Dos cosas que detesto

Detesto, sin lugar a dudas, cargar cosas pesadas, arrastrarme por el suelo, llenarme de polvo o cualquier sustancia volátil que entre en mi nariz hasta hacerme estornudar. Manchar mi ropa, ensuciarme con enjundias desapacibles, sentir granos de polvo en la cara. Polvo, polvo, maldito polvo. Esas cosas de “hombres” me purgan la existencia.

Detesto también el desorden en mi casa. A veces deseo vivir en un espacio más ordenado, definido; no aburrido. Un lugar donde cada cosa tenga un oficio y cada sitio cumpla una función. En mi casa nada está donde debe.

En el laboratorio de fotografía (porque no hace mucho tenemos uno), hay también herramientas tiradas y basura donde quiera. Siempre (costumbre de papá), hay negativos, bolsas, notas, cuadernos, tornillos, tapas o cualquier mugre similar invadiendo la mesa del comedor.

En el cuarto de edición estorba un sillón inmenso a la mitad de todo, en las mesas de trabajo hay infinidad de bolsas revueltas, más notas, herramientas y casetes; en el suelo está revuelto el equipo de video y, finalmente, los estantes que deberían organizar películas, más bien las desorganizan.

A papá le da igual dejar herramientas en la sala, cocina, patio, etc. Lo detesto, ¿cuesta tanto regresarlas al cuarto de herramientas en la azotea?

Detesto también la cantidad de porquerías acumuladas en los cuartos de triques. ¡Hay dos cuartos de triques en esta casa! Uno no basta para todas nuestras porquerías. Están llenos de “gangas” inevitablemente adquiridas. Mi papá es fan de las “oportunidades”.

Ejemplos hay muchos, podría hacer una lista de los objetos inservibles que ha conseguido en “gangas”. El más horrible es una sala antiquísima guardada en el cuarto de la azotea. La sala, de madera apolillada, vestiduras manchadas, viejas, olorosas a orín de gato, está hoy en espera de una mágica remodelación. ¿Para qué? No sé. En esta casa sobran sillones que nadie utiliza.

Puedo seguir enumerando el detestable desorden en mi casa. Prefiero no hacerlo. Me llega de repente un remordimiento extraño. Al fin ya desahogué dos cosas que detesto.

10Mar08

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