, irónica, ya viene en autores como René Avilés, Francisco Hinojosa, Rosa Beltrán y Ana García Bergua, que seducen mi gusto igual que Beatriz Espejo, con su prosa elegante y sus temas, tan delicada y fina.

Siempre busco en los cuentos la existencia de una revelación, no por la estridencia de la anécdota sino por una emoción que se deja ver como en Chéjov, el gran maestro. Creo que Hernán Lara Zavala tiene algo chejoviano que me gusta.

Algunos jóvenes que me gustan y disfruto son Luis Felipe Lomelí y Alberto Chimal.

¿Qué diferencias encuentras de forma y fondo entre los cuentos clásicos y actuales mexicanos?

La generación de Gerardo de la Torre estaba más preocupada por las utopías que quería construir y  por las que se desmoronaban, por  mitos e ídolos, por cómo ese mundo se iba poblando y despoblando de ellos.

Aparece después el tratamiento con humor o humor negro como una búsqueda de salvación, de encarar algo que duele con una mirada distinta; tal vez esto se deba en gran medida porque los nuestros son tiempos de más desencanto, de mayor hedonismo e individualismo. Los proyectos políticos individuales o colectivos difícilmente son un tema que encuentras en los cuentistas actuales. El tema del amor y una relación ha sido una constante.

Me parece que una de las diferencias notables en la cuentística mexicana es “de lo rural a lo urbano”; casi no hay cuentos que estén desarrollados en ámbitos rurales porque México se volvió urbano.

Encontramos hoy muchos más temas que tienen que ver con las fronteras, aquellas relacionadas con la trasgresión de los límites y el cosmopolitismo, el sexo por ejemplo.

Los cuentos ya no necesariamente ocurren en México o son mexicanos en el extranjero. ¿En dónde soy extranjero? ¿Soy extranjero en la relación de pareja? ¿Soy extranjera en una situación ajena a mi cotidianeidad? Los cuentos ahora tienen que ver con lo cotidiano –exceptuando al cuento negro o policiaco- con la gente común y lo que a ellos les sucede.

¿Crees que el cuento mexicano clásico y actual se permea del contexto sociocultural en que fue escrito o se escribe?

Creo que toda la literatura pos revolucionaria ve al individuo en el centro: el individuo y sus flaquezas, sus grandezas. Sobre todo esta sensación de antihéroe que tiene el cuento, porque la historia no se desarrolla alrededor del fregón, normalmente se ubica con el marginal volviéndolo figura central. Creo que esto nos hace ver cómo las pequeñas desdichas son las grandes tragedias del hombre, no sólo de ese personaje, sino de la humanidad.

A pesar de que la estética en los cuentos de Arreola sea otra situación, no podemos ver en ellos un cuento social; él está mucho más preocupado por el hombre moderno.

Villoro habla de los personajes en su vida contemporánea, con sus pequeñas o grandes desolaciones  y sus pequeños o grandes esfuerzos por sobrevivir de la mejor manera.

Me aventuro a decir que el cuento es el que puede mirar con mayor claridad el absurdo de la existencia: cuando lees los cuentos de Serna, puedes ver una mirada crítica, pero no de denuncia.

Un ejemplo muy gráfico del absurdo es Rosa Beltrán con sus Amores que matan, libro que pone énfasis en nuestra preocupación por la imagen. Y es que ya vivimos un mundo preocupado por el éxito, la imagen, lo instantáneo, lo esotérico, la felicidad rápida, aún cuando nuestro anhelos siguen siendo los mismos aunque la forma haya cambiado.

Técnicamente hablando ¿La inmediatez que vivimos en prácticamente todos lados, ha hecho que los escritores actuales descuiden la forma respecto de los cuentistas clásicos?

Creo que el cuento es uno de los géneros más limpios. Un buen cuentista solo funciona si controla su texto, si lo sabe escribir, si amalgama el tono con el que está contando. Debe saber decir lo suficiente y detenerse a tiempo. En este sentido creo que el cuento es muy exigente y la calidad se ha mantenido. Con el cuento hay un compromiso artístico porque se está apostando a la revelación, a la sugerencia, no a la obviedad.

En el cuento se exploran formas que tienen que ver con los recursos de la palabra escrita. Por ejemplo, Francisco Hinojosa tiene un cuento que está numerado, él juega con el empaque sin perder de vista la estructura de ley; planteamiento, clímax y desenlace. Cada cuento pide su tono y su perspectiva.

Puedo afirmar que en el cuento es más difícil experimentar por su carácter canónico por ello difícilmente vemos mucho cuento experimental.

¿Los cuentistas actuales están más preocupados por tener un espacio en el campo literario, que por la calidad de sus cuentos?

Cuando llegas a las editoriales con cuento, te piden novela. El cuento es visto como el patito feo, con el cuento no ocurre el éxito editorial que sí con la novela.

Los espacios para publicar cuento son reducidos; algunas revistas o suplementos lo hacen pero con restricciones regularmente relacionadas con la brevedad.

Existe una tendencia a la brevedad pero también hay quien escribe cuentos muy largos, creo que esto coexiste. En el cuento está pasando de todo, aunque la brevedad es algo muy latinoamericano.

¿Notas algo diferente en la técnica que utilizaron los cuentistas clásicos respecto a la que utilizan los cuentistas actuales mexicanos?

Algo que veo es una posibilidad de entrar mucho más directamente. In media res. En medio de la acción. Narrar la acción sin pre-ámbulo. Creo que ahora el cuento tiene esta posibilidad de hibridar con los géneros periodísticos.

Empezar in media res es parte de una efectividad propia del siglo XX porque el marco del cuento se delimita; ahora el asunto, desde su momento más intenso, se ubica en el centro del cuento. Y aunque Rulfo ya utilizaba este recurso creo que los cuentistas actuales recurren al in media res permanentemente.

Esta idea me permite reafirmar que desde los 50 hasta nuestros días no observo grandes cambios técnicos: existen cambios de temas relacionados con el entorno en que vivimos, encuentro mucho menos preocupación por lo mexicano y mucha más capacidad de asimilar las tradiciones literarias de otras latitudes. Ahora existen más redes con las literaturas del mundo y esto nos permite conocer la gran cantidad de estilos que coexisten en este momento, por ello, no veo un rasgo técnico tajante.

Aunque, sí existe ahora una ironía de la mirada teñida por una búsqueda que nos permite sacar a los personajes de la soledad o a nosotros mismos: encontrar el sentido de la vida a través de una mirada poco solemne. Ahora somos capaces de reír de nuestras formas y fondos. Tal vez la ironía sea el sello de la época, no así la experimentación con recursos literarios para empacar el cuento.

¿Cuál fue el pretexto para escribir La sobremesa[1]?

Había hecho un viaje en el que crucé Canadá por tren en compañía de periodistas de gastronomía: siempre hablar de texturas, olores, formas, hablar de algo desconocido hizo que me fascinara por la gastronomía. Creo que es el mundo de la sensualidad.

Y mientras escribía artículos, quedó en mí un sentimiento que dio para este cuento.

En “La sobremesa” me interesaba plasmar al personaje que se dedica a experimentar sabores. Por otro lado, ella, la protagonista, tal vez sea mi azar,  mi reflejo, porque yo me subí a ese tren un poco por azar. El asunto de “La sobremesa” revela algo complejo; la necesidad de importarle a alguien.

Nota: Entrevista realizada una bella tarde del 2007, en el centro de Coyoacán, D.F.
Las preguntas realizadas en esta entrevista responden al interés que por entonces tenía sobre el cuento y, sirvieron como anexo de Los suyos y los nuestros, el cuento mexicano, exponentes y evolución, tesis de licenciatura con que me gradué.


[1] Cuento incluido en Uno no sabe, Plaza & Janés, 2003.

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3 comentarios en “El cuento según Mónica Lavín

  1. Estimado Israel puse tu entrevista con mónica en mi pagina, me enantaría que la viese Mónica que tambien fue maestra mia, de manera virtual. si deseas darle una ojeada adelante, si le peudes pasar la dirección a Monica ufff enorme, mejor si me dices de una dirección de un cuento de ella para colgarlo, por supeusto con el debido permiso…
    Si hay algun inconveniente por divulgar tu entrevista me dices y la desaparezco.. un abrazo pintor

  2. Hola, Rubén… No hay problema. Más bien gracias por darle espacio en tu página a mi entrevista. Con gusto te paso el correo electrónico de Mónica. Es una adoración. Pero dame una dirección tuya para poder escribirte. Y también pásame la dirección de la página donde colgaste la entrevista.
    Un abrazo.

  3. Hola Israel !! Me encanta tu Blog.
    Eres apasionado de la lectura, y de la buena.
    Soy Agustina de Rosario Argentina.

    Sabes, sé de un escritor muy interesante que creo que estaría bueno postear, sobre todo poruqe no hay much ainformación de él. Bueno ojalá te comuniques a mi mail para ver is te interesa. Me encanta tu blog !!
    besoos
    Agus.

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