El arte de amar, Ovidio

Soldado novicio que quieres alistarte bajo la bandera del Amor, primero busca la mujer que debes amar; después cautiva su corazón; por último, procura que su pasión sea eterna. Éste es mi método”.

Mientras seas libre aprovecha el instante propicio para decir a la mujer elegida: ‘Tú sola me gustas´. No te vendrá del cielo; la mujer que tú quieras has de buscarla con tus ojos. El cazador sabe muy bien dónde ha de tender los lazos al ciervo…”

Tu primer cuidado ha de ser tener amistad con la doncella de la mujer que ames; ella es la que te facilitará el acceso a su intimidad; y si tiene la confianza de su señora y es su confidente, inclínala a que sea tu cómplice con ruegos, con promesas y aún con abundantes regalos. Tu triunfo entonces será fácil, pues que ya todo depende de tu voluntad y destreza varonil”.

También es muy propicio el momento en que ella llore la afrenta que ha recibido de su rival; procura entonces que ella encuentre en ti un vengador. La doncella, al peinar sus cabellos por la mañana, debe avivar el resentimiento -como quien ayuda con el remo el impulso de las velas- y decir sin gran importancia: ‘Dudo que puedas vengar a tu gusto el agravio´.
“Inmediatamente después debe empezar a hablarle de ti con palabras y jurarle que mueres de un amor que toca la locura”.

El indomable toro se acostumbra al yugo con el tiempo; y con el tiempo el fogoso potro aprende a soportar el freno. Un anillo de hierro se desgasta con el frotamiento continuo; y la reja del arado se va embotando a fuerza de labrar la tierra asiduamente. ¿Qué existe en el mundo más duro que la roca y más blando que la onda? Con todo, el agua acaba por socavar la peña. Insiste, y con el tiempo vencerás…”

Quizá recibas una contestación rogándote que ceses en tu insistente asedio. Pero yo te aseguro que ella se quedará temblando de que obedezcas su ruego; redobla entonces tus solicitudes y bien pronto las verás satisfechas”.

Desea mil felicidades a tu amada y al que tiene la dicha de compartir su cama, aún cuando en lo más recóndito de tu alma profieras contra éste último mil insultos y maldiciones (…) Venus y la Fortuna se complacen en favorecer sólo al audaz”.

¡Cuántas veces el que finge un amor que no siente acaba queriendo de veras! ¡Oh jóvenes, tengan indulgencia con aquellos que empiezan por engañarlos! Piensen que muchas veces un falso amor se convierte en verdadero”.

Asimismo estimo muy eficaces las lágrimas, capaces de ablandar al diamante. Si te es posible, que vea húmedas tus mejillas. Si el llano no acude a tus ojos a media de tus deseos, restrégatelos con los dedos mojados. Además ¿qué pretendiente experto no sabe intercalar entre las palabras sugestivas besos ansiosos?”

La cierva cargada de años no caerá jamás en los lazos traidores”.

Si la conquista es obra del azar, conservar lo conquistado es obra del arte”.

Aplícate al cultivo de las bellas artes (…) Ulises no era hermoso, pero sí muy elocuente, y dos divinidades marinas sufrieron por él angustias tremendas”.

Una complacencia simpática consigue el amor de todos los corazones; la sequedad en el trato engendra odios y luchas implacables”.

Me honra llamándome el poeta de los pobres porque amé siendo pobre, y como no podía entregar regalos, pagaba con mis versos”.

Las guerras, con los partos. Con las amigas, vida de paz,  y juegos y delicias para mantener la ilusión. Si fuera esquiva a tus pretensiones, paciencia y ánimo. Con tiempo y saliva… se ablandará”.

Y si está fuera de Roma y te escribe: ‘Ven enseguida´, si tienes biga, en biga, si no a pie y corriendo, marcha en el acto porque nada odia tanto el amor como la lentitud”.

El amor débil en su nacimiento, cuidado con celo, y si lo alimentas constantemente, adquiere con el tiempo gran fortaleza”.

Que día y noche estés presente en su imaginación. Y cuando te notes convencido en absoluto de su fidelidad, emprende un viaje corto para que la ausencia avive en su amor la inquietud y, quizá, los celos (…)
“Salvo excepciones como las indicadas, el tiempo debilita los recuerdos, el ausente cae en el olvido y… otro viene a remplazarlo”.

Puedo asegurarte que hay algunos a quienes no conviene la constancia en el querer, porque al no hallar obstáculos ni rivales, o cuando menos, sospechas, se desaniman y languidecen”.

El fuego del hogar envuelto de cenizas se extingue inexorablemente. Pero si arrojas sobre sus rescoldos azufre, verás surgir las llamas y otra vez movilizarse su gran resplandor tan grato”.

Solamente quien se conozca podrá amar con sabiduría, pues atemperará sus condiciones a los inconvenientes de las empresas”.

Pero que el orador impertinente no interrumpa el discurso de los discretos, ni el poetastro cursi se ponga a recitar sus engendros”.

…no te debe parecer humillante aguantar sus insultos y si es preciso los pellizcos y arañazos, y besar luego con amor sus lindos pies”.

Los poetas, por desgracia, sólo versos les podemos dedicar, pero les aseguro que sabemos amar como nadie y que, además, solemos inmortalizar el nombre de quien nos corresponde”.

El jinete experto sabe que no se gobierna lo mismo al potro cerril acabado de arrendar que al caballo acostumbrado a tascar el freno. Pues por eso creo yo que debes desplegar distintas seducciones si intentas cautivas a un jovencito inexperto o a un hombre maduro. Aquél, fogoso e ingenuo, no debe separarse de ti. Es una planta débil que necesita muchos cuidados y una especie de estufa. Vencerás al hombre mientras seas única para su amor, pero teme a las rivales. El imperio de Venus como el de los reyes no admite división. Éste, el hombre maduro, viejo soldado mil veces victorioso en contiendas de amor, amará sin comprometerse e incluso es probable que por cautela soporte lo que el novicio puntilloso y romántico se negaría a soportar. Lo que sí te aseguro es que ni aporreará ni intentará forzar tu puerta, ni te clavará las uñas en las suaves mejillas, ni desgarrará patéticamente su túnica y la tuya, ni serán motivo de llanto los cabellos que te arranque. Estos excesos se quedan para los jóvenes, todavía crédulos y apasionados. El hombre madura, aguanta los golpes y casi le dan placer; se enciende poco a poco, como la leña húmeda o el ramaje recién cortado en el bosque. Su amor es más seguro y más suave. El del otro, más pasajero y violento; consigue con presteza el fruto que sele escapa de las manos. Oído al conejo: que todo se rinda a la vez, que las puertas se abran de par en par y el enemigo se crea seguro en medio de la traición; lo que se alcanza fácilmente no estimula a la perseverancia y de vez en cuando precisa mezclar la repugnancia con la complacencia. Que llame furioso a tu puerta. Que ruegue. Que exija. Que amenace fuera de sí. Acaba por disgustarnos el dulce y buscamos sabores amargos”.

Es preciso que me cierres tu puerta, que yo intentaré abrirla, que tu criado me diga ¡no se puede pasar!… La prohibición excitará con violencia mi afán (…) Vengan las nuevas, tan agudas, aun cuando exista el peligro de herirnos con su doble filo”.

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