La Antología es editada por el FONCA y puedes conseguir un ejemplar, generalmente gratuito en sus oficinas del Centro Histórico de la Ciudad de México (República de Argentina 13).

Publico un capítulo de mi nueva novela

La Antología es editada por el FONCA y puedes conseguir un ejemplar, generalmente gratuito en sus oficinas del Centro Histórico de la Ciudad de México (República de Argentina 13).

La antología es editada por el FONCA y pueden conseguir un ejemplar, generalmente gratuito, en sus oficinas del Centro Histórico de la Ciudad de México (República de Argentina 13).

Se ha publicado la Antología de letras, dramaturgia, guión cinematográfico y letras indígenas de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes 2013-2014. En ella se incluye uno de los capítulos de mi más reciente novela: Cómo tú todo. El capítulo, titulado “Cómo ser escritor”, fue incluido en esta antología junto al trabajo de otros jóvenes creadores mexicanos. Esta antología se edita cada año gracias al Programa Jóvenes Creadores que apoya a una buena cantidad de escritores de diversas disciplinas. En un próximo post contaré mi experiencia como becario de este prestigioso apoyo a la creación que mi país me otorgó, y cuyo proyecto dirigió la escritora mexicana Cristina Rascón (a quien admiro y quiero mucho, quien por cierto me visita en Sevilla en mayo próximo para presentar su nuevo libro) por el momento dejo el enlace de descarga del capítulo publicado en formato PDF, para que puedan leerlo, por si les resulta difícil conseguir el libro impreso.

Instantánea de una de las sesiones de taller con Cristina Rascón y mis compañeros becarios, en la ciudad de Puebla, México.

Instantánea de una de las sesiones de taller con Cristina Rascón y mis compañeros becarios, en la ciudad de Puebla, México.

También les dejo este vídeo con el que el FONCA celebra su 25 aniversario.

Cómo enamorarte

Anticipa que sufrirás y procura ser feliz. ¿Para eso hemos venido todos al mundo, qué no? Melodramas aparte. Dedica tiempo y esfuerzo a los estudios, las proyecciones de futuro donde eres una persona de provecho, exitosa (un escritor, por ejemplo), también a las amistades, a las relaciones públicas, a la defensa de los derechos humanos, a ver comedias románticas en la pantalla grande y perder la cuenta de la cantidad de helado que ingieres mientras tanto, a imaginar cómo sería tu vida si tuvieras novio (más emocionante, por ejemplo).

Dedícate a todo eso, menos a las relaciones amorosas. Sobre todo porque tu suerte en el campo del amor, desde tu infancia mocosa e inocente, no ha sido buena. Es un principio básico: el amor se escabulle entre el tiempo, la geografía y los deseos desenfrenados por encontrarlo. Por eso aférrate a la idea: para todo hay un tiempo y el tuyo no ha llegado aún, luego desea incontrolablemente, como sueles hacer desde siempre, que arribe a tu vida ese hombre maravilloso que te tiene reservado el destino, y que llegue ya, ahora mismo, aunque le jures luego a Dios, que no es aún el punto fijo del techo, serás paciente y esperarás, así te salgan telarañas en la cola, o debas cruzar el mundo de punta a punta para hallar aquel preciado bien que la humanidad entera persigue. Haz una lista de las cualidades que te gustaría tuviera ese hombre. Luego pídele uno así al universo y vuelve a dedicarte a todo menos a buscarlo. O sea, se paciente pero apúrate (simple y claro como agua).

La primera tarde, en la bolsa de mano que te empeñas en cargar al hombro (aunque varias veces te han dicho por ello señora) guarda unos libros, la cartera, un paraguas, humectante labial y tus miles de preguntas sobre la vida y la escritura creativa. Acostumbrado a las distancias largas impide que te agobie el trayecto al Centro Histórico de la ciudad. Utiliza la misma lógica que usas desde que leer te importa: todo tiempo de traslado en esta urbe monstruosa, a la que amas y odias por igual, será también tiempo de lectura, y no hay tiempo de lectura equiparable al despilfarro (aunque haya libros horrendos que te obliguen a sentir que se te acaba la vida, razón por la que siempre cargas al menos tres títulos). Cuando uno no sabe es fácil inventarse lógicas de uso recurrente para hacer la vida llevadera. Supón que ese afán es una muestra ligera de tu predisposición a ser feliz en medio del sufrimiento. No sabes. Intuyes, pero intuyes bien. Pronto descubrirás que la vida no es una historia de amor con final feliz, pero puede ser un ameno traslado durante el que lees provechosamente (y en el mejor de los casos también escribes) y que tu felicidad depende de un solo ser, un ser a veces inalcanzable.

Working progress de la novela Cómo tú todo.

Cómo ser escritor

Instagram: @mtzleidy

Instagram: @mtzleidy

Un día lee que lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación suficiente puede escribir. Llégate a preguntar, inclusive, a qué te refieres exactamente cuando dices a los demás que escribes.

Aunque tú nunca has sentido la obligación de poner tus letras al servicio de la sociedad, te ha bastado con estudiar lo relativo al oficio y porque no tienes la certeza de encararlo con seriedad (principalmente porque te cuesta un huevo sentarte a escribir), a pesar de todo ello y de que sigues sin saber a ciencia cierta si tu corazón ha sanado, algo te dice que tu culo ocupa en este avión el lugar que debe llenar, sobre todo desde que el editor en México te hace llegar el correo electrónico donde promete que puedes tener allí una carrera literaria. ¿No es eso lo que deseas, por lo que trabajas y te mantienes vivo, la razón por la que aún estás en Sevilla, la razón por la que saliste de México? Qué irónica es la vida, piensa, ¿volver a México para tener allí lo que saliste buscando? Reconoce que tu dilema, aunque tormentoso, se resolverá unas horas después de que el avión aterrice y lo único que puedes hacer ahora es intentar relajarte y, si puede ser, dormir un rato. ¿Qué más se hace, si no, en un vuelo tan largo? Sobre todo si te comen los nervios por dentro. Convéncete de que estás allí, montado en ese avión que cruzará el Atlántico porque es absolutamente necesario conocer tu reacción.

[…]

Es curioso, atina, desde que escribes, signifique eso lo que tenga que significar, lo haces desde la desgracia, sumergido en un montón de boñiga apestosa. Lo que tú tienes no es un detector de mierda como del que habla Faulkner, todo tú eres una fosa séptica andante, sobre todo en lo que respecta al amor, que junto al sexo, descubre años después, es lo único que importa en la vida. Consuélate al menos con la idea de que uno no termina con la nariz rota por escribir mal o escribir mierda; al contrario, escribe porque se ha roto la nariz y está lleno de mierda y no tiene ningún lugar al que ir. Chéjov a la derecha del padre, amén. ¿Y consolarte así, sabiendo estas cosas te convierte en escritor?, pregúntate de pronto. Porque tú escribir, lo que se dice escribir… No eres lo que se dice disciplinado, probablemente es ahí donde se halla la causa de que escribir te sea tan difícil, pues el escritor necesita ejercer sobre sí mismo una vigilancia constante, que no se logra sin disciplina mental y emocional; y eso no es fácil.

Y tampoco es que seas tremendamente original. El tipo de narrativa que escribes ahora y con la que te empeñas en conformar una novela, la han hecho ya otros, grandes y magníficos escritores. Al menos ahora no vas por allí queriendo innovar como cuando haces la tesis de licenciatura con la que pretendes hallar los rasgos evolutivos del cuento para así proponer una transformación del género;  hoy te preocupa más hacer efectivo el supuesto dominio de los fundamentos de construcción y diseño narrativo. ¡Qué asco! ¡Qué pereza todo, maricón! Cánsate un poquito de tanta chaqueta mental.

Working progress de la novela Cómo tú todo.