Asalto al infierno, Oscar de la Borbolla

…luego de tres semanas de estar inmóvil dentro de la tumba, todavía me preocupen los lectores y misuerte literaria: de veras que la vanidad es lo último en morir”.

El amor es como los eclipses: raras veces sucede, pues aunque en principio podamos enamorarnos de cualquiera, en realidad resulta muy difícil: se requiere que esa media burbuja que es nuestro amor emerja hasta la superficie y, además, que coincida con esa otra burbuja incompleta que es el amor ajeno. Por ello, cuando se da, dura un instante como todas las pompas de jabón y los eclipses: el amor es perverso: es como la sed o el hambre, una necesidad, pero una necesidad diferenciada a la que no es posible saciar con cualquier pan, ni con un sorbo tomado en cualquier parte: es una sed sólo de esa agua y un hambre de una persona exacta; pero la persona es infiel a sí misma, inoportuna, no hay modo de bañarnos dos veces en ella, es como el río de Heráclito”.

Yo bajé, Ella subió, en ningún momento nos encontramos”.

¿Cuánto nos falta? Estamos, le respondí, a la mitad del último capítulo. Nos miramos en silencio: los dos sabíamos que era inútil buscar mediante presiones que mi ánimo se atemperara”.

Convoco a todas las fuerzas vivas de la patria, a los jóvenes que tienen fresca la capacidad de indignación, a los de espíritu verdaderamente democrático, a los que sienten un asco espontáneo por la forma como está concebido en más allá; hago un llamado a todos, para que juntos nos vayamos al infierno”.

Es inútil, por lo tanto, describir al Demonio, ya que, salvo los cuernos, que resultan el denominador común, en todo lo demás cada quien trae su propio Diablo en la pupila”.

La vida es un camisón de fuerza que los demás nos ajustan, siempre esperan algo de nosotros: que sigamos fieles a nosotros mismos, que mantengamos nuestra palabra, que demos lo prometido; y si nos apartamos del cauce, de inmediato levantan indignados el retrato de lo que fuimos para exclamar con censura: “Nunca lo creí de ti”, o para decir entre lágrimas: “Me has fallado”, y uno tiene que recular, convertirse en la estatua que los demás aprecian, reasumir su papel y ejecutar por enésima vez la tullida representación de uno mismo con los parlamentos probados”.

Son las seis y media de la tarde y no cambio de tema, insisto: estoy física, espiritual, biológica, sociológica, filosófica, económica, psicológica, química y matemáticamente harto de mi vida y, según mis cálculos, usted también estimado lector: de otro modo no estaría leyendo este libro para distraerse”.

Si cualquier lector tiene el privilegio de seleccionar a sus escritores, es justo que alguna vez un autor ejerza el derecho de decidir quiénes serán sus interlocutores. Considero que la publicación de un texto no es razón suficiente para que cualquier hijo de vecino se crea facultado para meter sus narices donde no lo llaman, y como no voy a volverme críptico para expulsar a nadie de esta página, exijo a los felices que se larguen”.

Una aventura fácil se disuelve muy rápido en el ácido de los días monótonos: es un pivote que nos devuelve tranquilos al cauce de las horas domesticadas”.

Para avanzar es preciso que los pasos no se inscriban en ningún círculo, ni siquiera en la espiral del placer que a cada tanto revive: así se atornilla “el amor consuetudinario”.

…el amor no es a prueba de intrusos…”

Entra las fuerzas que conspiran para hacernos perder el equilibrio no hay ninguna más poderosa que la del imán de la carne…”

…no son las manecitas sublimes del amor, sino las garras dobles del deseo correspondido las que nos arrastran, se enseñorean de la voluntad y, al grito de ahora o nunca, nos lanzan sobre el otro…”

…prefiero ser expulsado para siempre de la liga de los escritores “realistas”, a padecer, mientras escribo, esas atmósferas de sordidez obligatoria, esos personajes insulsos y arrabaleros que atiborran las páginas y las pupilas de miseria: “la verdadera realidad está en otra parte”.

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