La multitud errante, Laura Restrepo

En voz de Matilde Lina:

Sabía bien que toda rareza es prodigio y que todo prodigio trae su significado”.

Son lecturas que haces con el deseo cuando la única certeza que te ofrecen está hecha de frases inciertas”.

Tal vez si fumara me atiborraría de cigarrillos para sobreaguar durante estos días que resultan teatrales de puro angustiosos, pero como no fumo, me ha dado por leer con la compulsión de quien no quiere dejar lugar en su cabeza para ningún pensamiento propio. Pero todo lo que leo me habla de mí misma, como si hubiera sido escrito a propósito para impedirme escapar. No parece haber remedio, pues, ni escapatoria posible. Ni siquiera en la lectura-“.

-Apiádate, Dios mío -le ruego a una divinidad en la que nunca he creído ni creo-. No me obligues a amar a quien no me ama. Mándame si quieres las otras Siete Plagas, pero de esa, y de este intolerable olor a mortecino que me envuelve, exonérame por caridad, amén”.

…y me senté a sus pies, a esperar que hablara. Pero los silencios enquistados tienen dura la costra. Él se guardaba sus cosas, yo me guardaba las mías y cada quien soportaba por dentro la marcha de su propia procesión. Mucho ansiaba yo que él rompiera el silencio, y él, callado, lo dejaba en manos mías”.

Yo lo que quiero es un hombre como Dios manda: bondadoso como un perro y presente como una montaña. Al diablo Siete por Tres; ipso facto me desentiendo de ese sujeto; no vuelto a hacerle el honor de dedicarle un pensamiento; me lo repito una y otra vez…”

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