Cómo ser escritor

Un día lee que lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación suficiente puede escribir. Llégate a preguntar, inclusive, a qué te refieres exactamente cuando dices a los demás que escribes.

Aunque tú nunca has sentido la obligación de poner tus letras al servicio de la sociedad, te ha bastado con estudiar lo relativo al oficio y porque no tienes la certeza de encararlo con seriedad (principalmente porque te cuesta un huevo sentarte a escribir), a pesar de todo ello y de que sigues sin saber a ciencia cierta si tu corazón ha sanado, algo te dice que tu culo ocupa en este avión el lugar que debe llenar, sobre todo desde que el editor en México te hace llegar el correo electrónico donde promete que puedes tener allí una carrera literaria. ¿No es eso lo que deseas, por lo que trabajas y te mantienes vivo, la razón por la que aún estás en Sevilla, la razón por la que saliste de México? Qué irónica es la vida, piensa, ¿volver a México para tener allí lo que saliste buscando? Reconoce que tu dilema, aunque tormentoso, se resolverá unas horas después de que el avión aterrice y lo único que puedes hacer ahora es intentar relajarte y, si puede ser, dormir un rato. ¿Qué más se hace, si no, en un vuelo tan largo? Sobre todo si te comen los nervios por dentro. Convéncete de que estás allí, montado en ese avión que cruzará el Atlántico porque es absolutamente necesario conocer tu reacción.

[...]

Es curioso, atina, desde que escribes, signifique eso lo que tenga que significar, lo haces desde la desgracia, sumergido en un montón de boñiga apestosa. Lo que tú tienes no es un detector de mierda como del que habla Faulkner, todo tú eres una fosa séptica andante, sobre todo en lo que respecta al amor, que junto al sexo, descubre años después, es lo único que importa en la vida. Consuélate al menos con la idea de que uno no termina con la nariz rota por escribir mal o escribir mierda; al contrario, escribe porque se ha roto la nariz y está lleno de mierda y no tiene ningún lugar al que ir. Chéjov a la derecha del padre, amén. ¿Y consolarte así, sabiendo estas cosas te convierte en escritor?, pregúntate de pronto. Porque tú escribir, lo que se dice escribir… No eres lo que se dice disciplinado, probablemente es ahí donde se halla la causa de que escribir te sea tan difícil, pues el escritor necesita ejercer sobre sí mismo una vigilancia constante, que no se logra sin disciplina mental y emocional; y eso no es fácil.

Y tampoco es que seas tremendamente original. El tipo de narrativa que escribes ahora y con la que te empeñas en conformar una novela, la han hecho ya otros, grandes y magníficos escritores. Al menos ahora no vas por allí queriendo innovar como cuando haces la tesis de licenciatura con la que pretendes hallar los rasgos evolutivos del cuento para así proponer una transformación del género;  hoy te preocupa más hacer efectivo el supuesto dominio de los fundamentos de construcción y diseño narrativo. ¡Qué asco! ¡Qué pereza todo, maricón! Cánsate un poquito de tanta chaqueta mental.

Instagram: @mtzleidy

Working progress de la novela Cómo tú todo.

Lo que te importa

De esas veces en las que te importa un pepino lo que está en el escenario y tu atención está completamente volcada sobre la barra y la siguiente Shandy, o sobre algunos detalles en el decorado retro del bar, sobre un detalle en concreto de tu estado de ánimo, sobre una persona en concreto, sobre el movimiento tosco de sus manos, el recorte fresco de su barba, su total indiferencia. De esas veces en las que no importa lo que sale en la foto, sino quién la toma.

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En un concierto de Rock&Roll sevillano.

Minientrada

Algo raro

He dedicado prácticamente todo el día a escribir el sexto capítulo de mi segunda novela y me pasó algo rarísimo. No he conseguido avanzar mucho, creo que me agobio demasiado a mí mismo y si no estoy plenamente convencido de dar un paso simplemente no lo doy. Error. Ya lo sé. Pero me pasa con frecuencia. Sin embargo hoy he disfrutado mucho cada palabra, cada hora que mi aplastado culo ha soportado el peso de mi cuerpo desde primera hora de la mañana. Y eso es lo raro. Últimamente escribir me producía un agobio tremendo, me llenaba de tensión. Sigo inspirándome en la mierda interior pero he comenzado a reírme de mí mismo con más ahínco, sin pudor. Me estoy dejando confiar en que mi mente ha hecho carnes las lecturas de los últimos años, en que hallaré la forma y sabré equilibrar el contenido como estoy haciendo ya, de hecho. Es raro, ya me estaba acostumbrado a sufrir.

Liebster award: mis nominados son…

Ayer, mientras leía un rato en la Red House del centro y me bebía un rico capuchino, me llegó una notificación de Facebook que me hizo sonreír. Una de mis alumnas del Taller de Escritura Creativa: Isabel Pérez, me ha nominado para el Liebster Award, un premio para blogueros con poca audiencia, de origen alemán si no me equivoco. Estos premios literarios, que no son otra cosa que una cadena de reconocimientos entre colegas que se leen y se animan a seguir escribiendo me hizo pensar en lo importante que puede ser para una persona el reconocimiento social. Una persona puede dedicarse a escribir, o a cocinar muffins de chocolate, no importa a qué, y puede ser muy bueno en su labor. Pero sin duda pondrá muchísima más atención y dedicación a su escritura o la hechura de unos panquecitos si alguien le dice: “¡Qué bien! Quiero leer más”, o “Qué rico. Dame otro… ¡ya!”. Y esa atención agregada tiene como consecuencia la inevitable mejoría de lo producido. Escribirá mejor, cocinará mejores muffins.

Habrán cocineros expertos que piensen que han probado mejor repostería o críticos literarios, de esos especializados en juzgarlo todo usando la palabra “mierda”. Pero, ¿saben qué? Da igual. Eso da totalmente igual. Porque la razón siempre la tendrá quien siga comiendo esos panqués ricos o siga leyendo esos textos apasionados. Mis ideas no significan, por supuesto, que una persona no debiera superarse a sí misma, crecer, ser el mejor escritor o repostero que pueda. Lo único que digo es: cuando una persona recibe unas palabras de aliento, de reconocimiento por que gusta lo que hace, dicha persona, a partir de ese momento, procurará hacerlo todavía mejor.

Gracias, querida Isabel, por la nominación, me emocioné sin poderlo evitar.

Ahora bien. Las reglas de este juego son simples y divertidas. Se trata de mencionar y agradecer a la persona que te nominó, cosa que ya hice arriba, y luego responder a una serie de preguntas que te hace (lo haré a continuación). Posteriormente debo nominar a otros blogueros que, considero, deberían recibir el reconocimiento y finalmente hacerles una serie de preguntas que habrán de responder en un post como este dentro de sus respectivos blogs.

Voy a usar ahora un lenguaje más propio de púbero porque así me siento frente a este juego: ¡qué súpermegadiver es esto! Es igualito que los chismógrafos de la primaria donde todos ponían que su cantante favorito (porque estaba de moda entonces) era Enrique Iglesias, o que preferían un happy meal en Mc´Donalds en lugar de unos tacos al pastor en cualquier taquería del barrio. O sea, que uno se enteraba de los rasgos de personalidad de la banda leyendo sus respuestas… Era como entrar por un instante en la parte más íntima de sus cerebros. Se sentía muy parecido a lo que se siente hoy cuando se ver un reality show por televisión. En fin, allá voy.

Las preguntas de Isabel

1. ¿Qué es lo primero que recuerdas haber leído?

Un libro de cuentos de los hermanos Grimm, ilustrado divinamente. Era grande y blanco, una edición de pastas duras que hojeaba mucho antes de ir a la cama. A veces no lo leía, sólo veía las ilustraciones y con eso me bastaba. Pero de tanto hojearlo un día terminé por leer.

2. ¿Y lo último?

Estoy leyendo ahora De qué hablo cuando hablo de correr, de Murakami. Y es que llevo una temporada haciendo footing, enganchadísimo; lo estoy leyendo también porque escribo un capítulo de mi segunda novela que va de perder peso corriendo.

3. Un libro que simplemente no hayas podido terminar.

Puff. Varios, es que hay libros que no merecen la pena. Yo fui un lector disciplinado, me leía todo el libro aunque no me gustara tanto. Pero conforme he ido creciendo me he vuelto más pasota y no doy tregua a los libros que me aburren. Si no disfruto la lectura cierro el libro, aunque me queden pocas páginas por terminar o haya comenzado apenas. Me pasó, por ejemplo, con El arte de amar de Erich Fromm.

4. ¿Tiene verdadero sentido un blog hoy, con el auge de las redes sociales?

Tengo una prima, se llama Daniela, soy muy fan de mi prima porque tiene una personalidad muy cargada de ironía y sarcasmo. Es inteligente, siempre lo ha sido. Tendrá quince o dieciséis años. Daniela tiene un perfil en Facebook y no tiene un blog. Pues bien, creo que si Daniela se abriera un blog en lugar de publicar sus frases ingeniosas en Facebook, conseguiría tener un registro de sus textos un poquito menos fugaz. Aunque en teoría todo lo que publiques en Facebook permanecerá allí a menos de que lo quites, el acceso a los contenidos que Dani produce, localizándolos a través de buscadores como Google, es imposible. Es decir, ahora mismo sólo pueden leerla sus amigos de Facebook.

Lo que yo digo es que a esa niña merecen leerla muchas personas, no sólo unos cuantos amigos en Facebook. Y un blog le permitiría conectar con mucha más gente y dar a conocer su trabajo de un modo más amplio y no perecedero. Pero nada de esto será importante para Daniela si Daniela no escribe esas frases ingeniosas pensando en un lector o teniendo la intención de comunicarse a través de la escritura con otras personas del mundo que no estén entre sus amigos de Facebook, independientemente de que las publique allí o en otro lado.

Un blog, en ese sentido, es más útil para quien tiene vocación de comunicador, es decir, para quien tiene cosas que decirle al mundo y no sólo a unas cuantas personas. Las redes sociales son una especie de megáfono que, dependiendo de qué tan guapo sea el gatito en turno o qué tan gracioso sea el vídeo donde un tipo tropieza, permitirá que el contenido allí compartido sea conocido, sobre todo, por personas más afines. Yo no contemplo ya el uno sin el otro. A mí Facebook me sirve, entre muchas otras cosas, para difundir los contenidos de mi blog. Pero bueno, muchas otras personas prefieren construirse granjas o darse toques… Una de las cosas que se pueden hacer en Facebook que me resultan idiotas, por cierto. ¿Por qué darle un toque a una persona? ¡Escríbele!

5. Si crearas otro blog que no fuese sobre escritura/literatura, ¿de qué hablaría?

Tal vez de música, pero no de música en plan reseñista de discos indie o algo parecido. Hablaría únicamente de la música que a mí me gusta, sin importar el género. Pero más allá de hablar sobre esa música, hablaría de por qué me gusta y por qué la escucho tanto.

6. ¿Tu madre (o cualquier pariente cercano que piense que eres muy listo/a y muy guapo/a) lee tu blog? (Y si lo hace, ¿qué opina?)

Ningún integrante de mi familia lee mi blog o ha leído, por cuenta propia, algo que yo haya escrito. Cuando empezaba a escribir solía torturar a mis padres. Ellos estaban viendo la tele, como cualquier padre sensato que tiene un hijo que aspira a convertirse en escritor, y yo iba y me les plantaba enfrente con veinte páginas sin corregir del cuento en que estaba trabajando. ¿Lo leo y me dicen qué opinan?, les preguntaba. Siempre me escuchaban, pero estoy seguro de que más de una vez habrían preferido no hacerlo.

7. Escribir: ordenador vs papel y bolígrafo.

Ordenador, siempre. Tumbo letras a la velocidad de la luz. Y esa velocidad se acerca un poquito a la velocidad en que mis pensamientos fluyen. Por eso soy incapaz de escribir un cuento o una novela a mano, aunque suelo tomar muchísimas notas.

8. ¿Hay algún libro que no le perdonas al autor por haber escrito antes que tú?

No. Pero tengo que reconocer que cuando leí por primera vez a Xavier Velasco o a Luis Zapata (mexicanos los dos) pensé que si existiera un modo de robarles su sentido del humor lo haría sin escrúpulos.

9. ¿Escribes siempre en el mismo sitio? ¿Dónde?

Escribo donde pueda. Regularmente tengo que buscarme un hueco en la agenda para poderme sentar a escribir. Por eso he tenido que aprender a adaptarme y escribo donde caiga, donde pueda. Alguna vez he tenido que escribir, aislado en un escritorio pequeño del salón en casa de mis padres, mientras se celebraba allí una fiesta familiar. Casi tuve que ponerme un letrero en la espalda para recordarles a todos lo importante que era ignorar por completo al encorvado y antipático Israel, quien en lugar de celebrar junto a la familia prefería sentarse allí solo a escribir sabrá Dios qué.

10. ¿Algún texto tuyo por el que sientas más cariño irracional de lo normal?

Hace unos años ya me encapriché con un cuento. Se llama “A primera vista”, creo que está publicado en este blog y todo. No es un cariño irracional lo que sentí por ese cuento. Es que pasé demasiado tiempo con él. Fue de mis primeros textos y, bueno, me pasó eso que suele pasar a todo escritor en ciernes: estaba enamorado de mi creación.

11. Por último: ¿POR QUÉ (todo)?

Y, ¿por qué no? Porque sí. Porque lo digo yo. Por favor, también.

Nominados

Objetos perdidos, de Carlos Castro Rincón.

Mi mundo descalzo, de Eduardo Parody.

Vida de perra, de Blanca Izquierdo.

Siempre amanece después de la tormenta, de Reyes Lerate.

Almudena López Molina

Bernabé Bulnes Gómez

A tres tintas, donde escribe escribe Ana de Haro.

Bunker84, de Joel Flores.

El baúl de Bego, de Bego Guerrero.

Nomino también a Noemí Vallecillos, Rodolfo Garrotín, Raimundo Lion y Ana Llorca, a través del blog del Taller de Escritura Creativa de Sevilla, porque los autores no tienen blog personal pero han publicado allí textos maravillosos.

 Mis preguntas

  1. ¿Quién desearías que te leyera alguna vez?
  2. ¿Cómo te imaginas los gestos de los lectores que te han leído alguna vez?
  3. Un día despiertas y ya no eres tú, eres tu mascota y tu mascota está en tu cuerpo. ¿Qué haces para recuperar tu cuerpo?
  4. Si pudieras elegir tener un súper poder, ¿cuál sería?
  5. ¿A qué le tienes miedo?
  6. Enlista, por lo menos, tres placeres culposos.
  7. ¿A qué autor has leído siempre y por qué?
  8. ¿Cuáles son los tres libros que cambiaron tu vida?
  9. Un huevo y una cuchara sopera van al cine. Al huevo le gusta la chuchara. ¿Cómo se la liga?
  10. ¿Qué cosa de este mundo tiene el poder de siempre hacerte reír?
  11. ¿Qué libro no debería leer nadie?

Y así todo. Que se lo pasen igual de bien que yo. Estaré atento de sus próximos posts.

Cómo escribir una novela

Siéntate frente al ordenador y mira al cursor parpadear sobre la hoja de Word. Muérdete los labios. ¿Una pitonisa sabría leer el futuro de mi novela?, ¿podría ver en su bola de cristal cómo será, la historia que contará? Ve a la cocina y mordisquea una manzana.

Reconócelo, no sabes apenas nada de esa cosa prosística y grosera que tercamente llamas novela, aunque sea entre susurros. Lo único que sabes es que la escribirás tú, nadie más. Tú, que a veces pareces más una invención y otras una representación de la realidad extratextual. Tú, un mexicano viviendo en Sevilla, un tipo simple que carga salsa chipotle en un tupperware cuando sale a comer a restaurantes porque nunca nadie tiene pique. Tú, que escribes desde el dolor, la soledad, el miedo y la vergüenza, desde donde no es agradable escribir, desde donde no te gusta escribir pero no tienes más remedio. Tú, que empujado por una fuerza imposible de combatir insistes en construir varias tramas que constituyan una sola, una mayor, la que quizá termine por formar no sólo la novela, sino tu vida. Tú, que te resignas a contar desde el desorden, sin rumbo fijo, avergonzado por la imperante necesidad de extirpar la mierda que llevas dentro. ―¿Será ―pregúntate― que se puede escribir una novela desde la absoluta incertidumbre, desde la más absoluta anarquía prosística, y al mismo tiempo acariciarse uno mismo la cabeza con la ternura de una madre, sin mandarse a callar por piedad literaria, por el bien de los lectores o por la dignidad de la historia artística del mundo? ¿Será que se puede vivir teniendo los pies en Sevilla, la cabeza en México y el corazón sabrá Dios dónde, que se puede al menos respirar sin tener a cada instante la certeza de cuánto dinero queda en el banco y a qué hora vas a despertar mañana?

Imagina que se publica y vas a recoger unos cuantos ejemplares. Sales luego a la calle y lees el título: Manual de instrucciones para el fracaso o, Cómo tú todo o, Cómo tú lo haces todo o simplemente Manual de instrucciones. Sonríes pero inmediatamente un par de preguntas fastidian el júbilo: ¿qué pensará mi ex cuando lea todo esto?, ¿qué mis maestros de literatura?, ¿y mis padres, mis amigos? Deseas no haberlo escrito.

Termina de comerte la manzana y deja los restos sobre la mesita para el café. Mírala allí sola y ridícula, reducida y deforme como las ideas que tienes para escribir una novela, absurdas y oxidadas como el deseo de no haber escrito un libro que no has escrito aún. Deja de contemplar la hoja en blanco de Word. Pon unas lavadoras, compra huevos y cereales, mayonesa, CocaCola. Pregúntate, ¿me olvidará México algún día, lo olvidaré? Cena fuerte, duerme y a la mañana siguiente ve a trabajar a la editorial.

la foto

Se llama Rojito y nos llevamos re bien.

Fragmento del primer capítulo de mi nueva novela (working progress).

Cita

El guardián entre el centeno, J. D. Salinger

“—[...] Esta caída que te anuncio es de un tipo muy especial, terrible. Es de aquellas en que al que cae no se le permite llegar nunca al fondo. Sigue cayendo y cayendo indefinidamente. Es la clase de c
aída que acecha a los hombres que en algún momento de su vida han buscado en su entorno algo que éste no podía proporcionarles, o al menos así lo creyeron ellos. En todo caso dejaron de buscar. De hecho, abandonaron la búsqueda antes de iniciarla siquiera. ¿Me sigues?
—Sí, señor.
—¿Estás seguro?
—Sí.”

[...]

“—Esto es lo que dijo: «Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella».”

[...]

“—Creo que un día de estos —dijo—, averiguarás qué es lo que quieres. Y entonces tendrás que aplicarte a ello inmediatamente. No podrás perder ni un solo minuto. Eso sería un lujo que no podrás permitirte.”

[...]

“—Y sé que esto no va a gustarte nada —continuó—, pero en cuanto descubras qué es lo que quieres, lo primero que tendrás que hacer será tomarte en serio el colegio. No te quedará otro remedio. Te guste o no, lo cierto es que eres estudiante. Amas el conocimiento. Y creo que una vez que hayas dejado atrás las clases de expresión oral y a todos esos Vicens…
—Vinson —le dije. Se había equivocado de nombre, pero no debí interrumpirle.
—Bueno, lo mismo da. Una vez que los dejes atrás, comenzarás a acercarte, si ése es tu deseo y tu esperanza, a un tipo de conocimiento muy querido de tu corazón. Entre otras cosas, verás que no eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te animará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía.”

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Natalia Lafourcade, live from Madrid, 2013

El pasado 25 de julio Natalia Lafourcade presentó en el Café Berlín de Madrid “Mujer divina”, su disco homenaje al compositor mexicano Agustín Lara. Hacía cuatro años que no iba a un concierto de esta chiquita. Ya la extrañaba mucho. Sigo su música desde sus inicios y estoy completamente seguro de que dejará huella en la historia musical mexicana. Disfruta del concierto casi completo y si quieres decárgalo gratis.