Hotel limbo, Mónica Lavín

Lo suyo era una lucha por acallar su soledad. Sus maneras eran los apetitos del cuerpo y los vericuetos de la imaginación. Lo suyo era atacar con la provocación y recibir la embestida de las caricias. Libraba una batalla de pieles por encontrar la manera de arropar el corazón. […] La espera era una derrota en la batalla. […] La espera también había terminado”.

Se espera a alguien porque se espera algo. Un arcángel, un portador de una noticia, alguien para revelarnos la parte que no conocemos, la parte que necesitamos rozar, exprimir, alguien para vivir nuestras tres dimensiones. Qué fracaso la espera. Nos hace tan vulnerables”.

…de haber pensado eso antes, se hubiera recargado en los pechos de los hombres que ha amado, y con el peso de su cabeza entera hubiera dejado que su oído penetrara en la carne y llegara el corazón que nunca tiene palabras. Habría escuchado corazones para poder asistirlos o para huir a tiempo. Amar es cuestión de oído, insiste…”

Tal ves amar es tener un gran oído, nada más complicado. Una oreja enorme, ni siquiera bella: suficiente”.

Es tan difícil atenderlo. Estar cerca de él. ¿Quién lo ha rozado? ¿Quién le ha hecho incisiones poderosas, quién lo ha cargado y se ha asombrado con su peso, su misterio y su frágil poder de vida? ¿Quién ha escuchado su corazón?”.

Sólo se puede perseguir la grandeza en el amor y en el arte. ¿Qué altura amorosa has conquistado o conquistarás? ¿No son todas efímeras? Sólo aquí puedes permanecer”.

Sólo mientras deseas, mientras imaginas una mano en tu cuerpo, mientras te refugias con el amante pasajero en el baño de un restaurante, detrás de una roca en la playa, en la habitación superior de la casa donde te han invitado a cenar, sólo en esos instantes la desolación no existe, no ocupa un ápice de lo que el ardor consume. Pero en cuanto ese cuerpo invade el tuyo, en cuanto las tibiezas y las humedades se descubren, re rozan, se agitan, se vuelvan, se habitan, la desolación va insinuando su estela, su después, su inevitabilidad. La que buscamos fracturar sin remedio”.

…hay quienes aman con la promesa de la sopa en la mesa y quienes aman perdiéndose, olvidando las horas y a sí mismos, y […] hay algunos afortunados que logran juntar las dos partes…”

Cada quien se las arregla para arrebatar al otro un secreto. O para inventarlo en el silencio”.

Hay casualidades que es preciso forzar”.

…dormía sola, se preparaba el café, trabajaba pero los domingos se quedaba en cama viendo película tras película y luego visitaba a alguna vieja amiga, o un amigo también con los pies fríos, no un romance, dos gustosos de un concierto o de una exposición, pero incapaces de acariciarse y de abrazarse y llorar el uno en el otro, por si eso significaba un nuevo hola que amenazaba con otro adiós y luego nadie para ir a un concierto o para comentar un libro…”

Sí, sólo se tiene el presente, al menos que una voluntad heroica, una fortuna del destino le dé una dimensión insospechada al pasado en el presente”.

Pensó que había sido adorada y que no había bastado. Nunca bastaba más que cuando la reciprocidad aventaba a dos a la tierra de nadie, al abstracto común de las pieles y los quereres”.

Yo era un hombre perdido. Perdido por una belleza imposible, condenado a cazar desnudos en los lienzos”.

La falta de certeza es el acicate de la búsqueda; aquí estamos esperando”.
Estás perdida. En el territorio de los deseos, el alma naufraga en su sed infinita. Buscas lo efímero para fundar una permanencia. Lo sabes: es imposible”.

…te ofreces al sol esperando que un rayo endurezca entre tus piernas, que te caliente la entraña y te ilumine por dentro. Pero estás sola en tu deseo, en ese limbo que no alcanza a ser cielo porque espera al poderoso. La comunión efímera de los cuerpos es de dos. Inevitablemente es de dos”.

Los labios son frontera. Una frontera tenue que elige las palabras a esculpir, que descifra sabores y texturas del mundo comestible para repetirlos en infinitos rituales, que toma y da en los besos que precisa e inventa, que aprueba o repudia con sus contorsiones”.

Respiraba a sus anchas, pero le hacía falta una voz en la casa, un pecho sobre el cual dormir. No era el del marido precisamente, porque había dejado de ser un pecho donde recargar la soledad y los sueños. Sino el pecho del amado para dormir a plenitud”.

Nota al pie: Sin duda es lo mejor que hé leído de M. Lavín. Las citas textuales son voces de los personajes en esta novela.

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