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Sobre Aire de Dylan de Enrique Vila-Matas

14 may

Finalmente, después de que hace unos meses  Enrique Vila-Matas presentara en Sevilla su más reciente novela Aire de Dylan, me di a la tarea de atrincherarme en casa y leerla. Debo decir, terminado el atrincheramiento, que la obra me deja un buen sabor de boca y me hace reflexionar sobre el arte, en particular el literario, y la época posmoderna en la que vivimos.

La novela cuenta la historia de un escritor (raro en Vila-Matas) que planea dejar de escribir, radicalizando su postura hasta el mutismo, pues a lo largo de su vida también había hablado hasta por los codos. El escritor, arrepentido por todos los libros que escribió y publicó durante su prolífica carrera literaria, analiza el contexto que lo rodea tanteando los pros y los contras de llevar a cabo su plan: callar.

Una carta procedente de Suiza que lo invita a participar en un congreso sobre el fracaso, lleva al escritor a toparse de frente con Vilnius, el joven hijo de otro escritor afamado que ha muerto recientemente y cuya única virtud, en contradicción al éxito literario del padre, es parecerse físicamente a Bob Dylan.

Vilnius, sin pudor alguno, hace público durante el congreso del fracaso que sus últimos días lo han convertido en un ser miserable, debido a que Lancastre (así se llama su padre el escritor famoso) se le cuela en la cabeza por momentos, infiltrándole recuerdos sobre su vida.

Los planes del escritor radical que pretendía callarse para siempre, se truncan cuando conoce la disparatada historia de Vilnuis, quien además de soportar las intrusiones mentales de su padre, se dedica sin prisas a completar un Archivo General del Fracaso, de cuyo resultado planea hacer una película y, sin planearlo demasiado, termina fundando la infraleve sociedad Aire de Dylan, cuyos ligeros miembros intentarán desenmascarar a los asesinos de Lancastre, a través de una representación teatral con cara y cuerpo de narrativa.

Vila Matas cuenta así la relación de un padre y un hijo que personaliza el duro contraste entre la cultura del esfuerzo y el creativo arte de encogerse de hombros y no hacer nada.

Entre otros aspectos, la obra de Vila-Matas me hizo pensar en lo difícil que es escribir narrativa, en las diferencias que hay entre crear poesía y crear narrativa, para ser exacto. Un diálogo de Vilnius en la novela me hace detenerme en este pensamiento: “¿No sería mejor tratar de vivir en un «estado poético»?”

La otra tarde le escuché decir a José Carlos Carmona, profesor de la Universidad de Sevilla que actualmente imparte un taller de escritura creativa al que asisto, que la poesía te llega pero a la narrativa hay que buscarla. Será así, pienso, porque la poesía es una especie de consecuencia inevitable de experimentar emociones o sentimientos y la narrativa es la consecuencia evitable de pensar, imaginar y construir una historia: para cuyo ejercicio hace falta mucho más que experimentar emociones o sentimientos. En ese sentido, vivir en un estado poético para Vilnuis, en términos literarios, es vivir a la espera de que todo te llegue, como cuando las musas te susurran al oído y de una sentada escribes un montón de páginas en prosa que hablan sobre sentimientos y emociones pero sin drama, argumento o dirección. Una espera que podría, o no, terminar en la fructificación de una idea y su consecuente transformación en un producto literario, llamémosle poema.

Sí, quizá sería mejor vivir en un estado poético. Mejor por fácil, porque esperar no te obliga a nada. Es cruzar las piernas, los brazos y sentarse a contemplar cómo el tiempo transcurre, hasta que de un momento a otro algo pasa y puedes, o no, reaccionar ante ello. Vivir en un estado poético podría ser fuente de felicidad para el mundo, como lo es para el personaje de Vila-Matas, pero en definitiva esperar es aburrido y cobarde.

¿Qué puede ser más aburrido que postrarse frente al tiempo a esperar que algo suceda? Quizá postrase frente al tiempo a esperar, incluso sabiendo que nada pasará…

Este libro me recordó que en arte, el creador tiene la obligación de perder el miedo al fracaso porque, de no hacerlo, tarde o temprano llegará a la parálisis: en el mejor de los casos enmudecerá, en el peor se vestirá de artista famoso y andará por allí jurando que trabaja en un proyecto muy interesante y ambicioso, tanto que podría decir durante toda su vida que trabaja en ello, sin temor a fracasar o ser juzgado. El colmo, en el caso de Vilnius, el personaje de Vila-Matas, es pregonar que tu proyecto creativo es un Archivo General del Fracaso.

Si una de las características de los tiempos posmodernos que corren es que para ser artista o literato hay que ser un auténtico huevón, por no decir fracasado-wannabe, me declaro moderno, o anticuado, ya no sé.

Y ahora los dejo porque desde hace tres semanas intento hacer cuajar las ideas que podrían convertirse en mi próximo libro de relatos, ideas que yo solito me impido aterrizar porque tenía el compromiso moral de terminar de leer Aire de Dylan y el compromiso irreal de pelear a muerte contra un queso de soja gigante.

Cierro esta nota con aires de reseña y auto castigo, con una cita del narrador de Aire de Dylan (me refiero al personaje que escribe la novela y no a Vila-Matas —aunque tal vez la diferenciación sea innecesaria):

“Ellos lo habían pensado bien y no tenían tiempo ni querían pertenecer a la cultura del esfuerzo […] Preferían tener una idea por día y ser infraleves como el aire y vivir tranquilos y cambiar todo el rato de pensamientos en medio de la atmósfera cultural vacía de su país, balancearse en la nada y no cometer el error de encadenarse durante meses o años a la elaboración de un libro, de una sinfonía, de una película. Querían tener una idea por día y normalmente ni siquiera llevarla a la práctica, tenerla y dejarla abandonada, catalogarla como un fracaso más en el Archivo General del Fracaso.”

Para los que no pudieron asistir a la presentación en Sevilla, aquí les dejo la grabación de la presentación de “Aire de Dylan” en la Biblioteca Provincial Infanta Elena. Por cierto, si quieren se la pueden descargar.

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Autor de las imágenes: Marco Colin

El materialismo histérico, Xavier Velasco

19 sep

Sólo tres autores me han hecho brincar a carcajadas del asiento mientras leo sus libros: Óscar de la Borbolla, Jorge Ibargüengoitia y Xavier Velasco.

Cuando vi el título de este, único librito de cuentos que ha publicado X. Velasco, imaginé sería una experiencia de lectura muy grata. Y no me equivoqué.

Narrar en primera persona siempre me ha parecido divertido, y Velasco sabe hacerlo muy bien. Creo que esta forma es una de las favoritas en la cuentística mexicana contemporánea y, a pesar de lo que algunos ilustres críticos argumenten en demérito, seguirá siéndolo, al menos por un buen rato.

Sí, tal vez Velasco no sea el escritor que México esperaba. Y muy probablemente encontraré coincidencias cuando diga que su literatura se queda un tanto por debajo de la de los otros dos autores aquí citados. Sin embargo, Velasco ha logrado hacerse de un lugar privilegiado entre los jóvenes lectores mexicanos, asumiendo una postura irreverente que pocos de sus colegas de generación podrían asumir tan galantemente.

El materialismo histérico se ha convertido en uno de mis libros favoritos, por divertido, práctico, inteligente, sensible y audaz. La forma, quizás, es el menor de sus méritos. Pero el fondo, el contenido: ¡qué delicia!

Aquí unas citas del cuento “La filantropía en el comedor” (por poner algo, porque el libro tiene mucho más por reconocer; aprovecho para dedicar el cuento “Por unos pagarés más” a mi querido y audaz padre):

¿Por qué los que no tienen acusan de envidiosos a los que no quieren dar, cuando cualquiera sabe que la envidia, no es hija de la tacañería, sino de la carencia?”

¿No es evidente que el que estira la mano para pedir lo hace a despecho de su dignidad y su amor propio, exhibiendo groseramente sus penurias con tal de despertar la generosidad ajena, mientras que quien le niega la caridad por la humana razón de que está juntando sus ahorritos para comprarse un Lamborghini lo hace sinceramente, y hasta diríase que con el corazón en la mano?”

Nota: en voz de los personajes de Xavier Velasco.

Idos de la mente, Luis Humberto Crosthwaite

2 feb

Las cuatro muertes de José Alfredo.
La noviecita naca de Ramón, la novia intelectual de Cornelio. Todas las fans.
La referencia a Ibargüengoitia.
Cornelio y Ramón. Ramón y Cornelio. Andan buscando a uno, está con el otro. Andan buscando al otro, está con el uno.
Marilú, la, y no el acordeón de curvas suavecitas que al apachurrar, chilla bonito, como a Ramón le gusta.
El bajo sexto de Cornelio, así nomás. Con Dios detrás, por su pollo, como el único súper star.
La fama, las chamacas, el alcohol, las cantinas de “la Zona”, los amigos forever and ever. El lastre del segundón, la superioridad como destino, los amores escondidos en el clóset, el orgullo, el pinche orgullo. El reencuentro. Si, ajá.
Aquí nada es real, excepto la música, ¿verdad, Crosthwaite? ¡Ah, no! Que tú tampoco…[1]

Notas para el músico norteño want a be

Perfecto, superlativo. Estaba ahí, en la tienda. Primero se midió otros, no quería darle importancia. Unos le quedaban muy grandes y otros muy chicos. No quería que ese sombrero perfecto sintiera que era el único en el mundo, no lo quería hacer presumidos y vanidoso antes de tiempo. Es como cuando te gusta una persona y no se lo quieres demostrar muy pronto para que el asunto no sea tan sencillo; se sabe que el placer es mutuo, pero es mucho más rico el rodeo que la línea recta”.

PARTNERS
“Hey, qué onda, acércate un poquito, tengo algo que decirte.
“Oye tú. Te hablo.
“No te vayas.
“Quiero hacer un trato contigo.
“Ven, no te asustes.
“¿Sabes quien te habla?
“No te asustes, no seas miedoso.
“¿Te gusta la música? Pues vamos a hablar de música, qué te crees. A mí también me encanta la música. No cualquiera, claro. La que llega al fondo del cora, la que te hace llorar y sufrir y recordar a los compas. Esa que oyes en el radio y dices: ora, qué cancionzota, quisiera escucharla de nuevo y de nuevo y de nuevo. Esa música. ¿A dónde vas? No me puedes evitar.
“Me puedes decir que no, me puedes decir que no te importa hacer negocios conmigo. Y me voy, así de fácil. No soy encajoso. Pero tienes que oírme primero.
“Bueno, no tienes.
“Yo no obligo a nadie. Yo ya dejé de obligar. Cada quien su rollo.
“Pero te conviene.
“De veras.
“Escúchame.
“Te con-vie-ne.
“Es un contrato indefinido. No te puede fallar. Éxito seguro. Tenemos que hacerlo juntos. Tú solo no puedes, yo solo no puedo. Socios, partners, ¿le entras? ¿Lo quieres pensar? Pues piénsalo. Pero tampoco me gusta esperar. Ya he esperado demasiadas veces. Ya no espero. Piensa rápido; si no, ai nos vemos, adiós, ya estuvo, y perdiste la oportunidad, te aseguro que perdiste.
“Y para siempre”.

El trabajo consiste en que toquen algo con mucho sentimiento, algo que a los clientes les recuerde un amor perdido, quizás a su mamacita que ya se murió. El caso es que sientan tanta pena que quieran seguir bebiendo.
“Ramón y Cornelio comprenden que han recibido su primera lección. El maestro continúa:
“-Y aprovechando que están aquí desde temprano, ¿por qué no me ayudan moviendo esas cajas de cerveza? [...]
“A las tres de la mañana, hora de cerrar, mueven cajas, suben las sillas a las mesas y barren. Quizás mañana tengan mejor suerte”.


[1] Ver página legal.

¿Te gusta el látex, cielo?, Nadia Villafuerte

12 ene

Nadia y sus imágenes. Cuentista iracunda de palabras precisas, justas, de lugares desiertos, insatisfacciones perpetuas, inseguridades jodidas y amores imperfectos, estúpidos, groseros, pero al fin amores. Leí este libro de cuentos nomás para que las tripas se me retorcieran con provecho, me gustó. Conservaré estos fragmentos:

Duda de todo cuando ese todo esté saliendo demasiado bien”.

…geografía es destino…”

¿Ves? Nosotros también somos perra y perro… Cojamos”.

…las peores cosas son las que están por sucederte pues no podrás impedirlas”.

Eso es lo que ha arruinado todo. Lo de afuera sigue, permanece. Es terrible tirarse al suelo y ver que el mundo pasa, con su basura y su belleza. Y es malo que la salpique”.

Era la certeza de que no podría quedarse; de que de uno u otro modo se nacía en un lugar exacto, dentro de una familia capaz de joderlo todo con la herencia de su mala genética. De que, así se intentara, no hay muchas posibilidades de escapar cuando sentirse y ser mediocre se convierte en una herencia y un destino”.

…seguía inquietándole [...] la manera en que la había vencido el desánimo tan prontamente, ese picoteo en la cabeza de quienes se convierten en enemigos de sí mismos y sabotean sus propios planes. Una locura”.

Ambos saben que se trata de una relación desdichada. Y se mienten con la habilidad de los matones a sueldo. Se aman, y los dos tienen ideas semejantes: que el amor debe ser como la heroína, que el amor es el camino común de los desamparados, que el amor implica seguir las instrucciones de Dios, un asesino sin escrúpulos, cínico y capaz de permitir que dos cuerpos se quemen la piel de ese modo y sin sentido”.

Es probable que los dos lo sepan: no hay otra cosa sino desconfianza. Miedo de hablar de veras. Miedo de sentir lo que sienten. Miedo de lo que postergan”.

…no estoy tranquilizando mi conciencia, tener una conciencia en paz debe ser repugnante. Quiero olvidar, eso es todo”.

Y el momento es tan único, tan tuyo, que dan ganas de salir corriendo de uno mismo”.

Como si en el mundo no sobraran historias, todos quieren contar una, todos sacan una de la manga, piensa”.

¿Ser o no ser cool? Ese es el dilema…

24 nov

Sí, la actitud lo es todo. Y cuando no somos coherentes entre nuestra forma de ser interior y exterior, es decir, cuando no concuerda el hacer con el decir y el pensar, entonces, nuestra actitud ante la vida es tan irracional que genera rechazo. Naturalmente, el ser humano es gregario y por eso es importante trabajar en nuestra imagen, identidad e integridad.

Ésta es la única idea interesante que rescaté de Imagen cool (editorial Grijalbo), escrito por Álvaro Gordoa, consultor de imagen. Al parecer, también hermano de uno de los consultores de imagen más reconocidos de México, Víctor Gordoa (ver más en www.imagenpublica.com.mx).

Si no conoce el libro, querido lector (no me sorprendería), podría imaginar cualquiera de los Quiúbole de Gaby Vargas y Jordi Rosado. Es del tipo, pues. Y ya con eso, de entrada le dije mucho.

Se preguntará entonces, ¿por qué leí una cosa de estas? Bueno, la respuesta aún no la conozco bien… haciendo un esfuerzo para descifrar el misterio (en la vida hay misterios de esta calaña), llegué a concluir aventuradamente: mi interés por el libro residió en su atractivo diseño y en el discurso (un tanto engañoso) de promoción en la portada.

Con solo verlo, imaginé una especie de manual para diseñadores gráficos, pero, cuando decidí tomarlo entre mis manos y atendí con detenimiento la portada y contraportada, me encontré con una sugestiva invitación: “Manual de imagen para todos los cools, los que se hacen los cools y los que quieren ser cools (…) Tú no decides si eres cool o no… Eso es algo que deciden los demás. ¡Este libro te facilitará las cosas!”. ¿Me imagina en pose de loser, muy decidido a llevarme y leer semejante libraco? En fin, insisto, la vida tiene misterios de esta calaña…

Le di al autor la oportunidad y comencé entusiasta la lectura. Finalmente se trataba de un libro para adolescentes y, como tal, el lenguaje no podía ser menos ligerito, amable y hasta divertido. O, como un sabio compañero de clase en la universidad decía, es un libro, más bien, chistosito.

Abordaré algunos aspectos buenos y malos del libro según avancé mi lectura y, sobre la marcha, iré haciendo algunas observaciones.

Antes de continuar, debo advertir que no terminé de leer el libro (me bastó con hojearlo a partir de la segunda mitad). Me dejó totalmente indignado, ofendido, cansado y decepcionado. Por lo tanto, deberá tomarse TODAS las precauciones ante la subjetividad de esta reseña-ensayo. Si luego de hacerme el favor de leer (y disculpar todas las molestias), sigue interesado en conocer el libro, adelante, dese de topes por su propia cuenta.

La siguiente información es para bibliófilos, por lo tanto, podría no interesarle. Como ya dije, el diseño editorial es atractivo. Parece estar impreso en papel bond a todo color y con un diseño grafico impecable. Las pastas son color blanco mate y, llevan impresa la portada, contraportada y lomo, con tinta brillante. Es decir, el libro reluce.

Debo reconocer el “intento” del autor por desarrollar la primera mitad del texto basado en la investigación, para así definir y sustentar, por medio de argumentos más o menos bien elaborados, el significado de “lo cool” y “ser cool” (haga énfasis en la palabra “intento”):

Cada generación piensa que lo realmente cool es algo exclusivo de su realidad y que únicamente ellos conocen y entienden; que fue fundado en SU tiempo, en el club de jazz de los 50, el festival hippie de los 60, la disco de los 70, el video-bar ochentero, el rave de los noventa o el antro al que tú vas. Entonces, exactamente, ¿qué es cool? Bueno, la pregunta es difícil de responder en diferentes niveles; lo que debemos empezar a hacer es aceptar lo cool como un fenómeno que podemos reconocer cuando lo vemos.
“Si bien lo cool, tal y como hoy lo conocemos, tiene a lo mucho unos 50 años, en mis estudios encontré referencias al término desde en la Biblia o las cortes renacentistas, hasta en las antiguas civilizaciones del oeste africano; siendo estas últimas las más interesantes para el estudio de lo que hoy nosotros entendemos como cool.
“Especialmente la civilización Yoruba, quienes utilizaban la palabra itutu de la misma forma en que hoy utilizamos la palabra cool. Itutu significa autenticidad en el carácter, habilidad para evitar disputas o conflictos y gracia ante los demás… (…)

“El cool moderno representa la adaptación y supervivencia de estas actitudes transportadas a Europa, y especialmente a América, por el comercio de esclavos. En esos días ser cool era parte de una mentalidad para sobrevivir, un mecanismo de defensa para lidiar con la continua explotación y discriminación. Si un esclavo se dejaba llevar por sus instintos y rebelaba su rabia le iba en friega, por lo que más la valía mantenerse cool. Además, esta forma de ser les daba identidad, convirtiéndose en un estilo de vida que les daba aceptación y pertenencia.
“De esta historia podemos sacar dos conclusiones fundamentales para entender lo cool:
“Primero, que ser cool tiene dos funciones principales: suprimir nuestros instintos negativos y lograr aceptación grupal mediante un estilo personal.
“Segundo, que una de las características principales de lo cool es la tolerancia. Durante el libro veremos la importancia del respeto y dejar a los demás “ser”[1].

Me surgió aquí una pregunta: ¿entonces, para ser cool hay que dejar de ser como somos porque eso no está cool para los demás? Tal vez, a estas primeras alturas del libro fue muy reaccionario preguntar algo así porque el autor apenas intenta dilucidar al respecto. Sin embargo, convino mantener en el aire la cuestión, más adelante se entenderá por qué.

Anoté medio punto a favor del material en cuanto a promover la tolerancia como característica primordial de ser cool. Pero, pensemos un poco, ¿no resulta un tanto contradictoria la idea, contrapuesta con la primera conclusión sobre las características de lo cool? ¿Si para ser cool es necesario suprimir nuestros instintos negativos para lograr la aceptación de los otros, una persona que simplemente no se preocupe por suprimir ninguno de sus aspectos, será un individuo no grato o no cool y, por lo tanto, así la persona cool deja de ser tolerante frente al “la forma de ser” del otro? Reflexionémoslo… ¿no es esto, finalmente, una forma eufemística de discriminación y auto-discriminación?

Y así como esta, encontré un montón de contradicciones entre las observaciones menos graves sobre la composición del discurso de Imagen cool. Analizar el discurso, aunque sea superficialmente, se me convirtió en el único beneficio de leer éste libro. Razón que da existencia a esta reseña-ensayo.

Veamos, pues. Muy al inicio del texto, en autor invita:

Lee pensando que nada de lo que se dice aquí es regla, que nada de lo que aquí se te recomienda es obligación”[2].

Para contradecirse unas páginas después:

Una regla de oro es que para ser cool lo primero que tienes que hacer es parecer cool…”[3].

¡Demonios! ¡No sólo hay que ser cool, sino también hay que parecer cool!

Si me limitase a cuestionar superficialmente estos planteamientos contradictorios, dejaría de lado un asunto muy importante, medular, diría yo, en la consistencia discursiva: el deber ser del individuo cool. Detendré a este nivel la desfragmentación textual y el análisis retórico; únicamente consideraré de manera especial la problemática y peligrosidad en la reproducción y difusión del mensaje. Y, es que hablarle a un adolescente sobre “las formas convenientes o positivas de ser”, fácilmente puede transformarse en “las formas (positivas o negativas) del deber ser”, dejando completamente de lado la diversidad como característica humana y promoviendo de manera testaruda un estilo de vida frívolo y superficial.

Ahora, pensándolo mejor, tal vez esa idea, además de las ya expresadas, me desató el interés por el libro. Creí posible la existencia de un libro capaz de abordar la moda, la imagen personal, el comportamiento humano, la diversidad de identidades y los beneficios del trabajo de autoestima individual. ¡Oh, desilusión! Sin ánimos de justificar lo malos que son, los Quiúbole cuidan al menos la consistencia del discurso y se preocupan por sustentar sus argumentos con datos comprobables.

También al inicio del texto, Gordoa avisa que el lector podrá encontrar, a lo largo del libro, referencias  a películas, programas de televisión y, sobre todo, hacia la música. “A mí me crió MTV. Y los personajes que ahí aparecían marcaron de manera importante mi manera de ser y de pensar”[4]. No sé cómo no cerré el libro entonces… Será que siempre le doy más de una oportunidad a los libros…

Para comprender mejor la serie de juicios que hago sobre el libro, vale la pena entender, según la investigación realizada por Gordoa, el significado de “ser cool“:

Cuando Lincoln, que era bastante cool, en 1865 prohíbe  la esclavitud, esta nueva forma de ser y de comportarse se queda muy arraigada en la cultura afroamericana, y comienza a expresarse en la forma de vestir, de hablar, de moverse, de comportarse y, por supuesto, en la música, creándose una gran variedad de géneros musicales como el jazz, el soul y el blues.
“Si bien la esclavitud había sido abolida (…), el racismo y la diferencia de clases continuaron muy grueso en la primera mitad del siglo pasado, y una diversión de los blancos en la década de los 20 y los 30 era ir a los clubes de jazz a chupar, bailar y a que los negros los entretuvieran. (…)
“A principios de los 40, una nueva generación de músicos de jazz, hartos de tocar música fácil para que los blancos bailaran, se rebela y comienza a experimentar con un nuevo estilo llamado “bebop”, que era demasiado rápido para que los blancos pudieran bailarlo (…)

“Este nuevo estilo al que después se denominó “Modern Jazz” tenía más aspiraciones que entretener o sólo tocar música, buscaba dejarse llevar por el instinto, rebelarse contra las reglas, y tocar y comportarse sin ninguna razón y análisis; ¿se acuerdan de que una de las principales funciones del cool era suprimir los instintos negativos? Estos músicos comenzaron a llevar una vida muy heavy, se metían de todo, y casi casi para pertenecer a su grupo, en tu currículum tenía que decir que eras adicto a la heroína. (…)
“En respuesta a esto surge una nueva escuela, una generación que le vuelve a bajar el ritmo al bebop y que toma una actitud relajada, una forma de ser auténtica y alejada de los problemas; a esta nueva escuela se le denominó “Cool School” o “Cool Jazz”, siendo su principal exponente Miles Davis, como puede verse en su disco de 1949 Birth fo the Cool o El Nacimiento del Cool.
“¿Pero de dónde surge el término? Bueno, se dice que cuando estos clubes de jazz se llenaban, el aire era irrespirable debido al humo de los puros y cigarros, al sudor y al aperre en general; por lo que puertas y ventanas tenían que abrirse para dejar entrar algo de aire fresco o “Cool Air”.
“Cool, por lo tanto, se empezó a utilizar para referirse a cualquier músico o visitante de estos clubes de jazz que adoptaba este estilo y tenía una nueva forma de vida agradable para los demás. (…)[5]

Entonces, ¿qué cosa es “ser cool“? Retomaré la idea inicial de esta reseña-ensayo: actitud y concordancia entre las cosas que hacemos, decimos y pensamos. Éste fue el mensaje con que me vendieron Imagen cool, pero no es, en absoluto, el discurso que reproduce y desarrolla.

Desde mi punto de vista “ser cool” es la forma positiva en que te presentas ante el mundo, de tal manera que generas aceptación y nutres una buena reputación ante la percepción social. Es, desde la teoría comunicativa, una excelente estrategia de reconocimiento del individuo, que podría traducirse en la obtención de diferentes beneficios: desde simbólicos hasta materiales. Y esta “forma positiva de ser”, se conjuga a partir de la mezcla entre el pensar, hacer y decir, de tal manera que construimos un todo coherente.

Imagen cool promueve inicialmente esta idea, de manera (ya lo decía antes), más o menos argumentada. El gran problema del material es que interrumpe el desarrollo de ésta primera idea para concentrarse en “el deber ser cool“. ¿Cómo debe verse una persona para ser cool? ¿Qué debe hacer una persona para ser cool? ¿Cuándo una persona deja de ser cool? ¿Cómo podemos saber si ya somos cools? Todas esas dudas y más, en efecto, se resuelven por medio de, nada más y nada menos, que una serie de test tipo ERES y un sinfín de consejitos sobre lo que está in o out, ¡claro!, bajo el único modelo: Hollywood. Es decir, lo cool deja de ser una simpática filosofía sobre la naturaleza del comportamiento diverso del ser humano, para convertirse en el imperativo del “deber ser” Brad Pitt, Britney Spears, o Johnny Knoxville.

En ese sentido, Imagen cool es el libro más cool, si reducimos la concepción de ese calificativo, al significado ofrecido por el libro mismo. Es decir, en forma e imagen, el libro cumple de manera prodigiosa con el objetivo de atraer el interés y agrado del lector, pero sus contradicciones y falta de sustentabilidad, lo convierten después en un ente que, más bien y, aplicando la jerga utilizada por el autor mismo, “se hace el cool” y termina por transfigurar una idea muy buena, en algo detestable.

Decálogo para se cool y no morir en el intento

Voy a citar a continuación una serie de ideas que Gordoa plantea, de tal forma que se construya un “Decálogo para ser cool y no morir en el intento” y desarrolle después algunas opiniones al respecto. Pero antes, debo hacer una aclaración. Como el título del libro comentado indica, lo más lógico es que, en él, se desarrolle el tema de la imagen personal y su retórica (forma, envoltura, apariencia, etc.). Y sí, eso hace el libro. No miente si se quiere ver de esa manera. Lo malo es que primero te venda una idea menos frívola y luego te acomode un recetario perfecto para convertirte en miss simpatía. Hecha la aclaración, procedo:

El peor pecado de lo cool es ¡autoproclamarse cool!”[6]. “El principal riesgo de esta nueva forma de ser: hacerse el cool”[7].

Con estas primeras dos ideas, ¿no ya se dio en la torre solito?

Hacernos los cools es disfrazarnos para lograr una ‘aceptación´ momentánea, que seguramente cambiará por falta de constancia y porque es

evidente ante los demás que únicamente nos estamos ‘haciendo los cools´, lo que es contraproducente pues seremos catalogados como losers[8].

Este libro hace exactamente eso, hacerse el cool, presentándose con un disfraz de lo más interesante y agradable, pero contradiciéndose a cada paso. Me pregunto, ¿será también una regla del “Decálogo para ser cool y no morir en el intento”, que un loser jamás podrá instruirte sobre cómo ser cool? ¿Necesito decir algo más o podemos simplemente soltarnos a la carcajada?

…nosotros no somos dueños de nuestra imagen; aunque te suene injusto, nuestra imagen vive en la cabeza de los demás y se convierte en nuestra identidad (…) Los estímulos [el autor habla de estímulos visuales y verbales[9]] son todas las cosas que hacemos que impactarán los sentidos de quien nos percibe; si controlamos los estímulos, controlamos la percepción; y si controlamos la percepción, controlamos nuestra imagen”[10].

Esta cita ejemplifica perfecto la peligrosidad de reproducir este tipo de discursos, especialmente cuando van dirigidos a los adolescentes. ¿Cómo que no somos dueños de nuestra propia imagen? ¡Claro que lo somos! Tanto lo somos que, si no, Gordoa no tuviera trabajo.

De lo que no somos dueños es de la percepción que otros puedan hacerse de nosotros, ahí sí le doy la razón. Pero vuelve la contradicción, ¿por qué primero dice que la imagen personal no nos pertenece y luego que podemos controlarla si controlamos la percepción que los otros tienen sobre ella? Total, ¿es o no nuestra? Y, por si fuera poco, asegura que la percepción pública es un fenómeno controlable… Mmm, más bien diría yo que es conducible, manejable, más no un fenómeno comunicativo capaz de sujetarse al control absoluto.

…el requisito indispensable para poder hacer una imagen es el respeto absoluto de la esencia, por lo tanto ésta debe existir y reconocerse. Es por esto que una creación de una imagen pública no es un acto superficial, frívolo, materialista o falseado…”[11].

Como idea no es mala, aunque, desde mi punto de vista no deja de ser otro “intento” por solidificar el discurso inicial… pero no bastan tres renglones para desarrollar una idea tan importante. Si dedicas la mitad del libro para hablar de los colores de ropa que mejor le van a tu piel, ¿por qué no dedicarle unas páginas sustanciosas al desarrollo de una idea poderosa que terminaría de hacer coherente la unión entre forma y fondo, es decir, entre apariencia y esencia personal?

Ahora ¡agárrese!

La mayoría de nuestras decisiones se basan en sentimientos (…)  A esta forma rápida de tomar decisiones sin necesidad de pasar por la conciencia se le llama intuición; intuición que puede interpretar una realidad emocional en un instante emitiendo opiniones que nos indican la mejor forma de actual frente a un estímulo. (…) Así también podremos nosotros sacar provecho de los sentimientos de nuestras audiencias: diríjanse al corazón y no al cerebro de las personas…[12]

¿Cómo le quedó el ojo, lector? Lo que dice Gordoa es completamente cierto. Estas ideas son muy aplicadas, sobre todo, en las estrategias publicitarias o mercadotécnicas y, ¡claro!, ¿cómo no iban a aplicarse en la construcción de la imagen cool? Al final se trata de que nos compren, ¿cierto?, de que nos quieran por cools. Porque los seres humanos eso somos, productos, ¿qué no? Somos cosas que DEBEN ser lindas, agradables, deseables, buena onda, brillantes, coloridas, higiénicas, perfectas… nunca un individuo diverso y complejo… ¿Le suenan las contradicciones discursivas?

Hoy eres cool… mañana quién sabe, por lo que exige una constante vigilancia y cuidado de la Imagen Cool. (…) Cría fama y ponte a trabajar todos los días por conservarla”[13].

O sea, si quieres ser un top product, nunca dejes de preocuparte por gustarle a los demás, si no, estás prácticamente muerto, eres indeseable, desagradable, un loser, eres Britney Spears. ¡Ay, nanita!

No hay cosas buenas ni malas [en los terrenos de la Imagen Cool] sino lo que debe ser”.

Es decir, no te preocupes por ser juzgado. No importa si las cosas que haces son buenas o malas (signifique lo que signifique bueno y malo según la moralidad), lo importante es que hagas cosas que te mantengan siendo cool ante los otros, en ese sentido, la imagen cool es completamente relativa. ¡Bien, Gordoa! Conoces perfecto las necesidades del público lector juvenil mexicano y no temes los efectos negativos del manejo discursivo (porque no los conoces). ¡Al pueblo: pan y circo, a todo lo demás puede llevárselo la rechingada! ¿Esto no le suena, queridísimo lector, a la ley mediática que dice “no importa qué hablen de ti, siempre y cuando sigan hablando de ti”?

Para efectos de entender mejor lo peligrosa que es esta última idea de Gordoa, citaré un ejemplo que él mismo utiliza, Jackass: un programa de televisión en que un grupo de “jóvenes” hace una sarta de estupideces que atentan contra sus vidas para hacerse los cools. Dice Gordoa:

La única diferencia es que Johnny Knoxville y compañía hicieron de hacerse los cools una forma de vida constante que los hizo millonarios, lo que finalmente los transformó en cools”[14].

Entonces, jóvenes mexicanos, clávense desnudos en las aguas negras del Canal de Chalco, injieran cantidades industriales de alcohol hasta quedar inconscientes y luego vomiten en la cara de sus padres, perfórense las nalgas para unirlas una con otra, estréllense, a bordo de un carrito de súper mercado, en los jardines del Parque España… En fin, usen la imaginación y ¡que vivan los analfabetas funcionales!

Casi para finalizar este ensayo, que ya se hizo demasiado extenso, citaré un par de ideas más:

Cuando somos percibidos como cools logramos el mayor patrimonio que una persona puede tener: credibilidad. Una vez que nuestras audiencias nos creen, ya la hicimos; la única bronca es que, para que nos crean, primero nos la tenemos que creer nosotros…”[15]

Seguramente a esto se refería Gordoa cuando hablaba de “controlar la imagen propia”. ¡Uff! Qué difícil es plantearse la aceptación de las virtudes personales. En este punto estoy de acuerdo con el autor; a veces aceptamos con mayor facilidad nuestros defectos…

Estará de acuerdo conmigo, lector: para enfrentar un reto psicológico tan complejo como este, hace falta el desarrollo de todo un marco teórico, histórico y referencial que sustente ideas y logre que el receptor ideal modifique su actitud ante la vida, ¿cierto? Y si vemos el lado positivo de ésta iniciativa, en verdad es loable la causa y, aquella persona valiente y emprendedora que se anime a desarrollarla, se merece todo el respeto y admiración del mundo. Pero NO es el caso de Imagen Cool, aunque lo “intente”. Para muestra, basta un botón: cuando Gordoa quiso hacerme creer que era el turno de desarrollar la premisa con la que me vendió su libro, se limitó a usar un par de frases hechas como: “Tenemos que aceptarnos tal y como somos” y “No existen estilos buenos ni estilos malos”, para inmediatamente después ponerse a calificar “los tipos de personas”, basándose en una teoría fantasma (jamás referenciada, ver página 64) que cataloga a TODAS las personas en siete grupos diferentes.

A partir de ahí, el autor se dedica totalmente a impartir clases rápidas de cómo recortarse la barba, cómo inflar la pompi, cómo vestir según la ocasión, qué cortes de cabello utilizar y cómo maquillarse mejor, cuánto gastar en zapatos, cómo debe ser “un hombre” o “una mujer” (por respeto, querido lector, no extenderé mi escritura con lo terrorífico que me resultó el reforzamiento del estereotipo de género), cómo hacerse el nudo de la corbata, cómo rasurarse y por qué hacerlo, cómo oler rico y hasta qué marcas deben gustarte según tu estilo, etc., hasta llegar a desglosar los “protocolos” para “ser cool”.

¡Basta! Me dije a mí mismo y se lo digo al mundo. ¡No necesitamos ni queremos tanta mierda!

Allí tienen, pues.

Escribo esto, la neta, porque quisiera evitarle la pena de leer Imagen Cool a cuantas personas sea posible. Pero sé bien que la naturaleza humana nos obliga a cometer nuestros propios errores. Los dejo con una pregunta para reflexionar: ¿bajo estas circunstancias, vale la pena ser cool y, en verdad debemos vivir bajo el imperativo de ser cool?

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[1] Pág. 15-16.

[2] Pág. 11.

[3] Pág. 21.

[4] Pág. 12

[5] Pág. 16-18.

[6] Pág. 18.

[7] Pág. 21.

[8] Pág. 22.

[9] Según Gordoa, “los verbales se refieren a todo lo que decimos con palabras”, y los estímulos no verbales “incluyen todas las cosas que mandarán mensajes sin palabras”.

[10] Pág. 34.

[11] Pág. 37.

[12] Pág. 49-51.

[13] Pág. 52.

[14] Pág. 23.

[15] Pág. 59.

¿Por qué leer Sueños de Lot?

10 nov

Ganadora del más reciente Premio Nacional Efraín Huerta, Eve Gil, bajo una gasa de presentación moderada, invita a complacernos de un texto divertido e, incluso, a primera impresión, satisfactorio para cualquier ingenuo(a) y devoto(a) de las visitas al púlpito los domingos. Bajo un nombre efectivo, agrupa tres estupendos cuentos inspirados con la más exquisita de las musas: ¡Ahora nos toca a nosotras!  La mujer, disfrazada de otras tres, derrocha incansable talento e interminables y audaces pizcas de ironía, sobresaltos de altivez al delinear un modelo de fémina infinitamente más humano y real.

Sueños de Lot, se convierte desde su publicación, sin caer en panfletos feministas, en uno de los discursos más interesantes a la defensa del derecho a ejercer libremente la sexualidad de  la mujer, dejando atrás el yugo y vocación de saberla inexistente, imposible, impensable…

Inspirado por la extrovertida película de Bertolucci, “Last tango reloaded” demuestra, sin lugar a dudas, ser el cuento más aventurado y desfachatado de los tres. Sin dejar atrás un solo segundo la intensa y hasta romántica historia de Aguamarina y Cronopio en “Kundera dixit”, mi favorito por mostrar con maestría la fenomenología del “amor” a raíz de Internet; suceso extrañamente relegado por muchas personas en pleno siglo XXI. Y “Vocación de Electra”, fresco de un caso, me atrevo a llamar clásico, en toda relación amorosa experimentada por una mujer contemporánea.

Incisiva, sin perder el tono de mujer fatal, adornada no tan escrupulosamente por una prosa pulida y bien lograda, llena de AMOR (qué tipo de amor o cómo interpretarlo es lo difícil y retador), Eve Gil es definitivamente una autora capaz y valiente. Excelente opción de lectura para cualquiera, recomendada particularmente a lectores de criterios amplios, aventureros y nada pudorosos. El plus está en su extensión, breve, sin demérito alguno.

Nota: En el título original de este texto, las palabras “Sueños de Lot” están escritas en cursivas.

Sobre Los atrevidos de Marco Aurelio Carballo

9 nov

Como una ventana enorme de cristales transparentes entendí Los atrevidos. A través vislumbre uno de los escenarios más representativos de un círculo cultural hasta ahora lejano para mí. Hoy, Marco Aurelio Carballo forma parte de las grandes personalidades de mi biblioteca personal, no solo por la importancia de su trabajo como periodista cultural (que figurará para siempre en mi formación como un maravilloso ejemplo de disciplina periodística), sino también por permitirme estar más cerca de significativos personajes del mundo de la literatura, la música, el espectáculo, el cine y el mismo periodismo. Desde Susana Alexander, hasta Raúl Velasco, el libro se va como agua. Primero porque Carballo encuentra el punto de fusión exacto entre el dato duro y la narrativa, segundo por la maravillosa estructura original de publicación en prensa.

Tan pronto comprendí la dinámica del entrevistador de oficio en el libro, me dieron ganas de vivir otra vez la sensatez del duelo de inteligencias. Reí desde el principio hasta el fin, aunque la constante no es un principio de comicidad. En ese sentido, rescato la entrevista con Pedro Ferriz Santacruz y Susana Alexander. Por otra parte, clasificaré como excelentes tres “entrevistas”: María Felix, René Avilés Fabila y Luis Spota. La primera por la hazaña de escribirla sin haber tenido de frente a La Doña y, aún así mostrarla tal y como la imaginaba; la segunda por confirmarme la admiración que siento por el escritor. Esta entrevista me dejó conocer poquito más de mi Maestro, también provocó en mí una horrible sensación de incertidumbre: ¿qué sucederá con mi carrera profesional en los próximos 10 años? ¿Las circunstancias en las que vivo me permitirán llegar hasta donde mis sueños me guían? ¿Estoy en el camino correcto? Finalmente de la tercera rescato un par de citas padrísimas que tendré muy a la mano durante toda mi vida: “Moraleja: apuntar todo, guardar todo. Duermo con una libreta. A las dos de la mañana surge una idea, una frase. Despierto. La anoto. A veces se me olvida y hasta el día siguiente me doy cuenta de que apunté algo”.

“Creo que todo escritor es un maniático… Pero cuando uno tiene algo que decir lo dice, incluso en el centro de la plaza de toros. Cuando no, olvídese. Se puede estar horas con todo a su favor y no se escribe, y en medio del ruido puede crearse un vacío y escribir horas. Misterio. ¿Cómo se explica? Antes de emprenderlo uno quiere forzar la máquina y no funciona”.

“Todo escritor tiene que hacer un compromiso. No de partido. Nunca he pertenecido a ninguno. Pero eso no implica no asumir una postura”. “Si tiene algo que decir va a su casa, se sienta, se achata las nalgas y lo dice, y luego va al café. Somos un país de novelistas de primer capítulo. El día que escriba se va a acabar el mundo, dicen. Lo vengo oyendo hace cuarenta años. Van al café a pasar por ingeniosos. Esos señores no van a sentarse a la máquina a someterse a la esclavitud de la máquina. Se necesita aislamiento y trabajo. De otro modo no hay obra”. “La página de ayer pude haberla escrito mejor mañana”.

“…el periodismo nos ha dado la herramienta, el oficio, la disciplina, la capacidad de observación”. “Cualquier novelista, cualquier narrador sacará narraciones de sus vivencias”.

Jun07

Música para los ojos

9 nov

Estupendo ejemplo de lo que hasta ahora entiendo como periodismo cultural. Dionicio Morales deja ver en Música para los ojos, cuán apasionado puede ser al escribir sobre un tema provocador en el mundo del arte: la plástica. Recordaré esta lectura sobre todo por sus letras sobre Diego Rivera, por quien siento atracción, admiración y respeto. Debo hacer una observación acerca de cómo asimilé el texto completo, quedará escueto como eso, un simple comentario.

Aunque, sin duda la prosa del poeta es rica en figuras, obviamente diestra y en momentos encantadora, queda en mí solo una estela de eso. Como cuando una mujer de olores agradables pasa de lado y en el camino de su andar deja el aire de sus tacones, lo hueles, te gusta y desaparece.

Desaparece igual de rápido como llegó a tu nariz, tal vez porque no te interesan las mujeres o, particularmente esa mujer no te interesa, tal vez porque no la conoces. He de reconocer el trabajo del autor, arduo. Tantos personajes, tantos matices, tantas pinturas o esculturas, tantas entrevistas, tantos amigos. Me deja la idea cristalina de que para culminar el sueño de escribir un libro como el citado, hay que vivir plenamente nuestros objetivos, planes y metas.