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Sadomasoquismo y literatura, podcast de Nicolás Alvarado

15 may

Me encontré con este podcast en Prodigy MSN hace un par de días. Se los dejo para que lo escuchen, va del Masoquismo, el Sadismo y sus orígenes en la literatura.

Pasiones simples, el libro de cuentos que ahora escribo, se inspira en las obras más representativas del Marqués de Sade; por eso me parece buena idea compartirles este podcast.

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Matrimonio entre personas del mismo sexo y adopción en México

5 mar

Aquí les va este gran reportaje que me hizo favor de pasarme Gabriel Gutiérrez, periodista, activista y amigo (por cierto, es uno de los entrevistados).
El día de ayer, cuatro de marzo del 2010, entró en vigor la reforma al Código Civil en la Ciudad de México. ¡A huevo! Con todo y obstáculos religiosos y políticos, hoy ya es un hecho que cualquier ciudadano mexicano, sin importar sexo u orientación sexual, puede contraer matrimonio y adoptar, de menos, por el momento, en el Distrito Federal.
El día cuatro de marzo será un día memorable de júbilo y celebración para México.
¡Ahora sí, puta ultraderecha, que retiemble en sus centros la tierra!

Fuente: Capital 21

Cartas de amor en Facebook

9 feb

Hace unos días, investigando para escribir un cuento, se me ocurrió preguntarles a mis amigos y Maestros sobre el asunto que me ocupaba. El Amor. Las cartas de amor de la literatura universal, para ser exacto. La respuesta fue interesante, nutritiva, merecedora de un post. Ha generado, inclusive, un tema de debate que bien podría abrirse en el área de comentarios de esta publicación.
Disfruten tanto como hice yo. Un saludo afectuoso a todos los que se detuvieron un minuto a compartirme sus comentarios…

Nota previa: He conservado las citas textuales, con caprichos escriturales y toda la cosa.

¿Cuáles han sido las cartas amorosas que, desde tu punto de vista, han marcado un antes y un después en cuanto a la percepción del amor en la literatura universal? (Se vale de todo, hasta gustos caprichosos).

René Avilés Fabila:

Tengo la impresión que las cartas amorosas han dejado una profunda huella, más en la literatura (quizá por sensible) que en la historia. Hace poco releí la correspondencia de amor del presidente Sebastián Lerdo de Tejada, cuando no llegaba al cargo y huía, junto con Benito Juárez, de las tropas francesas. Son bellas y distinguidas, era un amor puro, ahora le diríamos platónico que ni siquiera le dirigía a su amada sino a la hermana para que a su vez, se las entregara al objetivo. Muestran el lado bonito de un político, algo raro, los cabrones carecen de sentimientos y pasiones, hacen sexo, y muy mal, con el poder.
También están algunos ejemplos de lo que la correspondencia entre Abelardo y Eloisa y algunas cartas que Wilde le mando a un afamado joven, noble, para más señas. Siempre son un delicado material que poco atienden los historiadores y suelen conmover a los poetas y narradores.
Son sin duda testimonios que marcan, que influyen, al menos a los lectores sensibles, aquellos que como tú y yo somos dados a escribir sobre nuestros afectos y aversiones. Lo diría parafraseando un lugar común: vale más una carta de amor que cien documentos oficiales, donde hay tiempo para mentir o falsificar la realidad. Recuerda la renuncia de Porfirio Díaz: dice soy un héroe, soy el bueno y ya me voy para evitar la sangre de mi pueblo que tanto amo. Puras mamadas y esas, mi querido amigo, se proporcionan en la cama, como dice un experto en el “Camasutra” y en el Box Spring. Te abraza, René.

Respuesta a René:

René: qué alegría me da leerte por aquí. Como siempre, tus observaciones me dejan enlelado. Gracias por la respuesta, me voy a fijar en las cartas de Tejada, me resulta súper curioso. Ya revisé lo de Wilde y, claro, es magnífico.
Aprovecharé para hacer alarde al cariño que te tengo y enviarte un abrazo-amigo (frío, desde Córdoba, España), que te dice cuánto te admiro y agradece tus infinitas enseñanzas.

Guillermo Vega Zaragoza:

Las “Cartas a Gala” de Paul Eluard (Editorial Tusquets), que es un tomazo (454 pp.) que me recomendó una novia que tuve y que me llevó años encontrar hasta que finalmente lo conseguí. Incluye los poemas que Eluard le escribió y las cartas de contestación de la propia Gala. Es testimonio de una de esas grandes pasiones que ya no se dan en la actualidad. Ya que andas en España, consíguelo y verás.

Lena García Feijoo:

Mi muy estimado Israel, dif… Ver másícil la pones para quienes apreciamos las manifestaciones amorosas en epístola. Te diré que concuerdo con René en las cartas entre Abelardo y eloísa, me apasionan, y con Guillermo en la variable poética de “Cartas a Gala”. desconozco las de Lerdo de Tejada: habrá que seguirles la pista, desde luego. Se me ocurren, sin embargo, varias más que he disfrutado mucho: las Cartas de Amor de la Monja Portuguesa, de Mariana de Alcofardo; las cartas de Rilke a Lou Andrea Salomé (Diario florentino); las que se dieron entre George Sand y Musset; las de Quiela a Diego (como muestra de la desesperación en el abondono); las de Cyrano de Bergerac; las de Beethoven a su “amada inmortal” (quizá Antonie Brentano), cuyo sentir habló finalmente en música; las que intercambiaron Manuela y Bolívar; las de Diderot a Sophie Volland; las temerosas manifestaciones de Lev Tolstói a Valeria Vldímirovna Arsénieva, y otras. La verdad, mi querido Israel, es que soy una leal seguidora de la literatura epistolar: ¿qué mejor manera de acercarse al peculiar vínculo entre corazón y pensamiento, entre sentir y reflexión, de los personajes que nos han marcado? Te mando un abrazo y un beso grande…

Ángel del Abismo:

las de quiela para diego son hermosamente tristes y gertrudis gomez de avellaneda hace algo parecido pero medio erótico, esas son las mías jaja saluditos hasta allá niño…
Excelentes aportaciones!!! A mí, que no conozco el género, me han animado a descubrirlo… Pero, entre tantas recomendaciones, ¿por dónde empezar? Ahora tengo un conflicto!
Las de Jaime Sabines. Reales, directas, coloquiales, amorosas como su poesía. El año pasado salió un libro. Y las de Neruda, sobre todo las de su juventud y las que le escribía a Matilde cuando él aún estaba casado con Delia.
Las de San Juan de la Cruz, tanto amor y tanta pasión no he leido nunca.
las de Antonieta Rivas Mercado
Karen Wallker (Marcela Mora):
Ahí te va una probadita de lo que arriba asevero.

¡O llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!… Ver más
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
Cuán delicadamente me enamoras!

San Juan de la Cruz.

Las de San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Ávila esas cartas de amor son auuuuuuu….intensas….
Miguel Vizcarra:
O sea que el amor a Dios es mas pasional q el de los hombres?
Karen Wallker (Marcela Mora):
El amor es amor sin importar el objeto que lo provoca. El objeto/sujeto amado es sólo su detonante y no siempre su depositario. Si no, qué sentido tiene acontecer en su misterio imposible y morir por su ausencia…
Manuel Vizcarra:
Claro el amor es amor…idependientemente del objeto amado…yo no dije nunca lo contarrio…hable de la pasión q es cosa distinta…se de muchos santos que murieron por Dios…que tantos moririan por otro hombre u otra mujer?
Alonso Hernández:
PUE QUE….MIRE QUE INUNDA, HACE CAER AZUFRE O TAMBIEN…DA LA PAZ….ES MUY PASIONAL JEJEJJE….

Visita a la Mezquita-Catedral, Córdoba

27 oct

91 cosas que quiero saber y no sé

28 jun
  1. ¿Alguna vez le gusté a Jennifer, mi amor platónico de la primaria?
  2. Alfredo, el compañero de primaria con quien platicaba sobre las telenovelas de Thalía, ¿es gay como mi radar indicaba o nada más era fan de las telenovelas, o de Thalía?
  3. Edgar, Carlos, Edmundo, César, Alejandro y toda la calaña de bandidos que me hicieron la vida imposible en la primaria, ¿tendrán el futuro horrible que les planeé?
  4. ¿Será cierto eso de que uno obtiene de la vida los beneficios por los que siempre luchó, o, eso que llaman destino tiene reservados todos los finales de la historia?
  5. ¿Por qué cuando me ligan me vuelvo un completo estúpido?
  6. ¿Por qué luego de que me ligan, además de dejarme como estúpido, hago cosas estúpidas?
  7. ¿Por qué cuando creía haber superado una crisis amorosa vuelvo a buscar y querer estar con el responsable de esa crisis?
  8. ¿Existe la vacuna contra el desamor?
  9. ¿Por qué cuando besas un sapo no se convierte en príncipe?
  10. ¿Cómo se aprende a no repeler la soledad cuando nada más ella te acompaña?
  11. ¿Cómo sería mi vida si fuera mujer?
  12. ¿Cómo sería mi vida si fuera completamente heterosexual?
  13. ¿Cómo llegó el apellido Pintor al continente americano?
  14. ¿Será mentira que mi apellido no viene de otro continente y se trata de una deformación de apellidos?
  15. ¿A qué se dedicaban los Pintor en el siglo XX?
  16. O mejor aún, ¿a qué en el siglo XIX?
  17. ¿Habrá, entre los Pintor de México D.F., alguno que yo no conozca como familiar?
  18. ¿A qué edad dejaré de pensar todo el tiempo en sexo?
  19. ¿Existirá algún antídoto para nunca dejar de pensar en sexo?
  20. ¿Existirá algún elixir para lograr no sólo pensar en sexo todo el tiempo, sino también lograr tenerlo?
  21. ¿Cómo sería la vida si se tiene el don de la adivinación?
  22. ¿Será capaz mi amiguito buga, que no es tan buga, de echarse conmigo una lucha grecorromana en superficie acolchonada?
  23. ¿Si no escribiera… de qué otra manera podría esclarecerme la vida?
  24. ¿Por qué puedo ir mejor al trono cuando estoy fumando?
  25. ¿Tendré hijos?
  26. ¿La noche que dormía solito en la casa de mi tío Pepe, era Frank quien me abrazó para despedirse y por eso no puede mover más que los ojos?
  27. ¿Si Dios existe, se molestará conmigo por dudar de su existencia?
  28. ¿Cómo puede uno abrirse a la ge sin renunciar a la razón?
  29. ¿Si Vicente no tuviera novio me habría besado?
  30. ¿Gustavo habrá pensado en mí, en algún momento, como hasta no hace mucho yo pensé en él?
  31. ¿cuántas personas estarán cogiendo en todo el mundo en este preciso instante?
  32. ¿Cuántas de ellas estarán teniendo un orgasmo justo ahora?
  33. ¿Cómo se aprende a no detestar lavar las cucharas?
  34. ¿Cómo se es aprehensivo a conveniencia?
  35. ¿Qué hacer par ano padecer el sexo sin amor?
  36. ¿Cómo proceder para siempre tener sexo con amor?
  37. ¿Cómo no morirse de calentura esperando tener sólo sexo con amor?
  38. ¿Por qué soy más prolífico escribiendo cuando estoy triste?
  39. ¿Qué tiene la felicidad que me hace poco creativo?
  40. ¿De dónde se saca la fuerza de voluntad para modificar los hábitos alimenticios?
  41. ¿Cómo recuperar la felicidad ahora que mi iPod se murió y no tengo para revivirlo o comprarme otro?
  42. ¿El misterioso técnico de mi compu habrá instalado en ella, la última vez que lo vi para arreglarle algún desperfecto, un terrible virus que después de un tiempo jode la máquina para obligarme a contratarlo de nuevo? (de esta ya sé, no, era un error de fábrica).
  43. ¿Me van a pagar los 5 mil pesos que me deben en mi antiguo trabajo? (también ya sé, no me van a pagar nunca… y, por cierto, se pueden meter sus 5 mil pesos por la cola: hechos rollito en puros billetes de 20 pesos).
  44. Si ya vivo terriblemente triste por la muerte de mi iPod, ¿soportaré la muerte de mi laptop? (sigo vivo…)
  45. ¿Al Dr. House le habrá gustado tanto como a mí lo que pasó en mi fantasía anoche?
  46. ¿El amor-pasión siempre es breve?
  47. Y si no lo es, ¿cuánto es lo más que ha vivido en el interior de una persona?
  48. ¿Qué cosa, exactamente, es lo que nos produce miedo o reticencia de abrirnos sentimentalmente a vivir un nuevo amor?
  49. ¿Qué cosa, exactamente, nos avienta a enamorarnos a la mejor provocación?
  50. ¿Por qué, la mayoría de las veces, los refranes son tan ciertos?
  51. ¿Qué o a quién habrá perdido quien inventó el refrán: “nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”?
  52. ¿Cuántas personas habrán bateado a quien inventó el refrán: “déjalo ir, si vuelve siempre fue tuyo, si no, nunca lo fue”?
  53. ¿Si el dinero no compra la felicidad ni el amor, habrá por ahí algún desgraciado que quiera regalarme sus millones para quitarse la frustración?
  54. ¿Qué es la felicidad exactamente?
  55. ¿Cómo se identifica o reconoce la felicidad?
  56. ¿Cómo será echarse un rapidín a pelo sin preocuparse por contraer alguna infección de transmisión sexual?
  57. ¿OV7 se reencontrará alguna vez para hacerme el más alegre, aunque eso me exponga al ridículo?
  58. ¿Obtendré la beca para estudiar en España?
  59. ¿En algún momento del porvenir, México dejará de ser un país de enanos?
  60. ¿Por quiénes voy a votar el próximo 5 de julio?
  61. ¿Terminaré anulando mi voto debido a la frustración que me genera la actual situación de inestabilidad política y económica?
  62. ¿Cuándo conseguiré un empleo digno que vaya acorde con mis estudios y aspiraciones? (afortunadamente ya lo tengo…)
  63. ¿Para qué quiere el Estado mexicano ciudadanos educados, preparados, profesionales, si no los emplea y por eso terminan yéndose a laborar, vivir y enriquecer a otros países?
  64. ¿Qué ha hecho el gobierno federal con las toneladas de drogas, dinero y armas que ha decomisado en su “lucha contra el narco”?
  65. ¿De a cómo estará la reventa de todos esos artículos de primerísima necesidad en primera clase?
  66. ¿Por qué, si dudo de la existencia de Dios, aún hablo con él antes de dormir con la esperanza de ser escuchado?
  67. ¿Para qué cruzó la gallina el camino?
  68. ¿De qué color son las mangas del chaleco?
  69. ¿En qué nopal se paró el águila?
  70. ¿Los niños de hoy seguirán haciéndose las mismas preguntas que los de mi generación?
  71. ¿Por qué si dudo de la existencia de Dios, me genera tanta angustia la posible certeza de que no exista?
  72. ¿Por qué si dudo de la existencia de Dios, escribo Dios y no dios?
  73. ¿Sabré superar y enfrentar el fenómeno de la muerte cuando me toque vivirlo realmente cerca?
  74. ¿En qué jodido momento y por obra de qué ocioso se puso de moda disfrazar de reno o diablito a los autos de México en días feriados?
  75. ¿En algún momento de mi vida recurriré al sexo servicio?
  76. ¿Por qué no soporto ver que las puntas de los cipreses de mi casa se atoran con la marquesina del techo?
  77. ¿La obsesión se alivia?
  78. ¿Cuántos litros de lluvia han caído en mi cabeza a lo largo de mi vida?
  79. ¿Algún día dejaré de odiar mojarme con la lluvia?
  80. ¿Si del odio al amor hay sólo un paso por qué no dejo de odiar a los choferes de la ruta que me saca de mi rancho?
  81. ¿La vida se hace de buscar problemas?
  82. ¿Existe algún tipo de café que no me guste?
  83. ¿Cómo se aprende a no ser disperso?
  84. ¿Quién inventó que lo cursi, por cursi, está feo, pasado de moda o es indeseable?
  85. ¿Cuántas cursilerías habrá soportado quien le dio un tono peyorativo a lo cursi?
  86. ¿Es en los ojos y no en otro lado donde viven las mentiras?
  87. ¿En qué país del mundo la vida es como el otoño?
  88. ¿A los árboles les darán costillas cuando el viento se les cuela entre las hojas?
  89. ¿Qué tienen las llamadas melosas o mensajes de texto románticos, que te hacen sostener el celular como si nada más pudiera agarrarse en el mundo?
  90. ¿Por qué se me duermen las orejas cuando me siento expuesto?
  91. ¿Por qué me toco las orejas cuando me pongo nervioso?

Desde el miércoles de ceniza…

10 nov

A mi papá

-Atrás del altar, en la Iglesia de San Pascual Rey, el padre Nicanor aguardaba sereno la llegada de los feligreses. Daba la impresión de esperar el fin de una jornada agotadora.

Eran las nueve de la noche del miércoles de ceniza. Daría inicio la tercera imposición de la noche. Más cansado que devoto, el padre Nicanor prosiguió según debía, cargó sobre sus manos el tazón con las palmas quemadas del domingo de ramos.

El ambiente encerrado de la Iglesia, atrajo un amplio rebaño de feligreses, como las hojas secas de un árbol atraen el agua fría de la lluvia. Durante las misas antecesoras, la proclamación del padre fue más expresiva y cuidadosa, sus lecturas, atentas; entre cantos del salmo, se creaba el ambiente de Cuaresma: la ceniza comunicaba fácilmente un mensaje de humildad y conversión.

Poco a poco se llenaron los asientos de la Iglesia. Los monaguillos, diestros, rápidos y silenciosos: sometidos ante la delicadeza y discreción del padre, encendieron largos cirios de manera tan fina y cuidadosa, como si encendieran al padre mismo. Él, entonces, dejó la serenidad y se le iluminó el rostro con una gran sonrisa de satisfacción, consecuencia del arribo de los bastardos Buendía.

La multitud borboteó en murmullos, incluso para mí fue sorpresivo el arribo de los tres hombres. Hombres que nunca antes habían pisado la Iglesia, no por herejía, sino por impedimento del padre.

Miré, aturdido, la entereza del padre Nicanor. No fui el único extrañado, la congregación entera se preguntó el motivo de la llegada de esos hombres. El padre viró hacia mí, se borró la ceniza con la manga de la sotana y postró nuevamente su rostro frente al mío en espera de la tercera imposición de la noche. Marqué con mi pulgar, tembloroso, otra cruz en su frente. Un carraspeo del padre concentró las miradas en el altar. Dio inicio la misa. Se tocaron las campanas, los inciensos se esparcieron y la cera de las veladoras se consumió, los cirios empezaban a derretirse, a desaparecer.

Los Buendía retaron, sólo con su presencia, la sagrada imagen de Jesucristo crucificado, su presencia era inaudita luego de la vergonzosa muerte de su madre.

Todos conocían el deceso de la puta de Doña Cata, luego de que un borrachito del pueblo la descubriera tirada en el callejón de Altamirano, con una cruz entre las piernas y la vagina destrozada; conocían también el pecado con que nacieron sus hijos, eran de los pocos desgraciados a los que una “y” no unía su primer y segundo apellido.

Durante toda la ceremonia, los hombres permanecieron de pié al fondo del recinto, sin rezar ni moverse. Luego el padre sacó de la repisa bajo la mesa de servicio otro tazón con cenizas, lo puso en el altar, junto al tazón utilizado en las otras ceremonias. Tomó éste último. Convocó entonces al pueblo a formarse. Un mundo de señoras enchalinadas y niños huarachudos abarrotaron el pasillo principal. Los Buendía permanecieron al fondo, tan gastados y cansados como la madre que los parió.

Procuré conservarme tranquilo, sentía cómo los nervios me tambaleaban las piernas. De frente a la monumental hilera, me paré otra vez a un lado del padre Nicanor, con el sagrado Evangelio en mis manos. Marcó las frentes de los feligreses con una cruz, al tiempo en que repetía, “Polvo eres y en polvo te convertirás”, para luego pasar conmigo, besar el libro y escucharme decir, “Convertíos y creed el evangelio…”

Mis frases parecían más suspiros, las del padre se encendieron al pasar de feligrés en feligrés; terminar dejó de ser el fin para convertirse en su más consistente alegría.

Conforme los concurrentes regresaron a sus lugares, los murmullos inundaban la Iglesia. Y es que todos se preguntaban la razón de por qué estaban ahí los Buendía. De repente, uno de ellos gritó desde el fondo “¿A quioras nos toca a nosotros, padre? Desde el altar se escucho pronunciar al padre Nicanor “Ahora mismo, hijos”, como por reflejo todos nos persignamos. La inquietud de los concurrentes se debía más a la incertidumbre que a los acontecimientos. Miraron boquiabiertos a los hombres caminar hacia el altar. Sin prisa, el padre se volvió y cambió de tazón. Pocos se percataron de ello, la mayoría permanecía atenta, con la mirada estática en los Buendía. Cuando los hombres estaban frente al altar, se le escuchó decir al padre Nicanor “Pueblo de San Pascual Rey, el día de hoy seremos testigos de la portentosa fuerza de nuestro señor Dios. Nadie más que él ha logrado traer aquí a estas arrepentidas almas. Demos fe del poder divino y levantemos una plegaria por Catalina Buendía, que en paz descanse”.

Mientras pronunciaba, recordó una larga noche de placeres… Me imaginó, podría jurarlo; eso mismo indicó su mirada de reojo. Me recordó hincado atestiguando sus vericuetos con la señora Catalina. Cerré un momento los ojos, como intentando arrancarme esa idea… pero sólo reconstruía lo intenso de su mirada, que se depositaba en mí de vez en vez, como ofreciéndome probar; no pude ignorar, otra vez, como tantas veces desde entonces, los gritos apagados de la señora Catalina, que abandonaban el gozo para teñirse de pánico.

Tuvo una erección bajo la sotana, nadie más lo notó, se necesitaba reconocer la forma entre los pliegues, lo separado de la entrepierna y las telas del vestuario. Los feligreses se arrodillaron al término de sus palabras, se persignaron frenéticamente…

Esto, sin duda, salía de la tradición preparatoria de la Cuaresma, desentonaba tanto como sus arrugas faciales, lo aletargado de sus pasos y el peluquín castaño que se empeñaba en usar.

Sentí un codazo en la costilla, era la señal, me indicaba recobrar la postura y mostrar el evangelio a los Buendía, me concentré en ello, era lo más importante, lo debido, era mi camino, el único, por el que siempre había luchado sin importar nada más…

Del bolsillo derecho de la sotana, sacó un sello en forma de cruz. Lo impregnó de cenizas con cuidado de que éstas no tocaran sus dedos, luego marcó, una a una, las frentes de los hombres. Ninguna frase se pronunció en el acto. Apenas imprimió la cruz en el último de los Buendía, anunció determinante “Esta misa ha terminado, pueden irse en paz”.

Todos los feligreses salieron con pasos temerosos, no tan convencidos del milagro de Dios que había llevado a los Buendía hasta la Iglesia por su salvación. Los monaguillos apagaron las veladoras y salieron también. Sólo se quedaron los tres hombres hincados frente al altar. Empecé a acomodar los sagrados utensilios, mientras el padre Nicanor reposaba brevemente, sentado, con las manos entre las piernas. Le escuché decir en voz baja, mirando el techo dorado de la Iglesia: “Gracias, Señor, por permitirme ayudarte en la purificación de estas almas”. Los hombres permanecieron con los ánimos pacíficos y las cabezas gachas, no devotos, sino expectantes.  Salió hasta el último de los concurrentes, luego el padre cerró las puertas de la Iglesia y regresó frente a los hombres. Se le transformó la voz, dejó la postura rígida: “Ya está, redimidos quedan. Absuelvo sus pecados y les doy la bendición. Su reputación queda restaurada, también la de su madre Catalina… que Dios la guarde en su gloria… ella no quiso morir así y dejarlos inundados en penas. Suficientes vergüenzas han soportado a partir de su nacimiento… he cumplido mi promesa, han pisado la iglesia, pueden irse en paz…” Uno de los hombres preguntó, como queriendo arrancarle al padre una verdad menos fabricada: “¿Siente pena de ser padre, padre?” Le miraron todos, impacientes. “Cada uno de nosotros necesita oír esta llamada urgente al cambio pascual, porque todos somos débiles y pecadores, y porque sin darnos cuenta vamos siendo vencidos por la dejadez y los criterios insanos de este mundo…” continúo iracundo “…váyanse ya, que los días de la cuaresma les hagan bien… su madre Catalina tiene lo que merece, nada más para una mujer que muere herida por el deseo”.

Sin excepción, rodaron lágrimas tibias por las mejillas de los tres hombres.

Mañana acaba la cuaresma y el padre Nicanor parte a la capital para ver al Obispo, se terminó el aceite de olivo y con él la Extrema Unción. Hoy fui a embadurnar al último Buendía, después de acomodarle al padre una canastita de viandas dulces para el viaje… las espolvoree con la harina blanca que me diste, madrina, parecía azúcar glas.

-Le sabrán a las lágrimas de los Buendía… ¡Pobres!, cayeron uno a uno desde entonces, como los días de la Iglesia de San Pascual Rey sobre tus hombritos, mijo… Pesados, insoportables, pero tuyos, al fin tuyos… Ya verás que todo irá mejor contigo al frente y el padre tan lejos, ya verás…

-¡Al fin el pueblo estará libre de pecado! …celebraré una misa en honor a Catalina Buendía y a sus hijos, a ver si vuelven así los feligreses a la Iglesia.