Archivos por Etiqueta: Periodismo

¿Quién y cómo se decide lo que se debe leer en España?

13 mar

En la recta final de mi clase de Literatura y Medios en el Máster Universitario de Escritura Creativa en la Universidad de Sevilla, a partir del acercamiento a los dos más importantes y serios suplementos culturales publicados en España (ABC Cultural y Babelia) y, con la intención de hacer un reconocimiento general sobre su constitución, así como de realizar una lectura crítica, me di a la tarea de analizarlos e investigarlos para responder algunas preguntas por demás interesantes: ¿quién decide lo que se debería leer en España?, ¿cuáles son los criterios de selección?, ¿quiénes hacen las críticas literarias? ¿Cómo es la crítica que se hace en estos medios? ¿Cuál es el propósito de estos suplementos? ¿A quienes va dirigido? ¿Cuántos libros reseñan semanalmente? ¿Cuál es la oferta editorial y cuál la oferta de autores?

cinismoilustrado.com

Todas las respuestas que aquí me aventuro a componer, habrán de considerarse parcialmente objetivas y subjetivas, en tanto alcanzan configuración a partir del estudio de sólo un número de cada publicación (el correspondiente al día sábado 12 de febrero del 2011) y debido a que no utilizo una metodología rigurosa o formal de análisis discursivo. ¿Y cómo hago, entonces? Simple: leo, relaciono ideas, corroboro datos e interpreto.

Vamos allá, sin más rodeos. ¿Cómo es la crítica que se hace; predomina el contenido o la estética de las obras reseñadas? En general, ambos suplementos hacen comentarios positivos. Tienen, no todas las reseñas, pero sí la mayoría, un tono descriptivo que resalta de forma equilibrada las mejores cualidades estéticas y de contenido. En ningún caso encontré crítica negativa.

Hago dos observaciones halladas en Babelia donde apenas se coquetea con la crítica constructiva: una realizada por Fernando Iwasaki, titulada “La andadura del español por el mundo”, sobre el libro homónimo de Humberto López Morales, donde comenta un detalle negativo sobre el diseño del libro, que impide hacer una lectura más elocuente; y otra realizada por Cecilia Dreymüller, titulada “Pensamientos poéticos”, sobre el libro homónimo del finado Martin Heidegger, donde califica de tontorrones, algunos poemas que el filósofo, enamorado, dedica a su esposa.

Destaco: en ABC Cultural, los reseñistas utilizan un sistema de calificación en la escala del 1 al 5, mediante estrellas. Aunque todas sus reseñas son positivas, las puntuaciones valoran cada obra de manera distinta. Por supuesto, ninguna reseña califica con menos de 3 estrellas. Este sistema no es empleado en Babelia.

¿Quiénes están haciendo las críticas literarias? En el caso de ABC Cultural, 7 de los 15 reseñistas-críticos son profesores o catedráticos en diversas universidades españolas de prestigio. El resto se desenvuelve en el mundo del periodismo, la creación literaria e, incluso, la burocracia. Babelia, por otra parte, expone las firmas de profesionales de la creación literaria que colaboran, en mayor o menor medida, en otros medios de comunicación sin ser periodistas o comunicadores, así como en el mundo de la edición. Esto me lleva a establecer una primera conclusión sobre cuál es el lector que estos medios buscan. En ambos casos, indiscutiblemente, se trata de consumidores habituales de literatura que desean orientar sus criterios sobre qué leer. ABC Cultural, por una parte, busca, quizá, dirigirse a un lector más exigente, más clásico y especializado (lo digo por aquello de recurrir a profesores universitarios y catedráticos como reseñistas). Babelia, en cambio, busca acercarse igualmente a un lector severo, pero no tan preocupado por el canon como por la novedad, desde la perspectiva de la creación y con un enfoque predominantemente informativo.

¿Quién, entonces, decide lo que se debe leer en España? Veamos. Si las críticas tienen un carácter predominantemente positivo, no existe prácticamente ningún caso de crítica negativa, y quienes las elaboran son gente que sabe leer, es decir, personas capacitadas, educadas e incluso especializadas en literatura y creación, aparece obvio el medio como responsable de elegir los libros y autores que se reseñarán. Son, Babelia y ABC Cultural, a través de sus respectivas direcciones, quienes determinan el llamado mainstream literario español. Pero, ¿bajo qué criterios de selección? ¿Cómo escogen? Y, ¿por qué es el medio y no el crítico quien selecciona?

Permitamos que los datos hablen por sí mismos con la esperanza de que arrojen respuestas. Entre menciones, anuncios publicitarios y reseñas, ABC Cultural expone 18 libros y autores. Babelia, por otro lado, únicamente 9. Es importante decir: los números analizados de estas publicaciones coinciden con la antesala de la Feria de Arte Contemporáneo que en Madrid celebrará su 30 aniversario, razón de peso que resta espacio a la sección “Libros” en ambos suplementos, marcándose más en el caso de Babelia que dedica, de menos, el 45% de sus páginas a dicho evento.

El total de libros y reseñados se encuentran respaldados por los siguientes sellos editoriales; en ABC Cultural: Península, Lumen, Páginas de Espuma, Mondadori, Hiperión, Reino de Cordelia, Edaf, Anagrama, Pre-textos, Sinsentido, Espasa, Periférica, Cátedra, y Tusquets; y en Babelia: Periférica, Roca Editorial, Vaso Roso Ediciones, Calambur, Herder, Taurus, RBA, Anagrama y Tusquets. Todos ellos son fuertes representantes de la industria editorial española, por no decir en lengua castellana para considerar también su distribución y echura en toda América Latina. Son pues, editoriales fuertes, altamente reconocibles, grandes inversoras en auto-publicidad y difusión. Y, dato curioso, la mayoría de estas editoriales se encuentran ubicadas en las grandes ciudades de la península ibérica, entre las que destacan Madrid y Barcelona. En ningún caso, alguno de los suplementos reseña un libro editado por un sello menor, independiente, alternativo o emergente.

Los autores reseñados son, en Babelia: Gordon Lish, Craig Russell, Charles Simic, Javier Lostalé, M. Heidegger, Humberto López Morales, Manuel de Lope, Roberto Bolaño y H. Murakami. Y en ABC Cultural: Carlo Ginzburg, Juan Marsé, Eduardo Berti, James Ellroy, Pedro A. González Moreno, John Reats, Manuel Lucena Giraldo, Roberto Bolaño, Michel Houellebecq, Jaan Améry, Amilio Lamo de Espinosa, Cruz Morcillo, Pablo Muñoz, Lolita Bosch, Pablo Pérez Rubio y H. Murakami.

Se hace obvia la repetida presencia de Murakami y Bolaño en los dos suplementos. Quizá, aquí, valga la pena traer a colación el artículo de opinión “Pequeño misterio”, de Andrés Ibáñez, donde se pone de manifiesto la capacidad que los japoneses tienen de escribir bien (y propone su arraigada costumbre de contemplar la naturaleza y su tendencia milenaria al minimalismo, como las causas). Exagerando a Ibáñez, los japoneses deben leerse. Se lo han dicho los años, mediante su experiencia como profesor de idiomas y escritura de alumnos extranjeros. De paso, traigo a cuento, también: no hace ni dos semanas, ABC Cultural dedicó la portada del suplemento a Bolaño y habló de él en sus páginas como un ícono de la cultura pop (habrá de estarse retorciendo Bolaño en su tumba).

Resalta, pues, la cantidad de autores extranjeros a los que estos medios brindan espacio y reconocimiento, frente a los nacionales.

Reflexionemos. Si los suplementos buscan orientar al lector sobre qué novedades leer, básicamente lo que hacen es sugerir qué libros deben comprar. Los suplementos funcionan como una especie de escaparates de compra asistida y especializada que sugieren y definen la oferta cultural literaria del país.

No se debe perder de vista la finalidad comercial de todos los participantes del campo. Hablamos de industria editorial: autores-marca, editoriales-marca, periódicos-marca. El libro, en sí mismo, es un producto. Un bien de consumo.

Entonces, si son los medios los que eligen qué libros se reseñarán, son por tanto los que realmente elaboran una crítica ante el producto. No los académicos especializados y profesionales de la literatura que, por encargo, se dedican a resaltar las cualidades positivas de los productos ya elegidos.

Y si todo esto son primero negocios y luego cultura, es lógico pensar que ambos suplementos, a través de los departamentos de publicidad y ventas, reserven espacio en sus páginas para títulos y autores de las editoriales que compren anuncios publicitarios. Tan sencillo como: tú compras una página de publicidad, yo te reseño dos libros. Porque, curiosa la cosa, son las mismas editoriales anunciadas a las que pertenecen los libros reseñados. Es difícil mostrar esto tan sólo con un número analizado de cada suplemento. Pero basta revisar cinco números seguidos para corroborarlo. El más fuerte indicio, ya de menos, en cuanto al análisis aquí expuesto, se encuentra entre las apariciones de Murakami y el artículo de Andrés Ibáñez.

Así, la responsabilidad de la selección ya no recae únicamente en el medio, sino en la editorial y, particularmente, en los editores, quienes, sin lugar a dudas, son los verdaderos críticos literarios de España. Y,  ¿en qué obras y mediante qué parámetros, un editor elige las obras que compondrán sus catálogos? ¡Fácil! Eligen lo que tiene más posibilidades de venta, según dictan las leyes de la oferta y la demanda.

La industria editorial española se traduce, podríamos decir en el más terrorista de los tonos, en un círculo vicioso, en una mafia de relaciones sociales y mercantiles que se alimenta así misma y de sí misma. Caníbal. Oferta a sus autores, sus libros, sus editores y editoriales. Y, rara vez, abre sus estrechas piernas para dar entrada a un integrante nuevo, pero no tanto por interés de frescura o innovación, como de sobrevivencia. La mayoría de las personas que conforman el mainstrem español tienen más de 40 años de edad. Si un círculo así se cerrara eternamente, más temprano que tarde fallecería.

Y para no acabar estas líneas de conclusiones prontas con ese tono castigador que demoniza a la industria, pongo de relieve la siguiente y ultima cuestión. Si es la lógica del mercado, la ley de la oferta y la demanda, la que establece los criterios de selección de la oferta literaria en España, habrá de considerarse que, aunque en gran medida es también controlada por el mercado, una buena parte la controla el consumidor, el lector, quien finalmente decide lo que le gusta y lo que no.

Es muy más fácil culpar al mercado, a la industria, que asumir cualquier cantidad de responsabilidad, por mínima que sea, sobre quién decide lo que se debe o no leer en un país. Las preguntas que esto me lleva a plantear, ya para cerrar este ensayo, arrastrado por una preocupación honesta son: ¿dónde queda el libro como objeto de conocimiento si se le define actualmente como bien de consumo? En ese sentido, ¿tiene la literatura actual un escaso o nulo valor cultural frente al abrumador, efímero y frívolo objetivo del entretenimiento?

Cómo perderse en la implosión cultural

27 ene

Hace una semana o dos, salí a repartir publicidad del Taller de Escritura Creativa que coordino. Dejé algunos volantes por ahí, otros por allá: librerías, bibliotecas, sórdidos rincones de avisos oportunos (de esos hay muchos en el Casco Antiguo de Sevilla), bares, centros cívicos… caí hasta en una lavandería que también renta pelis, pone café y tiene wifi.

Mi intención era comunicarle al barrio la apertura de grupos nuevos, para volver pronto a casa y continuar la lectura de El viaje del escritor (C. Vogler), título fundamental de la bibliografía recomendada por Miguel Nieto, uno de mis profes del máster; así como revisar algunos cuentos escritos por mis alumnos y escanear las noticias en la tele o la prensa: vamos, regresar para hacer los deberes.

Pero nunca he podido evitar, cuando me encuentro un escaparate de libros, películas, periódicos y revistas, detenerme y bichear un poco. Terminé por traer conmigo de la biblioteca Alberto Lista, La piel afilada (J. Hatero), un bestiario de amantes al que desde el invierno pasado le eché ojo; y Cada siete olas (D. Glattauer), la secuela de Contra el viento del norte, una novela epistolar deliciosa que nos tuvo a mi marido y a mí, leyendo de un jalón dos noches seguidas; ambos títulos editados por Alfaguara. O sea, me eché a la espalda dos deberes más.

"Madrid c/ Luisa Fernanda, 15 de enero del 2011", Juan Berrio

Uno o dos días después, en el máster inició la impartición de la asignatura Literatura y Medios a cago de Carlos Peinado y, por supuesto, lo primero que nos pidió fue estar al tanto de Babelia y el El Cultural. Venga otro tanto al costal de los deberes.

Luego Ana de Haro F., la dulce becaria del máster que hace de vocera oficial, nos hizo llegar una invitación para asistir a gratis a la obra de teatro La lección de Eugène Ionesco, y como gratis hasta las puñaladas, me apunté. No tengo idea de cuándo es la función, pero yo ya pedí sitio.

La última vez que pisé el Bar Platea, donde he impartido el taller desde hace ya algunas semanas, Alejandro Bravo, un joven y entusiasta poeta sevillano, amigo y colega laboral del Platea, me formalizó una invitación para acompañarlo en la presentación de Vuelos, un poemario en edición de autor, el próximo 10 de febrero. Hecho que me llena de orgullo y es un gran honor. Resultado: otro libro más en los deberes por leer y éste, además, con fecha límite.

Las tres últimas semanas, mi marido y yo hemos estado a la caza de la segunda temporada de la serie gringa V. Un remake estupendo de la versión original que se hiciera famosa en los años 80. Nada más podemos, olvidamos todo y nos entregamos a los 40 minutos más esperados de la semana. Tiempo, por supuesto, que cada uno le resta a sus respectivos y cada vez más tétricos deberes.

Hoy por la noche, me planteé asistir al chou de Caroline Mantoy, cuentacuentos franco-mexicana que promete apaciguar mis nostalgias. Pretexto perfecto para repartir otro poquito de publicidad de mi taller entre los asistentes… No sé yo si al final podré ir.

Hace media hora, entre los libros que tengo amontonados en el escritorio,, encontré Afterpop (E. Fernández Porta), un ensayo muy interesante sobre la estética literaria española de los últimos años. Empecé a leerlo a principios del verano pasado y lo dejé para terminarlo “después”, cuando me di cuenta que las últimas 100 páginas (de casi 400 que tiene) se alejaban cada vez más de la muy atractiva primera parte del libro.

Ayer, en el transcurso del día, Bea, mi compañera de última fila en el máster, me compartió algunos caramelos muy sabrosos. Recordé lo emocionante que es la universidad. Entendí que la vida no es lo que se tiene, sino lo que se hace con ello, y que una manta limpia y acogedora puede transformar el universo de un neurótico de la limpieza y fanático del buen dormir. Descubrí que Diego y Laura, otros dos colegas de clase, son vecinísimos míos: “esta es tu casa”, me dijo Laurita al estilo cortés del tiempo de nuestras madres, y se me llenó de entusiasmo el pecho. Me enteré: ir a Italia, en avión ida y vuelta cuesta, en plan mochilero de fin de semana, 20 euros: Fer, aventurero irredento, también amigo-máster, me lo contó. Volví a casa, al término del día, francamente contento. Con unas ganas enormes de abrazarme a Mi Dinosaurio (o sea a mi marío –sí, así sin d y con acento, porque está escrito en andaluz) y perderme en sus ojitos color verde y miel.

Esas pequeñeces, si se les quiere ver así, me abrieron los ojos ante lo fácil que es perderse en la implosión de la cultura.

Escribo esta entrada, arrebatado por un ímpetu esclarecedor, un minuto después de leer un artículo de Ignacio Sánchez Cámara, publicado en el El Cultural de ABC el 24 de abril del 2004, del cual ignoro el título. Cito:

“Vivimos un ajetreo cultural que se opone a la cultura de la lentitud. Existe un exceso de cultura, o, más bien, un predominio de la falsa y frenética. Hay una cultura del recogimiento y otra de la alteración. Si cultura es cultivo del espíritu, sólo la primera lo es verdaderamente. La otra es puro espasmo. La cocina del espíritu requiere fuego lento. Pero somos convocados a la prisa, a la agitación, a la dictadura de la cantidad. Hay que leer quinientos libros al año, patear cincuenta exposiciones, resbalar sobre doscientas películas, someterse a cien representaciones teatrales y a otros tantos conciertos. Pero no basta con eso. Titanes de la cultura, debemos leer tres o cuatro periódicos, una veintena de revistas; defendernos de la televisión durante tres o cuatro horas al día, escuchar la radio otras tantas. Además tenemos que ser enólogos, ascetas, activistas, hedonistas, viajeros, gastrónomos, hombres de mundo, voluntarios, solidarios, militantes y en los ratos libres, padres, hijos y amigos. ¿Quedará tiempo para la lentitud, tiempo para leer un libro, mirar morosamente un cuadro, ver una película, acaso por quinta vez, observar cómo juega un niño o rezar?”

Matrimonio entre personas del mismo sexo y adopción en México

5 mar

Aquí les va este gran reportaje que me hizo favor de pasarme Gabriel Gutiérrez, periodista, activista y amigo (por cierto, es uno de los entrevistados).
El día de ayer, cuatro de marzo del 2010, entró en vigor la reforma al Código Civil en la Ciudad de México. ¡A huevo! Con todo y obstáculos religiosos y políticos, hoy ya es un hecho que cualquier ciudadano mexicano, sin importar sexo u orientación sexual, puede contraer matrimonio y adoptar, de menos, por el momento, en el Distrito Federal.
El día cuatro de marzo será un día memorable de júbilo y celebración para México.
¡Ahora sí, puta ultraderecha, que retiemble en sus centros la tierra!

Fuente: Capital 21

¡Abajo la puta ultraderecha!

18 ene

¡Hay que darles caña a estos hijos de puta!
Como siempre, anteponen la pinche ignorancia y buscan la opresión. Se dan cuenta que el puto país se les va de las manos y dan patadas de ahogado para intentar recuperarlo.
Los invito a votar, no por seguirles el juego, sino para darles por el culo con la verga doblada. (Perdonen mis groserías, estoy indignado).
Antes de visitar el link que les dejo aquí, deben saber que la encuesta, como todas las putas encuestas de opinión ciudadana, realizadas por partidos políticos, es muy subjetiva y confunde. No se dejen llevar por prejuicios.
Estos cabrones quieren saber si vamos a defender nuestros derechos o nos vamos a quedar de brazos cruzados.
¡¡¡A darles!!!

www.quieroopinar.org

Aquí les dejo unas preguntitas que hace Denise Dresser, una de las comunicadoras más chingonas de México, respecto al tema. ¡Abran los ojos, amigos míos!

Cortesía de Reporte Índigo.

El cuento según Mónica Lavín

2 oct

Israel Pintor y Carla Hinojosa

¿Qué es el cuento?

Para mí el cuento es una experiencia de intensidad. Es un género adrenalínico porque no hay concesión, es una sacudida fuerte donde toca a lector descubrir su parte profunda.

El cuento es como un alka-seltzer; es algo comprimido que lentamente va soltando su efervescencia. Entonces el reto como escritor es poder hacer ese comprimido eficaz  que posea, además, una resonancia.

Como lector yo también le pido eso a los cuentos, que no me dejen indiferente, que se vuelvan entrañables, inolvidables y no es fácil. Uno lee muchos cuentos pero de repente encuentras uno y resulta que es una marca que se queda en la piel; la maravilla es la posibilidad de capas de lectura que posee.

¿Con qué otras voces de la cuentística te identificas o familiarizas?

Sin duda diré Rulfo, porque no puedo no decirlo; la música de sus textos, esta prosa tan exacta y musical, tan contenida me gusta mucho.

Me gustan el trabajo de mujeres como Elena Garro, Inés Arredondo, Guadalupe Dueñas  y Amparo Dávila, y las siento poco valoradas. Me gusta mucho José de la Colina; Gerardo de la Torre me parece que tiene mucho poder en la estructura de cuento porque maneja la técnica de manera impecable.

En los años 50 el cuento también se nutria de los autores norteamericanos, Poe, Fulkner, pero también de Chéjov y los demás rusos: siento que el nutrimento cuentístico de mi generación y la predecesora son los clásicos del siglo XIX y el cuento latinoamericano,  estamos hechos con ese vigor, con ese brío pero también con lo que sucedía en Estados Unidos.

En E.U. existe una gran tradición con el short store, porque viene de Poe y lo han labrado durante mucho tiempo. Podemos darnos cuenta cuando leemos a Hemingway y a muchas otras voces norteamericanas como las mujeres sureñas. Casualmente creo que hay un puente entre Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas y estas mujeres  como Carson McCulers, Leonora Weltin, Flannery O´Connor, porque hay una estética y percepción del mundo muy semejante.

Juan José Arreola me gusta por su estrategia, por su elegancia, siento que es un impecable constructor del cuento, pero la veta lírica me emociona más.

Siento que el cuento es muy vigoroso en México: en cada generación hay cuentistas notables y no todos se quedan cultivando el cuento, a veces lo abandonan. Sin embargo creo que sí hay cuentistas que valen la pena como Enrique Serna; Amores de segunda mano me parece extraordinario.

La mirada sarcástica, irónica, ya viene en autores como René Avilés, Francisco Hinojosa, Rosa Beltrán y Ana García Bergua, que seducen mi gusto igual que Beatriz Espejo, con su prosa elegante y sus temas, tan delicada y fina.

Siempre busco en los cuentos la existencia de una revelación, no por la estridencia de la anécdota sino por una emoción que se deja ver como en Chéjov, el gran maestro. Creo que Hernán Lara Zavala tiene algo chejoviano que me gusta.

Algunos jóvenes que me gustan y disfruto son Luis Felipe Lomelí y Alberto Chimal.

¿Qué diferencias encuentras de forma y fondo entre los cuentos clásicos y actuales mexicanos?

La generación de Gerardo de la Torre estaba más preocupada por las utopías que quería construir y  por las que se desmoronaban, por  mitos e ídolos, por cómo ese mundo se iba poblando y despoblando de ellos.

Aparece después el tratamiento con humor o humor negro como una búsqueda de salvación, de encarar algo que duele con una mirada distinta; tal vez esto se deba en gran medida porque los nuestros son tiempos de más desencanto, de mayor hedonismo e individualismo. Los proyectos políticos individuales o colectivos difícilmente son un tema que encuentras en los cuentistas actuales. El tema del amor y una relación ha sido una constante.

Me parece que una de las diferencias notables en la cuentística mexicana es “de lo rural a lo urbano”; casi no hay cuentos que estén desarrollados en ámbitos rurales porque México se volvió urbano.

Encontramos hoy muchos más temas que tienen que ver con las fronteras, aquellas relacionadas con la trasgresión de los límites y el cosmopolitismo, el sexo por ejemplo.

Los cuentos ya no necesariamente ocurren en México o son mexicanos en el extranjero. ¿En dónde soy extranjero? ¿Soy extranjero en la relación de pareja? ¿Soy extranjera en una situación ajena a mi cotidianeidad? Los cuentos ahora tienen que ver con lo cotidiano –exceptuando al cuento negro o policiaco- con la gente común y lo que a ellos les sucede.

¿Crees que el cuento mexicano clásico y actual se permea del contexto sociocultural en que fue escrito o se escribe?

Creo que toda la literatura pos revolucionaria ve al individuo en el centro: el individuo y sus flaquezas, sus grandezas. Sobre todo esta sensación de antihéroe que tiene el cuento, porque la historia no se desarrolla alrededor del fregón, normalmente se ubica con el marginal volviéndolo figura central. Creo que esto nos hace ver cómo las pequeñas desdichas son las grandes tragedias del hombre, no sólo de ese personaje, sino de la humanidad.

A pesar de que la estética en los cuentos de Arreola sea otra situación, no podemos ver en ellos un cuento social; él está mucho más preocupado por el hombre moderno.

Villoro habla de los personajes en su vida contemporánea, con sus pequeñas o grandes desolaciones  y sus pequeños o grandes esfuerzos por sobrevivir de la mejor manera.

Me aventuro a decir que el cuento es el que puede mirar con mayor claridad el absurdo de la existencia: cuando lees los cuentos de Serna, puedes ver una mirada crítica, pero no de denuncia.

Un ejemplo muy gráfico del absurdo es Rosa Beltrán con sus Amores que matan, libro que pone énfasis en nuestra preocupación por la imagen. Y es que ya vivimos un mundo preocupado por el éxito, la imagen, lo instantáneo, lo esotérico, la felicidad rápida, aún cuando nuestro anhelos siguen siendo los mismos aunque la forma haya cambiado.

Técnicamente hablando ¿La inmediatez que vivimos en prácticamente todos lados, ha hecho que los escritores actuales descuiden la forma respecto de los cuentistas clásicos?

Creo que el cuento es uno de los géneros más limpios. Un buen cuentista solo funciona si controla su texto, si lo sabe escribir, si amalgama el tono con el que está contando. Debe saber decir lo suficiente y detenerse a tiempo. En este sentido creo que el cuento es muy exigente y la calidad se ha mantenido. Con el cuento hay un compromiso artístico porque se está apostando a la revelación, a la sugerencia, no a la obviedad.

En el cuento se exploran formas que tienen que ver con los recursos de la palabra escrita. Por ejemplo, Francisco Hinojosa tiene un cuento que está numerado, él juega con el empaque sin perder de vista la estructura de ley; planteamiento, clímax y desenlace. Cada cuento pide su tono y su perspectiva.

Puedo afirmar que en el cuento es más difícil experimentar por su carácter canónico por ello difícilmente vemos mucho cuento experimental.

¿Los cuentistas actuales están más preocupados por tener un espacio en el campo literario, que por la calidad de sus cuentos?

Cuando llegas a las editoriales con cuento, te piden novela. El cuento es visto como el patito feo, con el cuento no ocurre el éxito editorial que sí con la novela.

Los espacios para publicar cuento son reducidos; algunas revistas o suplementos lo hacen pero con restricciones regularmente relacionadas con la brevedad.

Existe una tendencia a la brevedad pero también hay quien escribe cuentos muy largos, creo que esto coexiste. En el cuento está pasando de todo, aunque la brevedad es algo muy latinoamericano.

¿Notas algo diferente en la técnica que utilizaron los cuentistas clásicos respecto a la que utilizan los cuentistas actuales mexicanos?

Algo que veo es una posibilidad de entrar mucho más directamente. In media res. En medio de la acción. Narrar la acción sin pre-ámbulo. Creo que ahora el cuento tiene esta posibilidad de hibridar con los géneros periodísticos.

Empezar in media res es parte de una efectividad propia del siglo XX porque el marco del cuento se delimita; ahora el asunto, desde su momento más intenso, se ubica en el centro del cuento. Y aunque Rulfo ya utilizaba este recurso creo que los cuentistas actuales recurren al in media res permanentemente.

Esta idea me permite reafirmar que desde los 50 hasta nuestros días no observo grandes cambios técnicos: existen cambios de temas relacionados con el entorno en que vivimos, encuentro mucho menos preocupación por lo mexicano y mucha más capacidad de asimilar las tradiciones literarias de otras latitudes. Ahora existen más redes con las literaturas del mundo y esto nos permite conocer la gran cantidad de estilos que coexisten en este momento, por ello, no veo un rasgo técnico tajante.

Aunque, sí existe ahora una ironía de la mirada teñida por una búsqueda que nos permite sacar a los personajes de la soledad o a nosotros mismos: encontrar el sentido de la vida a través de una mirada poco solemne. Ahora somos capaces de reír de nuestras formas y fondos. Tal vez la ironía sea el sello de la época, no así la experimentación con recursos literarios para empacar el cuento.

¿Cuál fue el pretexto para escribir La sobremesa[1]?

Había hecho un viaje en el que crucé Canadá por tren en compañía de periodistas de gastronomía: siempre hablar de texturas, olores, formas, hablar de algo desconocido hizo que me fascinara por la gastronomía. Creo que es el mundo de la sensualidad.

Y mientras escribía artículos, quedó en mí un sentimiento que dio para este cuento.

En “La sobremesa” me interesaba plasmar al personaje que se dedica a experimentar sabores. Por otro lado, ella, la protagonista, tal vez sea mi azar,  mi reflejo, porque yo me subí a ese tren un poco por azar. El asunto de “La sobremesa” revela algo complejo; la necesidad de importarle a alguien.

Nota: Entrevista realizada una bella tarde del 2007, en el centro de Coyoacán, D.F.
Las preguntas realizadas en esta entrevista responden al interés que por entonces tenía sobre el cuento y, sirvieron como anexo de Los suyos y los nuestros, el cuento mexicano, exponentes y evolución, tesis de licenciatura con que me gradué.


[1] Cuento incluido en Uno no sabe, Plaza & Janés, 2003.

Operación pandemia, Julián Alterini

24 sep

Ideas sobre el cuento según Joel Flores

18 sep

Escribir es siempre ponerse en el lugar del otro.

Presento, a continuación, las ideas más representativas sobre el cuento y su escritura, expresadas por Joel Flores en 2007, a petición de entrevista, con la finalidad de obtener su colaboración en Los suyos y los nuestros, el cuento mexicano, exponentes y evolución, tesis de licenciatura con que me gradué. La entrevista, de la que se desprenden las siguientes ideas, fue realizada junto con Carla Hinojosa.

“Percibo el cuento desde la perspectiva chejoviana que propone ver el cuento como el brillo de la luna reflejado en una cuenca de vidrio. Lo que halla a su alrededor no importa, lo que importa es la captura del instante.”

“El cuento tiene como finalidad contar una historia apostando por la fabulación. Con el cuento se puede experimentar de múltiples maneras, pero lo que siempre importa, y eso lo aclaran clásicos como Calvino, es la concisión y la velocidad con que se maneja.”

“El cuento es un género en constante movimiento: en México se sigue experimentando  con la manera de contar la historia, con los temas, con la intertextualidad (presente en la generación de los 70), la metatextualidad.”

“No me parece que el microrrelato sea resultado de un experimento, tampoco creo que sea un ejemplo de la flexibilidad que el cuento tiene. En este momento recurro a las teorías contazarianas expuestas en `Paseos por el cuento´; el microrrelato no llega a ser más que una imagen poética. Si vemos el cuento como una pompa de jabón: redonda, perfecta, brillante, traslucida, caeremos en cuenta de suponer al microrrelato como sólo un destello de esa pompa de jabón.”

“Yo prefiero apostar por un cuento con una trama bien planeada, una historia sorprendente, que arriesgue, que atrape, que confunda, y por un final que asombre. Por ejemplo, en `El amor nos dio cocodrilos´, cuento la historia de una pareja que adopta a un cocodrilo como hijo. Cuando lo escribí estuve muy seducido por los temas extraños y fantásticos, quería conectar esos temas lo más posible a la realidad y lo logré porque en ese tiempo comencé a ver el aborto muy cercano, como algo duro, temible y hasta descarnado, tanto para la madre como para el producto. Apuesto por cuentos que dicen cosas profundas, sorprendentes.”

“El cuento, según Chéjov, era técnica; una historia y 2 o 3 personajes. Luego viene Poe y entra el artificio; ahora no sólo se cuenta una historia en un cuento sino dos historias, lo que ya conocemos como historia subterránea.”

“Como decía Pier Giraud, en la literatura todo está hecho y dicho, lo único que se hace es repetirlo, porque nadie puso atención. El estilo es el hombre, el estilo siempre es el cómo, el cómo es un hombre, según Barthes, la escritura es el hombre, Bajtín afirma que el hombre se hace de muchos hombres. Entonces la característica más importante a lo largo de los cambios históricos del cuento es el cómo se dice. Los temas siempre son los mismos; amor y muerte, eros y tanatos, lo único que cambia es la voz. En México, por ejemplo, muchos cuentistas están retomando algunas cosas ya dichas y hechas en la literatura mexicana de medio siglo; la ambigüedad de Amparo Dávila, por ejemplo es muy vista en algunos cuentos de Cortázar.”

“Soy partidario de tener un pie en el pasado y otro en el presente, como Borges. Es decir, leer a los clásicos y a los actuales. Tal vez esta situación es que en el cuento posmoderno este rasgo se hace más evidente: retomar los temas clásicos para convertirlo o adecuarlos  a nuestra realidad inmediata.”

“Me gusta la literatura que tiene la capacidad de trastocar la visión que el lector tiene del mundo: cuentos que desesperan, que hacen odiar o simpatizar a un personaje.

“Creo que un escritor, por más que lo niegue, siempre es y será un cazador de instantes; el reto es capturarlos y ponerlos al tono de no volverlos hechos burdos y cotidianos, porque un buen escritor es el que tiene un pie en los libros y otro en la calle.”

“Vila-Matas, Amparo Dávila, Oscar de la Borbolla, Enrique Serna, Rodrigo Fresán, Álvaro Enrigue, Bioy Cazares y Julio Cortázar, son algunos de mis autores favoritos.”

Julio Cortázar, Tristán Bauer, parte última

10 ago

Julio Cortázar, Tristán Bauer, parte 8

10 ago

Julio Cortázar, Tristán Bauer, parte 7

10 ago