Mi dulce amor:

Hoy amanecí extraño, te leí y fuí feliz:
pequé de soberbia y orgullo,
me creí, del mar, su hijo predilecto.
Me sentí hinchado, cual cormorán encendido,
como petirrojo deslumbrado.
Embriagado de amor por cada coma y tilde que me dedicas.

No hay mayor orgullo que saberme invicto en esta carrera,
por ser yo el primero en declararse derrocado, indefenso, desarmado…
y no hay mayor triunfo que esta dulce derrota.

Sabes? te sentí llegar, te soñé hace tiempo, te esperé sediento.
de alguna manera siempre supe que eras tú y nadie más que  tú
quién habría de romper todas las cadenas
de otros tiempos ya vividos, por otras vidas, en otros pueblos…

Nadie más que tú, quién habría de aplacar el dolor de miles de años de condena
en que encarnamos estrella y laguna, o el Sol y la Luna
el uno en el otro reflejado, el otro del uno enamorado
y sentenciados por nuestro destino, a nunca poder tocarnos

De locos se te hará escuchar, que supe de tí mucho antes de mi nacimiento…
que mi alma ha recorrido a través de las eras, distintas vidas en distintos cuerpos,
hasta llegar a las puertas de la tuya

De locos se te hará pensar, que nuestros destinos se hilaran juntos,
como tierna trenza de seda, mucho antes de nuestra propia existencia

De locos se te hara saber, que fuimos para el otro concebidos,
destinados al fin a encontrarnos, y de eso, hace ya tanto tiempo!

Te Amo
Raúl


En “Desorden de los factores”

Todo me sale al revés a pesar de mis buenas intenciones. La noche que me invade no sabe que es noche. La vida se me acaba sin entender de qué se trata. El mundo insiste en ser como es, no como yo quisiera. El desorden de los factores divide la multiplicación y suma una resta divisoria.”

En “El único tesoro”

La esperanza, por absurda que sea, triunfa siempre contra la experiencia abrumadora.”

En “Despoblación”

Entre tanta destrucción queda una parte edificante. En el zafarrancho general de la vida. En la guerra perpetua y la separación interminable, sobreviven, y nada puede ya borrarlos, el segundo de amor, el minuto de acuerdo, el instante de amistad. Basta para vivir agradecidos con esos nombres que no volveremos nunca a pronunciar.”

En “Museo del novelista o el porvenir de otra ilusión”

Escribió y escribió lo mejor que pudo. No compartió con nadie ni le hizo daño a nadie. Tuvo al menos la dicha de su trabajo. Su única ambición fue terminar algunas páginas que deben de haberle dado placer a muchas personas. Merece la más piadosa forma de repseto: el olvido.”

En “Un ritual”

El ritual cotidiano deja una enseñanza: la verdadera recompensa del trabajo es el placer que hay en intentar hacerlo bien, aun a sabiendas de que en poco tiempo nuestro esfuerzo será inútil y habrá que recomenzar a partir de cero.”

“Los versos de la calle”

Hay demasiados versos en el mundo. Como el canalla que engendra y abandona, echo a andar otro atajo aunque nadie lo exija ni lo espere. Los veo formarse indefensos y salir en busca de alguien que los resguarde. La inmensa mayoría les da la espalda. Cuando ellos se acercan las personas desvían la mirada y hacen como si los versos no existieran.
“En su desamparo los versos se drogan aspirando la Nada y se quedan inertes en la esquina. Algunos de dan valor para entrar en lugares públicos. Tampoco allí los toman en cuenta y el personal los expulsa de mala manera.
“Entonces suben los vagones del Metro e intentan pregonar su mercancía entre la hostilidad, el desprecio o cuando menos la indiferencia de los pasajeros. No les queda más remedio que entrar en las casas cuando nadie los ve y tratar de abrirse camino en los ojos, el oído y la mente de quienes no los han invadido.
“Cómo no vivirte agradecido si tú los recoges por un instante y los vuelves parte de tu voz interior, de tu respiración y el rítmico fluir de tu sangre. Al menos por esa noche los versos de la calle, los hijos de la inconsciencia y la intemperie, están a salvo. Mañana quién sabe. Sólo hay algo seguro: dentro de poco ellos también se habrán evaporado. Nuevas legiones atestarán las ciudades.”

En “La plegaria del alba”

Ayer no resucita. Lo que haya atrás no cuenta. Lo que vivimos ya no está. El amanecer nos entrega la primera hora y el primer ahora de otra vida. Lo único de verdad nuestro es el día que comienza.”


Mi paraíso

28Oct09

Raúl:

Desde que volví de Sevilla no he dejado de pensarte. De hecho, tu imagen no me abandona desde la noche en que te vi llegar a la estación de tren, montado en esa bicicleta deportiva que parecía más un blanco corcel vestido de luz.

Tal vez te parezca ridícula, pasada de cursi, la referencia del príncipe azul. Y, por más que intento traerme a la mente una comparación distinta, menos trillada, no puedo. Eres un sueño hecho realidad. Así te imaginé y, temí, muchísimo, no sabes cuánto, jamás encontrarte. ¡Qué afortunado soy!

Me perdía en ejercicios imaginativos, absurdos –según algunas personas menos soñadoras–, de pensar cómo habría de ser mi amor ideal. ¡Chale! Qué aburrido suena eso cuando se lee… Debe ser como tragarse una tarjeta amorosa, de esas de kiosco o tabaquería… En fin. Imaginaba cómo serías, y terminaba viéndote, tal cual eres: guapísimo, inteligente, divertido, creativo, alegre, honesto, cariñoso, pasional, cachondo, leal, algo loco, de sonrisa abrumadoramente sexy, PRECIOSO, hombre… Por eso me atreví a leerte el texto donde enlisto mis caprichos y me pregunto, ¿es mucho pedir?

Me parecía imposible la existencia de un ser tan hecho a mi gusto. Tan bello por fuera y por dentro. Algunos de mis amigos, al leer el texto aquél, me reclamaban el auto flagelo. “Y luego nos quejamos de por qué estamos solos”, me escribió Isela, por ejemplo.  Y me parecía aún más increíble que ese amor ideal pudiera fijarse en mí, corresponderme el deseo, la pasión, el amor.

Nos conocemos poco, es verdad. Pero mi corazón me dice que te conozco desde siempre… Hablar, estar, hacer el amor contigo, es como la continuación de una relación conocida, de un diálogo rico en sabores, deleitable cada vez, una conversación estable, conocida de sobra…

(Me voy a interrumpir un instante para advertirte: esta carta estará llena de lugares comunes, porque ahora no soy capaz de alejarlos. Soy el testimonio de cada frase trillada de amor. Pero quiero que leas estas líneas como el reflejo más próximo a la realidad de mis sentimientos, y no como frases hechas o lugares comunes, aunque lo sean.)

Me he convertido en lo más importante de tu vida, dices. Que te derrites por estar a mi lado. Me piensas día y noche y suspiras por mí entre pensamientos ajenos… y yo me estremezco, me pongo estúpido, absurdo. No logro hacer girar las tuercas de mi cabeza, echar a andar mis pensamientos con ritmo natural. Me quedo boquiabierto de saberte entusiasmado como yo, emocionado como yo, tan lleno de dicha como yo. Así me siento también, gachupín, perdidamente enamorado.

Ando sobre el suelo sin creer aún la cantidad de sentimientos gratos habitándome. Elevado, levitando y moviéndome por inercia, o por la fuerza misma del aire que me arrastra. Estoy envuelto de amor, de alegría… Así debe ser la felicidad, no de otra manera.

No me sorprende, en absoluto, lo acelerado de nuestro devenir amoroso. Pasan las cosas tal y como siempre imaginé, como siempre quise. Esta vez me siento familiarizado, no tengo miedo, reconozco el terreno por donde camino a tu lado: es mi paraíso.

Eres mi primera lluvia, mi primer amor de ida y vuelta, mi amado-amante: todo en uno, finalmente. He sufrido siempre de amores egoístas, lo sabes ya… por eso tus palabras y tus gestos, esa comunicación completa y establecida entre nosotros, me informa venturoso, fuera de peligro. Me aseguras, con el arqueo en tus cejas cuando me besas, un presente continuo de sabroso acontecer, de un compartir creativo, sano, productivo, ilusionado. Me pasa algo nuevo contigo. Por primera vez puedo bajar la guardia. ¿Sabes a lo que me refiero? No hace falta alertarse, esperar lo peor.

Cuando me tocas, miras, cantas, piensas, cuidas, logro sentirme complementado, querido, considerado. Me colmo de dicha. Traigo en el corazón una canasta rebosante de amaranto dulce, que se va tirando para dar y llenando al mismo tiempo para recibir. Soy una brisa de verano con olor a barba de tres días sin rasurar, a espalda ancha y pestañas rubias, chinas. Soy tu ritmo acompasado, de palmas y abanicos, de taconazos y chasquidos, de cantares en verso. Soy el sonido de un rasgar de cuerdas apretado, del castañeo. La pronunciación ahorrativa de tu español andaluz, tan hermoso.

El amor que me despiertas es totalmente inédito, porque está libre de temores, de vergüenzas, de incertidumbre. Toda la iniciativa ha sido tuya, amor. No me lo creo. Y me cela un poco saberme adelantado por tus te amo, tropezados en mi orejita, endulzados con tus besos, adornados con el rubor en tu rostro apenado y ese gesto tuyo de saberte derrotado, invadido nuevamente por un sentimiento virulento y arraigado.

Siento que he perdido en la carrera de anunciarnos nuestro amor. Y no sabes cuánto me alegra y cómo me place corresponderte desde la plaza de los derrotados, desde el segundo lugar, que por segundo y abrumado, será tuyo eternamente, y quedaré rendido siempre a ese momento, a esas dos palabras que terminan de darle sentido a mi existir.

Yo sabía que te quería, mucho antes de lo que puedas imaginar. En mí se germinaba un sentimiento potente, incluso antes de conocerte. Pero me lo guardé todo al inicio, porque siempre termino revolcado, rechazado por aprehensivo, evadido por abrir la boca antes de tiempo, por dejarme ir en el río de las pasiones. Me daba pánico pensar en la facilidad que tengo de echarlo todo a perder; guardé silencio.

¿Quién se iba a imaginar lo que pasó después? Todo ha sido mágico, seductor, armonioso, sensible, romántico, para chuparse los pinches dedos, carajo… Me da un poco de pena ponerme a escribir aquí esa maravilla: quizá puedo gastarla, destruirla, como he hecho tantas veces con otras de mis realidades llevadas al papel. No, esta vez no… Aquí le paro, además, porque no sé cómo se escribe, sin que suene creído, que me declaraste tu amor con dulzura y me hiciste sentir el más chulo de todos los hombres… Qué patán… Lo escribí de todas formas…

Quiero pasar el resto de mi vida contigo. Lo sé, es simple y claro. Y me hace ilusión pensar en ese presente continuo, transformado en vida hecha, en una foto donde algún paisaje de Monte Albán nos cobije las espaldas, donde nuestros rostros, un tanto quemados por el sol, transmitan la satisfacción de haber comido mole, bebido un buen mezcal y habernos jodido la cadera a puros ejercicios amorosos.

Mi corazón se acelera de pensar en que puedo enamorarte, no sólo de mí, sino de la música, gastronomía, el folklor, las costumbres, la magia espiritual y las tierras de mi querido país, que siempre ha sido más tuyo que mío. Me vuela la tapa de los sesos imaginarte a mi lado, del otro lado del charco, separado de esta vida primermundista que puedes no idolatrar, pero sí querer en gran medida… No me lo creo… ¡Qué afortunado soy! Pero, aunque eso me haga ilusión, en realidad no importa dónde ni cómo, sólo quiero estar contigo. Aquí, allá, qué más da.

Para finalizar estas palabras, mal acomodadas y tropezadas, que intentan informarte sobre cómo me tienes: atolondrado y feliz, escribo lo siguiente: cuando se trata de amor, cariño mío, siempre traigo a cuento alguna escena cursi de comedia americana. Y esta vez no será la excepción. Te dejo esta declaración, muy famosa, de la Roberts y Richard Gere en Novia fugitiva. Es la versión completa de la declaración que yo intenté hacerte, torpemente, alguno de los últimos días que pasé contigo.

No cierres los ojos. Esto pasa una vez en la vida y no querrás perdértelo. Así que pon atención. Te amo…
“Te garantizo que habrá épocas difíciles. Y te garantizo que en algún momento, uno de los dos, o los dos, querremos dejarlo todo. Pero también te garantizo, que si no te pido que seas mío, me arrepentiré durante el resto de mi vida, porque sé en lo más profundo de mi corazón, que eres el único para mí.”

¡Que lo sepa el mundo! Te lo digo así, alma mía, “me has convencido”.

Israel.

Raúl y yo




…todo lo cultural, cuando nos sofoca la vida, es de mi incumbencia…”

Hay todavía un tratado por escribir sobre el llanto de las mujeres; lo que uno cree una expresión de ternura es a veces una expresión de odio, y las más sinceras lágrimas suelen ser derramadas por mujeres que sólo se conmueven ante sí mismas.”

La experiencia me ha enseñado que personas sin ninguna cultura y normalmente incapaces de construir una frase, urgidas por el dolor dicen frases patéticas.”

…nuestra adhesión a la vida se mide por la intensidad de nuestras pasiones.”


El día de ayer fue muy emotivo. Extrañé no poder compartirlo con mi gente como lo hicieron algunos de mis compañeros. Pero les dejo un video y algunas fotos que son memoria de uno de los días más bonitos de mi vida.
Muchos me han tachado de cursi. De quinceañera emocionada. ¡Me importa un carajo! Sí, soy un cursi y parezco quinceañera emocionada…

Las fotos que siguen a este video, excepto las de grupo y las de las notas de los periódicos, corresponden a tres dos iglesias fernandinas del siglo XVII que fuimos a visitar después de la comida de inauguración. Son unos edificios realmente hermosos. Uno de ellos, del que hay más imágenes, fue recientemente restaurado. Fue utilizado durante la guerra civil como resguardo militar, y sufrió muchísimos daños, entre los mayores: un incendio que terminó prácticamente con todo allí. El trabajo de restauración es digno de aplaudir. Disfrútenlas.



Heriberto Yépez
9-Agosto-08

Olvida tu antivida. Escribe tal como eres. Vaivén de fiera verbal.

No intentes impresionar a nadie. Si te sorprendes queriendo impresionar, deseas un “estilo”. Escribir es buscar lo no literario. El estilo es miedo. Eugrafía. Microdictadura que te indica qué decir y qué no. Cómo. Cómo sí. Cómo no. El estilo es para escritores que desconocen su libertad. No te pre-ocupes de las estructuras. Las estructuras surgen a posteriori. No antes del texto.

“Prestructura” no: proceso. Deja, pues, que primero suceda una larga fase creativa, que se caracteriza por ser un flujo. No pienses demasiado. Suelta todo lo que tengas. No es tuyo. Regálalo.

Si escribes un ensayo, lanza una idea, estállala, haz una llama con ella, y cuando el incendio esté en su mejor brillo, pasa a otra idea, y enciende otro. Prosar quema.

Si escribes una novela, lo mismo, camarada. Haz que un ser, una acción, un ambiente, encienda, y ya que el fuego arrecie, sopla otro. Narrar reacciona en cadena.

Si escribes poesía, no tengo que explicarte nada. La poesía es la aceptación de todo lo que viene, sin edición de doxa, razón o unigramática. Es el idiomadaimon. Es la visión. Supera y acapara todo léxico. Caza de fragmentos metamórficos, versar pluriversa.

El ensayo: orgasmo del conocimiento. La novela: nuestra vida más intensa. La poesía: todo el cosmos en otro código.

No hay géneros: sólo ciencias incendiarias.

No hagas caso de lo que se dice acerca de la literatura. El 90 por ciento de las nociones de los escritores de segunda mano, críticos, editores, lectores y otros miedos, son apagafuegos. Escribir es un río ígneo, recuérdalo. Agua piromaniaca. Y no te envanezcas de logro alguno. Este método lo que busca es quitar al Yo de en medio. Dejar que a través suyo huracane viento. El método es no tener ningún mérito. Cada palabra: chamana.

Pero escribir no se trata de palabras aisladas. Se trata de un ritmo extenso.

Y cuando creas que esa fase creativa ha terminado —lo sabrás porque el flujo ya no es intenso— detente abruptamente, vacaciona, dale tiempo al texto. ¿Cuánto? No sé. No te conozco ni soy tu padre. Averígualo tú. Déjate guiar por tu quíntuple instinto.

Y entonces pasa a la otra fase. La fase analítica. Autocrítica. Ocúpate de detalles. Y visiones faltantes.

Percibe la corteza creada. Quita la paja. Intensifica epifanías flojas. Rastrea tus escotomas. Aclara. Obscurece. Emociónate con cada aspecto del texto emergente. Aplica aquí la herrería legada, pues es en este momento —no en el previo— donde alguna de esas gnosis puede ser útil. Y aprende de lo que hiciste para que en el siguiente librar (libro es verbo) todo salga de un solo golpe, desde el primer impulso, y escribas sin mentiras, sin trucos, sin consejos, sin escudos, sino tal como eres: animal antitético, temporal, imperfecto. Sin ningún mérito.


…hay sujetos lerdos, auténticos campeones en imbecilidad, que amasan fortunas inconmensurables, que se encumbran hasta la cima en el escalafón del poder, o que gozan de enorme popularidad y que nunca han pensado.”

…¿qué sentido tiene aprender a pensar? Ésta es, precisamente, la pregunta que hacen los que no piensan, lo que forman parte de la masa de seres humanos que se mueven por inercia y que, más que moverse, corren agitados tras el éxito, convencidos de que el éxito, y lo que conduzca a él, es lo único que vale la pena.”

Cuando toda la gente marcha en una misma dirección, cuando las palabras y los actos de la mayoría parecen apuntar hacia una misma meta, se produce una inercia social, una ideología que muy pocos revisan y de la que muy pocos se apartan, pues para ponerse a salvo de la corriente, hace falta pensar y, en el caso que nos ocupa, la creencia de que sólo el éxito vale, hace falta pensar –nada menos—en uno de los más graves asuntos: en el sentido de la vida.”

Quien se subsume en la corriente, quien imita, no sólo no piensa, sino que no quiere pensar: le basta con ver a los lados para descubrir a otros como él y para convencerse de que eso que lo rodea es lo normal y lo correcto.
“Para quienes no piensan sólo existe un camino y un único sentido: por donde vaya la mayoría.”

Pensar no es tranquilizador: provoca dudas, incertidumbre y a veces, inclusive, zozobra. Pensar hace que uno mire a los lados y que no halle fácilmente un compañero; pensar produce una sensación de soledad, pues el que piensa no puede confundirse considerando como compañía la mera presencia de los demás. Pensar nos aparta de la masa pues nos vuelve individuos y el individuo necesita de otros individuos para sentirse acompañado: no de otros que “piensen” como él, sino de otros que también piensen.”

El éxito por definición implica que no todos pueden alcanzarlo. Ahora bien, ¿qué pasa con la mayoría de quienes adopta el éxito como sentido exclusivo de la vida? Pasa que al no conquistarlo sufren como animales lo que no relativizaron como hombres; para que por haber puesto todas sus esperanzas en una misma canasta experimentan el fracaso y su vida como una bancarrota. La frustración es el demonio con el que se encuentran quienes no piensan.”

¿Cuál es el sentido de la vida? Es una pregunta que no admite una única respuesta, pues cualquier sentido puede darle sentido a la vida y, por ello, nadie, más que uno mismo, puede responderla en cada caso. No es el conocimiento, ni la santidad, ni el placer, ni el dinero, ni el arte, ni el éxito, es eso y más. Cada quien debe ponerle, luego de pensar, uno o varios o sucesivos sentidos a la vida.”

El fin del pensar puede ser, ciertamente, entender,  esto tal vez se logre; pero el propósito de pensar es humanizarse y esto no se completa nunca.”

…el pensar tiene, además del fin, de entender, un propósito que no se logra nunca de manera cabal: humanizarnos, y aquí podríamos introducir otro símil: pensar es como respirar, pues aunque ciertamente mantenernos pensando nos humaniza, nos da más holgura existencial, pues nos permite entender y relativizar, también con el pensar ocurre algo que es mas simple y más definitivo: si pensar es como respirar, entonces el que no piensa no sólo no se humaniza, sino que simple y llanamente no es un ser humano. Sé que esta afirmación suena grave, pero ¿qué pasa si una nota que se da como definitoria no se cumple? ¿Qué pasa si un triángulo no tiene tres ángulos; qué, si en el mar no hay agua; qué, si un kilogramo no pesa mil gramos? Pues ocurre, simple y sencillamente, que no serán ni triángulo, ni mar, ni kilo y, de igual manera, si un hombre no piensa, pues, no será hombre.
“¿Podremos admitir, sin más, la anterior conclusión o estamos obligados a repensarla, dada su gravedad?”

La crítica es esa modalidad de pensar por la que los valores llegan al mundo y, gracias a ello, éste se hace discernible: se presenta como un orden donde los seres se jerarquizan de lo mejor a lo peor, de lo bueno a lo malo, de lo bello a lo horrendo, de lo odiado a lo amado. Es por la crítica que las cosas se distinguen.
“Sin crítica  no habría valores y sin éstos no habría distinción, y sin distinción no habría manera de elegir: ¿entre qué erigiríamos si todo nos pareciera lo mismo? La crítica es también condición de posibilidad de la libertad, pues sin elección no hay libertad que valga. Es la pluralidad, no la mera miscelánea de objetos sino las cosas ordenadas según valores, lo que hace posible la libertad: cuando una cosa nos parece mejor que otra estamos ya ante la posibilidad de ser libres.”

…no hay regla general para inferir la diferencia, para encontrarla es preciso, en cada caso, pensar.”

Pensar y ser un inconforme son sólo don maneras de nombrar lo mismo.”

…criticar es, literalmente, poner en crisis; es descubrir las fisuras, las fallas de lo que intenta hacerse pasar por monolítico; es poner en duda la definitividad de lo que está delante, es atreverse a imaginarlo de otra forma; es subvertirlo con el no de la inconformidad, del pensar. Ningún producto humano ha conseguido mantenerse a salvo de la crítica: mantenerse ahistórico; todo se ha transformado por la actividad crítica del hombre.”

Podría creerse que los conformes no critican, que no se oponen, que no piensan; pero no es así: la intolerancia de los conformes es la manera como expresan su no, su preferencia: también ellos critican, aunque en su apreciación, lo que está a la mano, lo establecido, es preferible a lo que está más allá rodeado de incertidumbre. Los conformes se oponen al cambio; los inconformes a la permanencia, porque ser hombre es oponerse, usar el no en un sentido y otro.”

…no es la realidad la que nos da la razón, sino el amor que le tenemos a nuestra utopía, a nuestra irrealidad.”

La verdad –o su apariencia—es enemiga del pensar; la duda, en cambio, es el medio del pensar, su hábitat.”

La duda es ciertamente un no saber: un no saber qué hacer, un no saber a qué atenerse, un no saber de qué se trata; pero también es u estar hondamente preocupado por ese no saber.”

…la duda es ese abismo por el que se escapa la certeza que no mantenía ocupados y es también ese vacío que, más que ocuparnos, nos pre-ocupa. Nos llenamos de dudas o de abismo o, si se prefiere, extraviamos el sentido que llenaba nuestra vida.”

El juego es la prueba de que “el sentido dado” no nos colma, y es el modo como resolvemos el profundo sin-sentido de la existencia, pues, cuando no estamos esclavizados por las relaciones obligatorias, por la necesidad de sobrevivir, establecemos relaciones arbitrarias, nos damos un nuevo sentido: jugamos.”

El juego es la libertad de ocuparnos para no preocuparnos. Y, sin embargo, hay un juego que precisamente consiste en ocuparnos con la preocupación, en mantenernos preocupados, es el juego de pensar.”

¿Qué resonancia puede tener la pregunta “¿por qué soy?” para quienes están inmersos en un mundo retacado de sentido, sea obligatorio o lúdico? ¿Qué le dice esta pregunta a aquel que vive absorto en su mundo laboral donde todo es archi significativo: la sonrisa, el saludo o la indiferencia del jefe; la fecha de entrega de un trabajo; la pequeña intriga? ¿Qué importancia puede tener la pregunta sobre el sentido de la existencia en mitad del mundo doméstico con sus entretenimientos y desasosiegos cotidianos, con sus redes de afectos, con sus problemas grandes y pequeños? ¿Qué valor, en el mundo amoroso con sus entusiasmos y esa fuerza rejuvenecedora que hace que todo se reacomode en una nueva jerarquía? ¿Qué sonido, qué sabor puede tener nuestra pregunta en el mundo de la policía, en ese mundo con su intensidad, sus alianzas para alcanzar la cima, sus traiciones y sus crímenes?”

Las cosas siguen ahí tal y como son; lo que falta es nuestra valoración: el sentido que le atribuimos a las cosas.”

En la pura objetividad no hay valor ni sentido.”

Desembarrancarse por esta sima es pensar. Poner en duda el fundamento es pensar. Disolver las certezas que quisiéramos que nos sostuvieran es pensar.
“Pensar no constituye una experiencia agradable: fulmina los saberes y las creencias que dan seguridad, nos preocupa al llenarnos de dudas, alimenta la desesperanza y, por ello, nadie o casi nadie, quiere pensar.  Para la mayoría es preferible creer: si el pensar no garantiza que habremos de encontrar una verdad firme, si pensar angustia, disuelve el fundamento y provoca la sensación de caída en el abismo, entonces es mejor –si lo que se busca es la tranquilidad–, creer, convencerse, asirse a una certeza, estar en paz, resignado, sobre el piso seguro de un dogma: ¿para qué cortar la rama sobre la que tan cómodamente ensayamos nuestras piruetas? Sin embargo, así como no es voluntaria la caída en la duda, tampoco lo es en el pensar.”

¿Por qué existo? es la pregunta originaria del hombre, en el sentido de que es la pregunta que nos origina; no es la más antigua cronológicamente hablando, ni la más universal de las dudas; pero basta con que un miembro de una especie la formule realmente para hacer que esa especie, en pleno, dé un salto ontológico. Así, puede ser que las aves hayan vivido antes de que ninguna comenzara a volar; pero la primera que se lanzó al aire y se mantuvo en él abrió esa posibilidad para todas, las hizo existir como aves. ¿Por qué es tan especial la pregunta por el sentido de la existencia? Porque es la señal inequívoca de que un ser se ha extrañado de su ser al grado de que se pregunta por él. Es la señal de que en el ser ha aparecido un extraño: una parte del ser que se ha enrarecido pues pregunta por el sentido de su existencia; una parte del ser que no está ahí, sin más, sino que se separa y vuelve sobre sí, que re-flexiona, que piensa, aunque no llegue a nada: bastante hace ya con desgarrarse. El vuelo del ave no importa por la altura de la copa del árbol a la que puede remontarse, sino porque consigue levantarse de la tierra. El pensar no vale por sus frutos, sino porque desgarra el ser, porque engendra un extraño: un ser que no está ocupado, sino pre-ocupado por el sentido de su ser.
“Esta pre-ocupación, este extrañarse, este descubrirse extranjero del ser puede representarse con la palabra “horror” o con la palabra “angustia#; es, en todo caso, una vivencia terrible de la que queremos curarnos “para dormir tranquilos”, como decía Nietzsche, y por ello, una creencia religiosa, una verdad científica; pero también un enamoramiento de arrabal o el insensato anhelo de volvernos ricos, o incluso el trabajo ruin y mal pagado, que sólo sirve para reproducir –cada día más menguadas—nuestras fuerzas, pueden darnos una certeza o un sentido, cualquier cosa es buena para no sentir el vértigo de la extranjería de nuestro ser, para dejar de pensar: cualquier cosa es susceptible de volverse en el sentido de nuestra vida.
“Cualquier cosa con tal de no encararnos con lo que somos.”

¿De qué tenemos que distraernos o, mejor aún, de qué huimos cuando escapamos de nosotros mismos en cualquier dirección?”

¿Qué somos? Sueño, lo dijeron Shakespeare, Calderón de la Barca y Schopenhauer. Nada, lo han dicho Hegel, Heidegger y Sartre. Lo han dicho muchos antes y después, pero podría no haberlo dicho nadie. Si menciono aquí estos nombres es para que la afirmación no aparezca tan sola, tan aberrante, porque más allá de literaturas o de filosofías, eso es lo que descubrimos cuando nos encaramos a fondo con nosotros mismos: somos sueño, somos nada.”

Mientras sigamos vivos, el pasado es algo que está con nosotros: está presente en la memoria, se mantiene; aunque nuestra memoria lo deforme, lo adapte, lo mantenga vivo: vivo y por tanto cambiante. Pero nuestro pasado está no sólo en la memoria, también se mantiene en nuestro haber y se hace presente en cada uno de nuestros actos: es aquello que imprime nuestra identidad en lo que hacernos.”

Qué puede significar “antes” si no hay punto de referencia? ¿Qué significa “mañana” o “ayer” si o hay punto de referencia? ¿Qué significa “existir” o “estar presente” si no hay ante quien ser presente? La extinción de la humanidad traerá consigo el naufragio absoluto de todo aquello que la humanidad se representó. ¿Qué significará 2haber sido alguna vez” cuando no  haya ya significado ni haber ni ser? ¿Qué será haber sido alguna vez en la eternidad del universo?
“El paréntesis en que consistió nuestro tránsito por la existencia, nuestra vida y la historia de la humanidad, así como lo conocido será pura fantasmagoría, un sueño que se disolvió, ni más ni menos que nada. Esto es lo que nos horroriza de nuestra existencia; esto, el fondo que nos da qué pensar y lo que, simultáneamente, hace que la mayoría huya del pensar.
“Aunque en sentido estricto nadie huye, porque la caída en el pensar no es voluntaria como tampoco lo es el mantenerse en el no pensar. Ambas ocurren y no hay motivos para creer que una conducta sea más auténtica que la otra, por más que la humanidad se divida, por esta razón, en dos bandos irreconciliables: aquellos que caen en el pensar y los que se mantienen en el no pensar. Unos y otros se desprecian: unos a otros se gruñen, cada bloque por sus propias razones, cuando lo que debieran sentir los unos por los otros es un poco de compasión o de piedad. Pues unos y otros viven en el infierno, aunque sea en distinto departamentos del infierno. Porque la vida no es más placentera por no pensar, al contrario, los que forman este grupo suelen sufrir hasta el agotamiento o el suicidio por cualquier minucia.”
“La verdad es que ambos bandos sufren, pues, como para unos nada tiene sentido y para otros todo tiene muchísimo sentido, unos y otros viven agobiados, aunque en un caso el agobio lo produzca el absurdo y en el otro, la exagerada importancia que se atribuye a cualquier baratija. Así, la ausencia de sentido que se descubre pensando: la preocupación, y el ser prisionero del sentido –de esa máxima impotencia que, por no pensar, se atribuye a cualquier cosa–, la ocupación, nos conducen al mismo desenlace: al agobio.
“Por fortuna, el ser humano no es coherente: se distrae, se pierde, anda por el mundo sin preocuparse ni ocuparse y, por ello, con relativa frecuencia puede vivir libre del agobio que producen el sentido y el sinsentido. Unos juegan a que las cosas importan un poco (a que sí tienen sentido) y otros, a que no importan demasiado (a que no tienen sentido del todo). En esa zona, ajena al pensar y al no pensar, ahí donde no tenemos presentes el sentido ni el sinsentido, es donde la vida es visible, pues vivimos distraídos, sin darnos cuenta. En esos momentos sucede la felicidad y por ello nunca nos damos cuenta de que estamos en ella: la felicidad sólo ocurre cuando nos distraemos del pensar y del no pensar.”

La pregunta es el comienzo de la solución del problema.”

Heidegger (…) explica que toda pregunta con sentido debe tener un de qué preguntar y propone partir del preconcepto de ser: arrancar de ese significado vago, pero suficientemente elocuente, que tiene el término ser en cualquier enunciado.”

El valor de ser está en función del tipo de ente del que se afirma o se niega.”

Oigo en mi imaginación las sirenas de las ambulancias psiquiátricas y recuerdo al Husserl de las Meditaciones cartesianas que cambia el plural mayestático de la primera persona, el “nosotros”,  por el solitario “yo”; me lo imagino forcejeando dentro del solipsismo sin poder salir y sin atreverse a plantear la demencial y, sin embargo, consecuente pregunta que acabamos de hacer: ¿no seré Dios? ¿Un Dios estúpido que, ciertamente, sólo sabe que es?”

¿Seré Dios?, ¿cuáles son los impedimentos? Pensemos esto en serio: yo sólo que soy y que el resto es incierto. Entre esas incertidumbres y “opiniones recibidas”, como las llamaba Descartes, figuran muchos rasgos de Dios que me parece que no encuentro en mí, o sea, las notas que implica la perfección, esa larga retahíla de virtudes a las que se antepone el prefijo “omni”: omnipresente, omnisapiente, omnipotente… ¿Será verdad que en ningún sentido poseo esas notas? Hay un modo en que sí. Un modo estrictamente congruente con el hecho de que sólo yo soy: que sólo yo sea y yo sea cuento es. Porque, si sólo yo soy y soy cuanto existe, entonces soy omnipresente aunque sólo esté presente en mí: soy omnipresente porque, al no haber otro, yo basto y sobro para llenar cuanto hay.
“Y otro tanto ocurre con las demás notas: Si todo cuanto es que soy, y no hay nada más que se pueda saber, porque soy lo único que existe y mi existencia es todo cuanto puedo saber, entonces mi raquítico saber es la omnisapiencia. Si todo el poder se reduce a poder saber que soy, entonces soy omnipotente. ¿Qué otro poder, qué otro saber, qué otra presencia puede haber para quien sólo sabe que él es el único que es?”

¿Qué sigue de lo dicho? Una hermosa paradoja: soy Dios de acuerdo con la lógica tradicional; pero, quién sabe si sea Dios o, de plano, no soy Dios de acuerdo con las otras lógicas. Vuelvo por tanto al punto de partida: que soy, pero nada más: de lo demás no se sabe. Sólo que soy y ni siquiera si soy Dios.”

El pensar nos ha vuelto animales melancólicos y de allí que la gente prefiera no pensar, y de allí que a los inconformes no nos quede más remedio que pensar.”

Un personaje enorme de los seres humanos, hoy como siempre, no compromete el funcionamiento social; una cantidad inmensa de individuos no alteran nada: cumplen con su función y reproducen el estado de cosas: producen, consumen y se reproducen, en una palabra, viven. En medio de ellos –de entre ellos—surgen algunos individuos que se destacan; son los que tropiezan y se enzarzan contra el así se hace, el así se piensa y el así se juzga; son quienes quieren hacer otra cosa, quienes se atreven a pensar por su cuenta y a juzgar. Son los que aportan, los que cuestionan, los que inventan, los que reprueban, los que no están de acuerdo; son quienes con sus actos rompen el estatismo del funcionamiento social y desencadenan la historia. En suma, son aquellos gracias a los cuales la sociedad humana se distingue de los hormigueros.”

El deseo de inventar tropieza con otra suerte de estorbos, pues como no puede saberse bien a bien qué es lo que se desea, puesto que el objeto del deseo no existe todavía, el querer no tiene ni siquiera una brújula que lo oriente: es insatisfacción sin causa, inconformidad sin motivo que los demás no ven ni entienden. Es un querer que para los otros resulta aberrante y más que integrar, aunque sea en una lucha fratricida, exilia, aísla. ¿Quién va a querer lo que por no existir a nadie hace falta?, ¿quién va a apreciar lo que llega al mundo, en el caso de que se logre, sino aquel que sintió su ausencia como una grave falla del ser? Dspués, el desprecio puede cambiar y ocurrir lo que pasó a Cervantes: que lo que alguna vez no fue se convierta en elemento esencial de la cultura, en un factor sin el cual no seríamos lo que somos.
“Es el deseo puro, no el que sufraga faltas sino el que repara fallas, el que nos ha hecho históricos; es el deseo puro el que hace contar al individuo que no pesa; es este deseo el que muestra el verdadero poder humano: no el que avasalla, no el que vence con la fuerza de todo lo pesado, sino el poder de la creación, aquel que en cualquier campo de la actividad humana consigue traer lo nuevo aumentando así el haber del mundo.”

Quien aspire a ser feliz debe descerebrarse y aceptar la impotencia como fatalidad, recomienda la gente que, como los topos, sólo desea encontrar un hoyo para “pasársela bien”, para “estar contenta”. Pero para ser inquilino de ese hoyo hay que renunciar al pensar y a la autodeterminación. La condición de esa felicidad anémica es no darle a los problemas demasiadas vueltas y dejarse llevar por la corriente, que sea ésta la que nos haga dar de vueltas: ser dúctil como el agua, maleable como el agua y, como ella, no tener ningún color. Así se alcanza esa felicidad de la que gozan los fantasmas. ¿Enfantasmarse será la clave?, ¿plegarse será la clave? ¿Hacerse el muerto para poder vivir?”

¿No será que la muerte podrá servir para relativizar todo aquello que nos impide ser felices y que, gracias a ella, en vez de arrojarnos al barranco de la desgracia podemos aligerarnos, al grado de hacer posible la felicidad? Todo está mal, pero gracias a la muerte nada puede ser peor. Dura un rato, dice Nezahualcoyotl; pues bien, justo porque no dura más, se puede ser feliz; todo es vanidad, dice el Eclésiastés, entonces: qué risa da todo: ¡cuánto alivio! Lo grave sería lo contrario: dar a cualquier cosa una importancia mayúscula, sufrir por todo, que es lo que precisamente hacemos cuando no pensamos: cuando nos atormentan, como a Hamlet, los males menores.”

Es la esperanza la que engendra la pesadumbre, y mientras mayor sea mayor será el abatimiento.  Y ¿qué la esperanza? Uno espera cuando cree merecer; uno espera cuando se cree elegido, cundo sobreestima y se sobreestima: la esperanza surge de la soberbia.”

…a los inconformes no nos parece que este instante [la vida][1] sea poca cosa, no nos parece que esta magra oportunidad sea escasa; es todo, y, aunque sea un todo miserable comparado con la eternidad, para nosotros representa una ganancia infinita porque no esperábamos nada.”


[1] El corchete es mío.


Córdoba

03Oct09


Israel Pintor y Carla Hinojosa

¿Qué es el cuento?

Para mí el cuento es una experiencia de intensidad. Es un género adrenalínico porque no hay concesión, es una sacudida fuerte donde toca a lector descubrir su parte profunda.

El cuento es como un alka-seltzer; es algo comprimido que lentamente va soltando su efervescencia. Entonces el reto como escritor es poder hacer ese comprimido eficaz  que posea, además, una resonancia.

Como lector yo también le pido eso a los cuentos, que no me dejen indiferente, que se vuelvan entrañables, inolvidables y no es fácil. Uno lee muchos cuentos pero de repente encuentras uno y resulta que es una marca que se queda en la piel; la maravilla es la posibilidad de capas de lectura que posee.

¿Con qué otras voces de la cuentística te identificas o familiarizas?

Sin duda diré Rulfo, porque no puedo no decirlo; la música de sus textos, esta prosa tan exacta y musical, tan contenida me gusta mucho.

Me gustan el trabajo de mujeres como Elena Garro, Inés Arredondo, Guadalupe Dueñas  y Amparo Dávila, y las siento poco valoradas. Me gusta mucho José de la Colina; Gerardo de la Torre me parece que tiene mucho poder en la estructura de cuento porque maneja la técnica de manera impecable.

En los años 50 el cuento también se nutria de los autores norteamericanos, Poe, Fulkner, pero también de Chéjov y los demás rusos: siento que el nutrimento cuentístico de mi generación y la predecesora son los clásicos del siglo XIX y el cuento latinoamericano,  estamos hechos con ese vigor, con ese brío pero también con lo que sucedía en Estados Unidos.

En E.U. existe una gran tradición con el short store, porque viene de Poe y lo han labrado durante mucho tiempo. Podemos darnos cuenta cuando leemos a Hemingway y a muchas otras voces norteamericanas como las mujeres sureñas. Casualmente creo que hay un puente entre Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas y estas mujeres  como Carson McCulers, Leonora Weltin, Flannery O´Connor, porque hay una estética y percepción del mundo muy semejante.

Juan José Arreola me gusta por su estrategia, por su elegancia, siento que es un impecable constructor del cuento, pero la veta lírica me emociona más.

Siento que el cuento es muy vigoroso en México: en cada generación hay cuentistas notables y no todos se quedan cultivando el cuento, a veces lo abandonan. Sin embargo creo que sí hay cuentistas que valen la pena como Enrique Serna; Amores de segunda mano me parece extraordinario.

La mirada sarcástica, irónica, ya viene en autores como René Avilés, Francisco Hinojosa, Rosa Beltrán y Ana García Bergua, que seducen mi gusto igual que Beatriz Espejo, con su prosa elegante y sus temas, tan delicada y fina.

Siempre busco en los cuentos la existencia de una revelación, no por la estridencia de la anécdota sino por una emoción que se deja ver como en Chéjov, el gran maestro. Creo que Hernán Lara Zavala tiene algo chejoviano que me gusta.

Algunos jóvenes que me gustan y disfruto son Luis Felipe Lomelí y Alberto Chimal.

¿Qué diferencias encuentras de forma y fondo entre los cuentos clásicos y actuales mexicanos?

La generación de Gerardo de la Torre estaba más preocupada por las utopías que quería construir y  por las que se desmoronaban, por  mitos e ídolos, por cómo ese mundo se iba poblando y despoblando de ellos.

Aparece después el tratamiento con humor o humor negro como una búsqueda de salvación, de encarar algo que duele con una mirada distinta; tal vez esto se deba en gran medida porque los nuestros son tiempos de más desencanto, de mayor hedonismo e individualismo. Los proyectos políticos individuales o colectivos difícilmente son un tema que encuentras en los cuentistas actuales. El tema del amor y una relación ha sido una constante.

Me parece que una de las diferencias notables en la cuentística mexicana es “de lo rural a lo urbano”; casi no hay cuentos que estén desarrollados en ámbitos rurales porque México se volvió urbano.

Encontramos hoy muchos más temas que tienen que ver con las fronteras, aquellas relacionadas con la trasgresión de los límites y el cosmopolitismo, el sexo por ejemplo.

Los cuentos ya no necesariamente ocurren en México o son mexicanos en el extranjero. ¿En dónde soy extranjero? ¿Soy extranjero en la relación de pareja? ¿Soy extranjera en una situación ajena a mi cotidianeidad? Los cuentos ahora tienen que ver con lo cotidiano –exceptuando al cuento negro o policiaco- con la gente común y lo que a ellos les sucede.

¿Crees que el cuento mexicano clásico y actual se permea del contexto sociocultural en que fue escrito o se escribe?

Creo que toda la literatura pos revolucionaria ve al individuo en el centro: el individuo y sus flaquezas, sus grandezas. Sobre todo esta sensación de antihéroe que tiene el cuento, porque la historia no se desarrolla alrededor del fregón, normalmente se ubica con el marginal volviéndolo figura central. Creo que esto nos hace ver cómo las pequeñas desdichas son las grandes tragedias del hombre, no sólo de ese personaje, sino de la humanidad.

A pesar de que la estética en los cuentos de Arreola sea otra situación, no podemos ver en ellos un cuento social; él está mucho más preocupado por el hombre moderno.

Villoro habla de los personajes en su vida contemporánea, con sus pequeñas o grandes desolaciones  y sus pequeños o grandes esfuerzos por sobrevivir de la mejor manera.

Me aventuro a decir que el cuento es el que puede mirar con mayor claridad el absurdo de la existencia: cuando lees los cuentos de Serna, puedes ver una mirada crítica, pero no de denuncia.

Un ejemplo muy gráfico del absurdo es Rosa Beltrán con sus Amores que matan, libro que pone énfasis en nuestra preocupación por la imagen. Y es que ya vivimos un mundo preocupado por el éxito, la imagen, lo instantáneo, lo esotérico, la felicidad rápida, aún cuando nuestro anhelos siguen siendo los mismos aunque la forma haya cambiado.

Técnicamente hablando ¿La inmediatez que vivimos en prácticamente todos lados, ha hecho que los escritores actuales descuiden la forma respecto de los cuentistas clásicos?

Creo que el cuento es uno de los géneros más limpios. Un buen cuentista solo funciona si controla su texto, si lo sabe escribir, si amalgama el tono con el que está contando. Debe saber decir lo suficiente y detenerse a tiempo. En este sentido creo que el cuento es muy exigente y la calidad se ha mantenido. Con el cuento hay un compromiso artístico porque se está apostando a la revelación, a la sugerencia, no a la obviedad.

En el cuento se exploran formas que tienen que ver con los recursos de la palabra escrita. Por ejemplo, Francisco Hinojosa tiene un cuento que está numerado, él juega con el empaque sin perder de vista la estructura de ley; planteamiento, clímax y desenlace. Cada cuento pide su tono y su perspectiva.

Puedo afirmar que en el cuento es más difícil experimentar por su carácter canónico por ello difícilmente vemos mucho cuento experimental.

¿Los cuentistas actuales están más preocupados por tener un espacio en el campo literario, que por la calidad de sus cuentos?

Cuando llegas a las editoriales con cuento, te piden novela. El cuento es visto como el patito feo, con el cuento no ocurre el éxito editorial que sí con la novela.

Los espacios para publicar cuento son reducidos; algunas revistas o suplementos lo hacen pero con restricciones regularmente relacionadas con la brevedad.

Existe una tendencia a la brevedad pero también hay quien escribe cuentos muy largos, creo que esto coexiste. En el cuento está pasando de todo, aunque la brevedad es algo muy latinoamericano.

¿Notas algo diferente en la técnica que utilizaron los cuentistas clásicos respecto a la que utilizan los cuentistas actuales mexicanos?

Algo que veo es una posibilidad de entrar mucho más directamente. In media res. En medio de la acción. Narrar la acción sin pre-ámbulo. Creo que ahora el cuento tiene esta posibilidad de hibridar con los géneros periodísticos.

Empezar in media res es parte de una efectividad propia del siglo XX porque el marco del cuento se delimita; ahora el asunto, desde su momento más intenso, se ubica en el centro del cuento. Y aunque Rulfo ya utilizaba este recurso creo que los cuentistas actuales recurren al in media res permanentemente.

Esta idea me permite reafirmar que desde los 50 hasta nuestros días no observo grandes cambios técnicos: existen cambios de temas relacionados con el entorno en que vivimos, encuentro mucho menos preocupación por lo mexicano y mucha más capacidad de asimilar las tradiciones literarias de otras latitudes. Ahora existen más redes con las literaturas del mundo y esto nos permite conocer la gran cantidad de estilos que coexisten en este momento, por ello, no veo un rasgo técnico tajante.

Aunque, sí existe ahora una ironía de la mirada teñida por una búsqueda que nos permite sacar a los personajes de la soledad o a nosotros mismos: encontrar el sentido de la vida a través de una mirada poco solemne. Ahora somos capaces de reír de nuestras formas y fondos. Tal vez la ironía sea el sello de la época, no así la experimentación con recursos literarios para empacar el cuento.

¿Cuál fue el pretexto para escribir La sobremesa[1]?

Había hecho un viaje en el que crucé Canadá por tren en compañía de periodistas de gastronomía: siempre hablar de texturas, olores, formas, hablar de algo desconocido hizo que me fascinara por la gastronomía. Creo que es el mundo de la sensualidad.

Y mientras escribía artículos, quedó en mí un sentimiento que dio para este cuento.

En “La sobremesa” me interesaba plasmar al personaje que se dedica a experimentar sabores. Por otro lado, ella, la protagonista, tal vez sea mi azar,  mi reflejo, porque yo me subí a ese tren un poco por azar. El asunto de “La sobremesa” revela algo complejo; la necesidad de importarle a alguien.

Nota: Entrevista realizada una bella tarde del 2007, en el centro de Coyoacán, D.F.
Las preguntas realizadas en esta entrevista responden al interés que por entonces tenía sobre el cuento y, sirvieron como anexo de Los suyos y los nuestros, el cuento mexicano, exponentes y evolución, tesis de licenciatura con que me gradué.


[1] Cuento incluido en Uno no sabe, Plaza & Janés, 2003.




 

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