Guelcom tu Spein

30 de sep. 4:45 p.m. Frankfurt, Alemania. A veces me espanto a mí mismo cuando pienso las cosas que, inevitablemente, terminan por suceder. Sí, me tocó viajar con escala: ¡muéranse de envidia! Me aventé casi 12 horrorosas horas de vuelo desde el defectuoso hasta acá. El avión se retrasó porque “el sistema de cómputo falló” y había que trazar manualmente las coordenadas del vuelo. Y si creen que no pudo ser tan malo y no podía ser peor, agárrense, me tocó sentarme justo en medio de dos personas del doble mi rodada. Una lencha pedorra: era lesbiana, estoy seguro, y se echaba unos pedos harto apestosos, daba miedo nomás verla, sentía que me iba a madrear en cualquier momento. Y uno de esos hombres tan callados que parece jamás en su vida han pronunciado palabra alguna, de pinta huraña, tez morena, tipo terrorista de medio oriente pero sin barba: hablaba sólo alemán, pero debía ser mexicano, el mamón. Éramos una perfecta representación de diversidades, aunque, de ser honesto, habría preferido toparme con otra gente (entiéndase el “otra” así nomás, otra, claro, menos horrorosa).

(La lencha se agandayó mi lugar de ventanilla, era el lugar perfecto para medio disfrutar el viaje porque no tenía ningún asiento enfrente. ¡Pinche vieja! Pero ya digo, daba tanto miedo verla, que me paré hecho la chingada para darle el lugar en cuanto reclamó.)

A unos metros de donde me encuentro sentado hay una jaula de cristal para aislar a los fumadores (que son nada menos que la peste). Cuando la vi pensé que era un oasis. En cualquier otra circunstancia inscrita en el contexto mexicano, habría entrado y pedido regalado un tabaco. Pero como acá la gente anda con la frente demasiado arriba, preferí comprarme una caja. ¡Oh error! Los cigarros más caros de mi vida. No sabría decir bien a bien cuánto costaron, porque eso de pensar en euros aún me resulta bastante difícil. Pagué con dos billetes de 5 y me regresaron unas pocas monedas… Espero no quedarme sin fondos antes de que termine el mes gastando así…

Llegué al aeropuerto hace media hora, más o menos. No fue tan difícil encontrar la sala y terminal por la que debo abordar mi siguiente vuelo a Madrid, aunque la gente se muestra muy reticente para hablar español. Hasta los pinche gachupines: un mono (muy guapo él) me pidió en inglés un cigarrillo y, luego, como para burlarme un poco, me despedí de él en español, claro, después de darle y encenderle el cigarro: ya dije, era guapo el niño.

Estoy cansado, tengo algo de hambre. Ya quiero llegar a España. Al menos allá todos hablan mi idioma y será menos difícil llegar a Córdoba: cualquiera sabrá orientarme con poco más que monosílabos (en un inglés bastante deforme, por cierto).

Ahora están haciendo fila para abordar. Debo irme, pero antes diré 3 cosas: 1) Aquí el cielo se ve diferente, mucho más nublado que en México. 2) El proceso de registro para entrar en Europa es realmente riguroso, no tengo idea de lo que le han hecho a mi inocente compu, la recorrieron con un papel impregnado de algo, un líquido, no sé. Me hicieron quitarme los zapatos porque se detectó mucho metal en ellos (¡ni que usara botas punk, por Dios!). 3) Antes de que el avión aterrizara aquí, vi un cúmulo de nubes en el cielo: eran montes abombados de vapor muy brillante, hermosos. Después, yo fui nubes.

30 sep. 11:20 p.m. (pensar en la diferencia de horarios entre Alemania y) Madrid, Méndez Álvaro (estación del bus). He descubierto que no me gusta volar: detesto los cambios de presión, la sensación de vacío con los cambios de altura, la terrible impresión de saberse a miles de “pies” de altura, lo tedioso de escuchar las mismas indicaciones “de seguridad” en tres o cuatro idiomas: qué asco de asunto. Aunque debo aceptar que el vuelo de Frankfurt a Madrid ha sido más amable que en anterior, me tocó ventanilla.

Estoy muy cansado. Con tantos cambios horarios ya no sé cuántas horas de viaje llevo… Veamos: salí a las 10 de la noche de la Ciudad de México, ayer 29 de septiembre. Sí, un aproximado de 18 horas, sin contar las tres horas previas al despegue desde el defectuoso, así como los picos de espera en Frankfurt. Más de veinte horas, seguro llevo y aún no arribo a Córdoba. Compré ticket de bus (que aquí le dicen billete y yo pienso que me quieren ver la cara, pero no), en la línea “Socibus” (nombre cagado) y sale hasta la 1 a.m. de mañana. Con un aproximado de 5 horas de viaje hasta allá, llegaré entre las 6 y las 7 de la mañana a la Fundación (he descubierto que ningún vuelo o viaje en tierra es puntual).

Quisiera llamar a casa para avisar que estoy vivo y todavía conservo los nervios. Pero temo depositarle a un teléfono de monedas toda mi mesada y no lograr comunicarme con mamá. Esperaré a llegar. (Contrario a lo que pensé por ser esto “primer mundo”, no hay conexión wi fi gratuita en ningún lado).

No dejo de contar en pesos mexicanos y paso el tiempo realizando conversiones inútiles (porque mis matemáticas son pésimas, por más que intento contar bien).

Medio litro de agua embotellada: 1.5 euros; una llamada a móvil con Auxi (la subdirectora de la Fundación Antonio Gala): 2 euros; una llamada local a la estación de autobuses donde me encuentro, desde el aeropuerto: 2 euros (por pendejo, porque me pudo costar 50 centavos y no sabía); una cajetilla de cigarros y una caja de mentas: 5.70 euros; peaje del metro –de Barajas a donde estoy-: 2 euros; “billete” de autobús de Madrid a Córdoba: 15 euros. No haber comido nada sustancioso desde hace 6 horas y tener que esperar 6 más (aplican exageraciones dramáticas) para disfrutar de una verdadera comida, sin contar que tengo los pies hinchados, me duele la cabeza, sudo como puerco (sí, ya sé que los puercos no sudan, pero si sudaran lo harían como yo ahora), lucho contra un sueño tremebundo y cargo más de 46 kilos de equipaje, NO TIENE PRECIO. ¡Ya quiero llegar!

1 de oct. 7:30 a.m. Fundación Antonio Gala, Córdoba. He desempacado, tengo la habitación número 23. Auxi me ha recibido de manera sensacional, qué linda persona es.

Muero de sueño, la ducha me ha dejado frito, los brazos me duelen: tengo moretones cerca de las axilas. Se me cierran los ojos, pero el corazón me late tan fuerte de la emoción que no puedo conciliar el sueño. Bueno, eso y el puto susto de quedarme a medio camino, en plena madrugada, sin una sola maleta en mano y número alguno a donde llamar para pedir ayuda. Y es que se me ha escapado el bus en una parada de servicio, dos horas antes de llegar a Córdoba. Entré en pánico, imagínenme, diciendo santo y seña y pidiéndole a todos los dioses, casi de rodillas, que fuera una mentira odiosa o, ya de pasada, una broma agria. Y sí, era broma. Ocio de un puto gachupín deforme (que no, debió ser guapísimo, como casi todos los gachupines, pero en ese momento yo lo vi con sólo un ojo y grumos en la cara), habiéndome visto bajar del autobús, me mintió al decir que se había marchado el carro. Sentía el corazón salirme por la boca, lo juro. Pero bastó caminar unos metros para encontrarme a lo lejos, cargando gasolina, al Socibus. ¡Pinche español cabrón!

Por cierto, es chistoso cómo hablamos inglés los mexicanos. Cuando estaba en Frankfurt, haciendo fila para verificar mi pase de abordaje del vuelo a Madrid, un paisano (a leguas se notaba del norte, porque andaba con bota de serpiente y toda la cosa) le gritó a un fulano, muy quitado de la pena: ¡Guelcom tu Spein, Magdaleno! Y aquél remitido, muerto de la pena, se escondió entre la gente porque: 1) No era el Magdaleno que mi compadre buscaba; 2) Sintió una pena ajena inmovilizadora o; 3) Sabía, como todos los que estábamos allí, que eso era Alemania, no España.

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9 comentarios en “Guelcom tu Spein

  1. Bello bello.. te quiero harto.. unos besos grandes que yo si estuve pensando todo el tiempo en ti, y en que estuvieras bien. Pidiendo porque no te equivocaras en los transbordes y esas cosas. Un abrazo. Disfruta del cielo de alla..

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  2. pinche secre, esa es mi casa. no jodas. cuídamela bien, cabrón, que allí pasé los meses más chingones de mi vida. sabías que esa habitación me tocó a mí, pero me cambié porque se aparece una monja en choninos. UYY. Qué MIEDO. En lugar de dormir vete al pinche puente romano.

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  3. HAY COSITA, JAJAJAJ LA DE CHOCOAVENTURAS QUE ESTAS PASANDO POR AYA VERDAD Q ES PARECIDO A ALGUNAS COSAS Q TE DIJE RESPECTO A VOLAR, JAJAJAJAJ
    PUES COMO DIJO EL WERQUILLO
    ¡Guelcom tu Spein, Magdaleno!
    FELICIDADES

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  4. y la aventura solo ha comenzado…..jajajaja…porfa sigue escribiendo que me divierto mil leyendote…cuidaate mucho y diviertete

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  5. Gracias por compartir, realmente me transpotar en la imaginación ha tu vivencia. Un abrazo y desde quí mucha suerte con las matemáticas jijijijiji

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  6. “wow! Me encantó la super crónica, jejeje. Por cierto! Quedaste en mandarme los cuentos con los que te ganaste la beca, jejeje, sigo en espera ehh. Además, cuéntame como te fue con tu asuntillo ese de los boletos, jijiji. Te quiero mucho. Buena vibra y hartos besos mexicanos”

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